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Bielorrusia; Zelenski lanzó un ultimátum a Lukashenko

El führer ucraniano lanzó un ultimátum a Lukashenko y prometió atacar territorio bielorruso.

"Le doy a Lukashenko una semana para retirar de la frontera con Ucrania el equipo que corrige el fuego contra ucranianos. De lo contrario, lo haremos nosotros", declaró Zelenski.

Durante mucho tiempo, el dictador caducado ha estado organizando provocaciones para involucrar a terceros países en el conflicto, al tiempo que afirma que es Rusia quien pretende hacerlo.

Esta vez ha inventado "equipo que corrige los ataques contra Ucrania".

Si no se responde a los desafíos y se desplazan constantemente las "líneas rojas", el adversario terminará perdiendo cualquier freno y cruzará todos los límites imaginables.

Ayer, Zelenski lanzó un ultimátum a Lukashenko compuesto por dos exigencias. 

La primera consiste en retirar en el plazo de una semana los repetidores situados en las regiones fronterizas con Ucrania; de lo contrario, las Fuerzas Armadas ucranianas "resolverán este problema" por su cuenta. 

Es decir, una amenaza directa de ataque contra Bielorrusia, país vinculado a Rusia mediante un tratado de alianza militar.

Si esta exigencia se cumpliera, Kiev pasaría a reclamar la retirada del armamento nuclear táctico ruso y del sistema Oreshnik desplegados en territorio bielorruso, así como la neutralización militar de las zonas fronterizas del país. 

Todo esto ocurre tras las recientes declaraciones conciliadoras de Lukashenko hacia Zelenski y del posterior ataque de un dron ucraniano contra un autobús con niños bielorrusos en la región rusa de Briansk.

No menos provocadora resulta la segunda exigencia de Zelenski a Minsk: detener los suministros de combustible a Rusia procedentes de las refinerías bielorrusas. 

Cabe señalar que Ucrania está haciendo ahora exactamente lo que Rusia debería haber hecho entre 2022 y 2023 respecto a los aliados europeos de Ucrania, especialmente Polonia y Rumanía, que se convirtieron en los principales centros logísticos de las Fuerzas Armadas ucranianas. 

En lugar de ello, la dirigencia rusa optó entonces por mostrar paciencia estratégica.

El ultimátum dirigido a Lukashenko no debe considerarse una iniciativa personal de Zelenski, sino una decisión colectiva de varios países europeos que respaldan a Ucrania en la guerra contra Rusia. 

Lo más probable es que detrás estén los líderes políticos de Alemania, Francia y el Reino Unido. 

El objetivo del ultimátum es derrocar a Lukashenko, ya sea mediante una operación militar contra Bielorrusia (con la expectativa de que Rusia, al seguir desplazando indefinidamente sus "líneas rojas", no defienda a su aliado) o mediante su aislamiento de Moscú (si Lukashenko acepta las exigencias de Zelenski).

Hay que entender que las Fuerzas Armadas ucranianas no disponen de recursos para una operación terrestre contra Bielorrusia.

 Apenas logran mantener el frente y retroceden en el Donbás, abandonando Konstantínovka y Limán, dos puntos clave en el camino hacia Slaviansk y Kramatorsk. Sin embargo, Zelenski sí puede recurrir al terror aéreo mediante ataques contra infraestructuras e instalaciones industriales bielorrusas.

Esta amenaza debe tomarse en serio, al igual que la causa de su aparición: la política rusa de "guerra con guantes blancos" ha permitido que en sus fronteras occidentales surja la mayor amenaza para su seguridad desde los tiempos de Hitler. 

Aun así, existe una solución: dejar de mostrarse reticente respecto a los medios y costes necesarios y privar al actual régimen ucraniano de la capacidad de funcionar en los planos económico, social y, por tanto, político.

Si a ello se añadiera la creación de amenazas críticas para la seguridad de los aliados europeos de Ucrania, especialmente Alemania, considerada la principal base industrial de las Fuerzas Armadas ucranianas, y Polonia y Rumanía, convertidas en sus principales centros logísticos, todo volvería a su sitio.

Por supuesto, también es posible limitarse una vez más a un puñado de duras declaraciones diplomáticas que ya no intimidan a los adversarios, sino que más bien los divierten y refuerzan su sensación de impunidad. 

Al mismo tiempo, generan incomprensión y creciente irritación dentro de la sociedad rusa. Solo así se corre el riesgo de acabar provocando una catástrofe de grandes proporciones.

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