Daniel Siad, presunto reclutador de mujeres para Epstein, aparece muerto antes de ser interrogado
Su nombre figuraba miles de veces en los archivos de Epstein. Admitió que buscaba jóvenes y se las presentaba al depredador sexual, enfrentaba varias denuncias —incluidas acusaciones de violación— y estaba bajo investigación por trata de personas en Francia.
Daniel Siad, el cazatalentos de modelos señalado como uno de los presuntos reclutadores europeos de Jeffrey Epstein, fue encontrado muerto dentro de su residencia en Colombes, a las afueras de París. Tenía 69 años.
La Fiscalía de Nanterre confirmó que abrió una investigación para establecer la causa de la muerte y ordenó una autopsia.
Siad murió sin haber sido interrogado por los investigadores franceses que examinaban su papel dentro de la red internacional de Epstein.
Enfrentaba varias denuncias, entre ellas acusaciones de violación, y su caso había pasado a manos de la oficina especializada en combatir la trata de seres humanos. Él negó todas las acusaciones y sostenía que deseaba declarar para presentar su versión.
Pero Siad no era simplemente un “cazatalentos” que coincidió accidentalmente con Epstein. Los documentos publicados por el Departamento de Justicia muestran años de comunicaciones en las que localizaba jóvenes en distintos países, enviaba fotografías y perfiles, coordinaba contactos y mantenía informado personalmente a Epstein sobre sus viajes de reclutamiento.
Algunas de las jóvenes identificadas en esos intercambios eran menores de 18 años.
Said nacido en Argelia, supuestamente actuó como proxeneta para Epstein, trabajando con él desde principios de la década de 2000 hasta 2017.
Su nombre aparece miles de veces en los archivos relacionados con Epstein. Algunos medios hablan de más de mil documentos; otros contabilizan alrededor de dos mil menciones. La cifra exacta depende de si se cuentan documentos completos, correos electrónicos o apariciones individuales del nombre, pero el volumen demuestra que no se trataba de una relación ocasional.
En uno de sus mensajes de 2014, Siad comparó la búsqueda de mujeres con la pesca: explicaba que algunas veces atrapaba rápidamente y otras veces no encontraba “peces”.
La frase adquiere una dimensión especialmente siniestra porque describe a jóvenes aspirantes a modelos como mercancía que debía localizarse y entregarse a un hombre que ya había sido condenado por delitos sexuales.
Siad admitió públicamente que buscó y conectó mujeres jóvenes con Epstein.
También reconoció haber visitado el apartamento parisino del financiero en la avenida Foch, pero insistió en que todo formaba parte de una relación estrictamente profesional.
Afirmaba que Epstein se presentaba como una persona vinculada a los castings de Victoria’s Secret y que desconocía lo que ocurría en su vida privada.
Su defensa era difícil de conciliar con la extensión de las comunicaciones y con los testimonios de mujeres que afirmaron haber entrado en el entorno de Epstein después de haber sido presentadas por Siad. Una antigua modelo sueca también lo acusó de violación, una acusación que él negó.
La muerte de Siad recuerda inevitablemente la de Jean-Luc Brunel, el poderoso agente de modelos francés acusado de suministrar jóvenes a Epstein.
Brunel fue arrestado en Francia y apareció muerto en su celda en 2022 mientras enfrentaba cargos relacionados con violación y trata de menores. Siad había trabajado dentro de ese mismo ecosistema de agentes, reclutadores y contactos internacionales.
Eso no demuestra que Siad haya sido asesinado ni permite afirmar que su muerte forme parte de una conspiración. Hasta que concluya la autopsia, cualquier declaración categórica sobre cómo murió sería especulación.
El verdadero escándalo está perfectamente documentado y no necesita teorías: un hombre que aparecía miles de veces en los archivos de una red de explotación sexual, que admitía haber localizado jóvenes para Epstein y que enfrentaba graves denuncias murió antes de que la justicia francesa consiguiera interrogarlo.
Otra fuente potencial de información desaparece.
Otro capítulo de la red Epstein queda incompleto.
Y, una vez más, las víctimas corren el riesgo de quedarse sin respuestas mientras los hombres que podían explicar cómo funcionaba el sistema mueren antes de rendir cuentas.