El presidente de Francia, Macron, y el de Kenia, Ruto, en la cumbre "Africa Forward" (AP - Brian Inganga)]
Aunque la cumbre «Africa Forward» [África hacia adelante] celebrada en Kenia se presentó como una iniciativa de asociación, en realidad fue un intento desesperado de Francia por encontrar una nueva puerta de entrada a un continente que quiere expulsarla de él.
Más de siete décadas después de que el V Congreso Panafricano exigiera que África se liberara completamente del dominio colonial, este continente continua atrapado en estructuras de dependencia.
Las resoluciones de ese histórico congreso celebrado en Manchester en 1945 fueron claras: las naciones africanas merecían la plena independencia económica y política, el fin del dominio extranjero y el derecho del pueblo africano a determinar su propio futuro. Sin embargo, en 2026 muchos dirigentes africanos siguen abriendo las puertas del continente a las mismas potencias coloniales que colonizaron, explotaron y maltrataron a nuestro pueblo.
La recién concluida cumbre Africa Forward, celebrada en Nairobi y cuyos anfitriones fueron el presidente de Kenia William Ruto y el de Francia Emmanuel Macron, es un símbolo de esta contradicción.
El objetivo de la cumbre, que se presentó como una asociación entre iguales, era dar una nueva imagen de la relación de Francia con África en un momento en que París está perdiendo a toda velocidad su influencia en todo el continente.
La cumbre reunió a más de treinta dirigentes africanos y tuvo con resultado el anuncio de unos 23.000 millones de dólares en compromisos de inversión destinados a sectores como la energía, la agricultura y la inteligencia artificial.
Pero bajo el lenguaje de la inversión conjunta, el respeto mutuo y acuerdos en los que todas las partes ganan subyace la persistente realidad del imperialismo.
Francia no llegó a Nairobi movida únicamente por su amistad por África. Esta cumbre se celebra en un momento en que ha descendido abruptamente la influencia de Francia en África Occidental. Mali, Burkina Faso y Níger han expulsado a las tropas francesas y han cuestionado décadas de control militar económico y militar francés. Y Francia se ha visto obligada a retirar sus fuerzas militares de varias antiguas colonias en medio de un cada vez mayor sentimiento antifrancés y de levantamientos populares.
Esto explica por qué la cumbre de Nairobi era muy importante desde el punto de vista político para Francia: se trataba de la primera gran cumbre Francia-África que se celebra en un país africano anglófono. Kenia se convierte en el puente a través del cual Francia espera recuperar su influencia estratégica en África Central y Oriental, después de encontrar resistencia en el Sahel.
La pregunta es por qué el presidente Ruto desea ser anfitrión de esta cumbre precisamente en este momento. La respuesta está en el carácter de clase del Estado keniano.
El gobierno actual se ha alineado sistemáticamente con las potencias occidentales y ha presentado a Kenia como un socio regional fiable para el capital extranjero, la cooperación militar y los intereses geopolíticos.
Al acoger a Macron, Ruto posicionó a Kenia como una puerta de entrada estratégica para el renovado compromiso de Francia con África, al tiempo que reforzaba la posición de su gobierno entre los aliados occidentales.
Lejos de presentar una agenda de desarrollo africano independiente, la cumbre reflejó la tendencia de las elites compradoras a buscar legitimidad y apoyo en los centros de poder occidentales en vez de en la ciudadanía de sus propios países.
Las autoridades de Kenia presentaron la cumbre como una oportunidad para el crecimiento económico y la inversión extranjera. Sin embargo, la pregunta más importante es ¿crecimiento para quién y controlado por quién?
Macron calificó la iniciativa de asociación entre iguales, pero no puede haber igualdad entre economías estructuradas de maneras fundamentalmente desiguales. Históricamente la relación entre Francia y África no se ha caracterizado por la igualdad, sino por la explotación.
Según el Ministerio francés para Europa y Asuntos Exteriores, en África operan más de mil empresas subsidiarias francesas y más de 140 solo en Kenia. Importantes corporaciones como TotalEnergies, Orange, Carrefour, CMA CGM y Bolloré tienen fuertes intereses comerciales en sectores como la energía, las telecomunicaciones, la logística, la venta al por menor e infraestructura. Aunque se presenta como desarrollo y asociación, los beneficios obtenidos de la mano de obra y los recursos africanos benefician inmensamente más al capital extranjero.
La influencia francesa en África nunca se ha ejercido únicamente a través de medios militares y económicos. Desde hace mucho tiempo la diplomacia cultural ha formado parte de la estrategia de Francia para mantener su influencia en el extranjero. Francia proyecta lo que a menudo se califica de «poder blando» a través de institutos de lenguas, intercambios educativos, asociaciones con medios de comunicación, centros culturales y programas de desarrollo.
Las personas críticas argumentan que estas iniciativas también sirven a unos objetivos políticos y económicos más amplios al cultivar unas élites favorables, conformar el discurso público y reforzar los intereses estratégicos a largo plazo de Francia.
Prueba de ello son el concierto Africa Forward, las sesiones de cocina de Macron con influencers y otras actividades de relaciones públicas realizadas durante su visita a Kenia.
Esta es la razón por la que la militancia y las fuerzas progresistas recibieron con escepticismo el intento de Macron de presentarse como un «panafricanista» en la cumbre. El panafricanismo no es una mera etiqueta, sino una lucha revolucionaria por la unidad, la soberanía y liberación de África del dominio imperialista.
Hasta la propia declaración de la cumbre reflejaba el lenguaje de la política de dependencia. Los debates estuvieron muy centrados en la restructuración de la deuda, la inversión privada, la reforma del crédito y la cooperación de seguridad, unas cuestiones que a menudo se abordan dentro de sistemas financieros dominados por instituciones como el FMI y el Banco Mundial.
La dimensión de seguridad de la cumbre también suscitó la preocupación de la militancia. Kenia y Francia han fortalecido en los últimos años la cooperación militar, en medio de la crítica de que el acuerdo militar firmado recientemente pone cada vez más en peligro la soberanía nacional.
Los movimientos sociales han establecido paralelismos entre los nuevos acuerdos de defensa y otros más antiguos en los que participaban tropas británicas en la Unidad de Adiestramiento del Ejército Británico en Kenia (BATUK, por sus siglas en inglés).
Son particularmente controvertidos los acuerdos de cooperación de defensa que conceden importantes protecciones legales al personal militar extranjero que opera en Kenia y limita la capacidad de las instituciones de este país para juzgar a los soldados extranjeros según la legislación local.
A la vez, Francia se sigue presentando como una «fuerza de estabilización» en África, a pesar de las críticas generalizadas por el papel que su ejército ha desempeñado en el Sahel. Muchas personas de toda África Occidental asocian cada vez más las intervenciones militares extranjeras con la inestabilidad y no con la liberación.
Estas contradicciones salieron a la luz en las protestas organizadas en Nairobi durante la cumbre por personas militantes y pertenecientes a movimientos a favor de la justicia social. Los manifestantes denunciaron el imperialismo francés, el dominio extranjero, la dependencia de la deuda y la expansión militar. Varios informes de los grupos militantes señalaron que las manifestaciones se encontraron con la violencia policial, incluidos gases lacrimógenos y detenciones arbitrarias.
Por consiguiente, la cumbre demostró la coexistencia de dos Áfricas, una que asiste a los salones en los que se celebra la conferencia para discutir sobre marcos de inversión con corporaciones multinacionales y potencias extranjeras, y otra que existe en las calles, entre la juventud en paro, los trabajadores en lucha, el campesinado, los estudiantes y las comunidades que se enfrentan al cada vez más alto coste de la vida.
Solo una semana después de la cumbre hubo en Kenia varias protestas relacionadas con el alto coste de la vida y el precio del combustible. Diferentes sectores de la población se manifestaron en las principales poblaciones del país para expresar su frustración por la cada vez peor situación económica. Estas manifestaciones reflejaban unas contradicciones de clase más profundas dentro de la economía capitalista de Kenia.
Los recientes acontecimientos en la Alianza de los Estados del Sahel demuestran que determinados sectores de África ponen en tela de juicio una vez más el dominio militar extranjero y reivindican una mayor soberanía. Aunque en estos Estados sigue habiendo retos y contradicciones, su rechazo de la influencia militar extranjera permanente han inspirado los debates antiimperialistas en todo el continente.
En última instancia, la tarea de las fuerzas progresistas africanas no es simplemente criticar cumbres como la de «Africa Forward». Su reto principal es crear alternativas políticas organizadas arraigadas en las personas trabajadoras, la juventud, el campesinado, las mujeres y las comunidades oprimidas.
La liberación de África no vendrá de conferencias de la élite que se celebran el centros lujosos ni de la dependencia disfrazada de asociación, vendrá de la organización política revolucionaria, la solidaridad panafricana y la lucha colectiva del pueblo africano contra el imperialismo, el capitalismo y las élites compradoras que se benefician del dominio extranjero.
No se puede determinar el futuro del continente en París, Washington, Londres o en las salas de juntas de las corporaciones multinacionales, sino que son las propias masas organizadas de África quienes deben determinarlo.
Esta generación tiene ante sí una tarea muy clara: aprender de los fallos de la falsa independencia, rechazar la dependencia y continuar la lucha que no ha terminado por un continente unido y soberano.
Traducido del inglés para Rebelión por Beatriz Morales Bastos