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Ecuador: primer ensayo de la guerra autónoma

La experiencia latinoamericana demuestra que las innovaciones doctrinales suelen difundirse más rápido que los controles democráticos destinados a limitar sus excesos, Ecuador representa el primer ensayo visible de esta nueva doctrina.

Desde hace varios meses, las Fuerzas Armadas de Ecuador, apoyadas por un importante donativo estadounidense, están utilizando drones para buscar, localizar, identificar y neutralizar células del crimen organizado.

Esta campaña con drones militares está relacionada con otro elemento importante reciente: La creación en abril de este año del Southcom Autonomous Warfare Command (SAWC) que pasó prácticamente desapercibida fuera de los círculos militares estadounidenses.

El anuncio del Comando Sur sugiere el inicio de una transformación doctrinal con implicaciones potencialmente profundas para América Latina, una región donde Washington parece dispuesto a ensayar la integración de sistemas autónomos, drones e inteligencia artificial en operaciones de seguridad interior.

Ecuador, convertido en uno de los primeros receptores visibles de esta estrategia, ofrece una ventana para observar hacia dónde podría evolucionar el paradigma hemisférico de seguridad en las próximas décadas.

La hipótesis de que América Latina se está convirtiendo en un laboratorio estratégico para la guerra autónoma requiere una precisión importante. No existe evidencia documental que demuestre que Washington haya designado formalmente a la región como un espacio experimental. Pero sí existen hechos verificables que apuntan en esa dirección.

El Comando Sur anunció que el nuevo SAWC tendrá la misión de integrar capacidades autónomas en operaciones que abarcan desde el fondo del mar hasta el espacio y el ciberespacio, y que trabajará estrechamente con los países socios de la región. 

Al mismo tiempo, el Departamento de Defensa acelera una inversión multimillonaria en sistemas autónomos y drones, mientras incorpora las lecciones obtenidas en Ucrania, donde las plataformas comerciales modificadas se han convertido en un elemento central del combate contemporáneo.

No existe evidencia documental que demuestre que Washington haya designado formalmente a la región como un espacio experimental. Pero sí existen hechos verificables que apuntan en esa dirección

En este contexto, Ecuador ocupa una posición singular. El país, por donde transita aproximadamente el 70 por ciento de la cocaína que llega a los mercados internacionales, declaró en enero de 2024 un conflicto armado interno y adoptó una narrativa de guerra para enfrentar a las organizaciones criminales.

Durante una visita del secretario de Estado Marco Rubio, Washington anunció una asistencia cercana a los 20 millones de dólares para reforzar las capacidades ecuatorianas, de los cuales seis millones estarían destinados específicamente a drones para la Armada ecuatoriana.

Paralelamente, Estados Unidos ha designado a grupos como Los Choneros y Los Lobos como organizaciones terroristas extranjeras, una clasificación que aproxima el combate al narcotráfico a la lógica de la guerra contra el terrorismo.

Los drones DJI Matrice 30T adquiridos por Ecuador forman parte de una familia de sistemas comerciales que adquirieron notoriedad en la guerra de Ucrania. Equipados con cámaras térmicas, sensores y telémetros láser, estos dispositivos permiten ampliar las capacidades de vigilancia y seguimiento sin exponer directamente al personal en zonas de alto riesgo.

El denominado "efecto Ucrania" está produciendo una migración de tecnologías originalmente concebidas para escenarios militares hacia operaciones de seguridad pública y combate al crimen organizado.

La promesa tecnológica puede ser seductora para gobiernos latinoamericanos dispuestos a aliarse con Estados Unidos para luchar contra los cárteles y el resto del crimen organizado. Los drones permiten comprimir el ciclo de identificación, localización y neutralización de objetivos. Extienden la vigilancia a espacios selváticos y marítimos históricamente aprovechados por las redes criminales.

Reducen los riesgos para los agentes y ofrecen una imagen de precisión y eficiencia que resulta políticamente atractiva. Sin embargo, la experiencia internacional demuestra que la superioridad tecnológica no elimina los problemas fundamentales asociados a la inteligencia humana, la interpretación jurídica y la identificación de objetivos.

La ilusión de precisión puede convertirse rápidamente en una fuente de legitimidad erosionada. La experiencia estadounidense en Afganistán y Yemen mostró que los sistemas de vigilancia más sofisticados continúan dependiendo de información humana imperfecta.

Los drones DJI Matrice 30T adquiridos por Ecuador forman parte de una familia de sistemas comerciales que adquirieron notoriedad en la guerra de Ucrania

Los errores de identificación, los daños colaterales y la opacidad en la cadena de decisiones no desaparecen por el hecho de incorporar nuevas plataformas. El problema central sigue siendo político y jurídico, no tecnológico.

La evolución actual recuerda otros momentos históricos de transferencia doctrinal estadounidense hacia América Latina. A comienzos del siglo XXI, el Plan Colombia se convirtió en el gran laboratorio hemisférico de la guerra contra las drogas. 

Más de diez mil millones de dólares en asistencia estadounidense permitieron desarrollar capacidades de inteligencia aérea, vigilancia electrónica y operaciones especiales que posteriormente influirían en otros países.

En México, la Iniciativa Mérida reprodujo parte de ese modelo con una asistencia cercana a los tres mil millones de dólares y la incorporación de drones Predator para tareas de vigilancia. 

Hoy, la guerra autónoma parece representar una nueva generación de esa misma lógica.

Pero la dimensión tecnológica introduce un elemento adicional: la dependencia. América Latina carece de una industria propia comparable a la estadounidense, china o israelí en materia de sensores, inteligencia artificial, software y sistemas autónomos. 

Los drones, sus componentes y las infraestructuras que permiten operarlos dependen de cadenas globales de suministro y de plataformas desarrolladas fuera de la región.

Los sistemas de navegación del Matrice 30T utilizan señales GPS estadounidenses, Galileo europeo, BeiDou chino y GLONASS ruso. 

Esta dependencia plantea interrogantes sobre la soberanía tecnológica y la capacidad de los países latinoamericanos para controlar realmente las herramientas que incorporan.

Detrás de esta transformación también aparecen poderosos intereses industriales. Empresas como Anduril, Palantir, Shield AI y General Atomics participan en la expansión del mercado de sistemas autónomos impulsada por el Pentágono.

El programa Collaborative Combat Aircraft contempla miles de drones y miles de millones de dólares en inversiones. La guerra autónoma genera tanto una nueva doctrina militar como un negocio cuya expansión económica se ve favorecida por la existencia de nuevos escenarios de aplicación y por aliados interesados en adquirir estas tecnologías.

Los drones, sus componentes y las infraestructuras que permiten operarlos dependen de cadenas globales de suministro y de plataformas desarrolladas fuera de la región

Desde esta perspectiva, Ecuador podría representar algo más que un caso aislado.

 La combinación de financiamiento estadounidense, transferencia tecnológica, nuevas categorías jurídicas asociadas al terrorismo y cooperación militar sugiere la aparición de un modelo que podría extenderse a otros países de la región.

La frontera entre la guerra y la seguridad pública se vuelve cada vez más difusa. Las lecciones de Ucrania, diseñadas originalmente para enfrentar ejércitos convencionales, comienzan a trasladarse al combate contra organizaciones criminales y actores no estatales.

Sin embargo, la velocidad con que las tecnologías militares comienzan a incorporarse a la seguridad pública contrasta con la lentitud con que evolucionan los mecanismos de supervisión y rendición de cuentas.

La experiencia latinoamericana demuestra que las innovaciones doctrinales suelen difundirse más rápido que los controles democráticos destinados a limitar sus excesos. 

Si Ecuador representa el primer ensayo visible de esta nueva doctrina, el reto principal que tendrá la región estará ubicado en la responsabilidad: quién responderá por sus errores y quién controlará las tecnologías y las doctrinas que definirán las guerras del siglo XXI en América Latina.

https://www.diario-red.com/articulo/ecuador/ecuador-primer-ensayo-guerra-autonoma/20260624040333071837.html

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