Palestina: Un grito en la oscuridad: Hind Rajab, “Por favor, ven, ven y llévame”

-Palestina: Un grito en la oscuridad: Hind Rajab, “Por favor, ven, ven y llévame”

¿Alguien sabe donde anotarse para la lista de “terroristas de extrema izquierda”?


Cuba no tiene ejército capaz de amenazar a nadie, ni divisas para sostener campañas de influencia global, ni siquiera diésel para sus ambulancias. Lo que sí tiene, desde el alzamiento en La Demajagua el 10 de octubre de 1868, es la costumbre incómoda de no arrodillarse.

Muchas personas en Cuba cenan bajo la luz de una vela o de la linterna del celular. 

En muchas casas madres tienen que desechar la comida que lleva días sin refrigeración. Otros tienen que dormir bajo el concierto de mosquitos en el oído y un baño de sudor en esta isla tropical. 

Van tres caídas totales del Sistema Eléctrico Nacional en poco más de diez días, y en el mejor de los casos hay tres horas de electricidad al día, el resto es apagón.

Mientras tanto, a mil 800 kilómetros de distancia, en un despacho climatizado alguien pule la última coma de un informe de casi cien páginas. Su tesis, para que quede clara desde el principio: esa isla —la de la vela consumida, la del refrigerador descongelado, la de la basura amontonada porque los camiones no tienen combustible— es la responsable intelectual de que en Estados Unidos exista una izquierda que protesta.

No es una viñeta satírica. Es, literalmente, el argumento central de “Cuba: The Capital of 21st Century Communism”, el documento que el Departamento de Estado hizo público este 20 de julio y que Marco Rubio presentó en persona, con la solemnidad de quien destapa una conspiración milenaria.

 Léanlo despacio, porque cuesta trabajo no reírse: Cuba habría exportado, dice, una variante propia del marxismo centrada en agravios raciales y sociales, capaz de alimentar seis décadas después a Black Lives Matter, a Antifa, a las redes que hoy se organizan contra las redadas de ICE. 

El Instituto Cubano de Amistad con los Pueblos —la institución que durante décadas ha recibido brigadistas, estudiantes y turistas solidarios, muchos de los cuales he acompañado yo mismo por La Habana Vieja— aparece ahí descrito como nodo central de una red de espionaje y subversión contra Estados Unidos.

Uno lee eso y no sabe si reírse o apagar el celular para no seguir gastando batería. Porque sostener una operación de influencia ideológica capaz de moldear generaciones enteras de activistas en el país más poderoso del planeta exigiría un presupuesto que ni la CIA, con sus fondos sin fondo, se atrevería a soñar.

Desde enero, Washington bloquea el petróleo que llegaba desde Venezuela y ha amenazado a cualquier país que se atreva a vendernos combustible; el resultado son apagones que ya golpean a millones de cubanos, paralizan cirugías, eventos deportivos, industrias, turismo. 

Esa es la potencia subversiva que, según Rubio, financia a media juventud progresista estadounidense: la misma que no puede seguir garantizando la anestesia a un paciente en La Habana.

Uno no sabe si reírse o apagar el celular para no seguir gastando batería. Porque sostener una operación de influencia ideológica capaz de moldear generaciones enteras de activistas en el país más poderoso del planeta exigiría un presupuesto que ni la CIA, con sus fondos sin fondo, se atrevería a soñar

Probemos algo. Cambiemos de silla en esta sala imaginaria. Si de juicios se trata, abramos el expediente correcto: Estados Unidos contra Cuba, sesenta y siete años de…

Ahí están los intentos de asesinar a Fidel Castro que documentó el propio Comité Church del Senado estadounidense en los años 70.

Ahí está Bahía de Cochinos, 1961, una invasión armada organizada por la CIA.

Ahí están la Operación Mangosta y la Operación Peter Pan.

Ahí está, más cerca en el tiempo, ZunZuneo: la "Twitter cubana" que la Agencia de Estados Unidos para el Desarrollo Internacional construyó en secreto entre 2009 y 2012, con empresas fantasma y dinero enrutado por bancos extranjeros, para empujar a jóvenes cubanos hacia la disidencia sin que supieran quién pagaba la fiesta. Lo destapó una investigación de Associated Press en 2014.

Ahí está Alan Gross, el subcontratista que pasó años en una cárcel cubana por instalar equipos de comunicación no autorizados, financiado con el mismo tipo de "programas de democracia".

Ahí están Radio y TV Martí, sostenidas con millones del presupuesto federal durante décadas para transmitir hacia Cuba.

Ahí están las subvenciones —públicas, documentadas, ninguna secreta— que organismos como el National Endowment for Democracy destinan cada año a estructuras opositoras dentro de la isla.

Y ahí está, sobre todo, el bloqueo: la medida coercitiva unilateral más prolongada de la historia moderna, condenada por trigésimo tercer año consecutivo en la Asamblea General de la ONU el pasado octubre, con 165 votos a favor de levantarlo.

El mundo, prácticamente entero, ya dio su veredicto. Y no fue el que Washington quería escuchar.

Por si el expediente histórico no alcanzara, ahí está el capítulo que se escribe ahora mismo: sancionar empresas cubanas, amenazar a cualquier empresa extranjera con negocios en la isla, e incluso han valorado —según funcionarios consultados por la prensa estadounidense— un bloqueo naval total. Una fuente cercana a esas discusiones llegó a describir la caída del gobierno cubano como "cien por ciento un evento de 2026".

Desde enero, Washington bloquea el petróleo que llegaba desde Venezuela y ha amenazado a cualquier país que se atreva a vendernos combustible; el resultado son apagones que ya golpean a millones de cubanos, paralizan cirugías, eventos deportivos, industrias, turismo.

Marco Rubio ha dejado claro que las sanciones seguirán mientras el poder en la isla no cambie de manos. Trump fue más lejos: dijo que sentiría el "honor" de "tomar Cuba" de alguna forma, y que puede hacer con la isla vecina lo que le dé la gana.

Esto no es retórica de sobremesa. Un informe que presenta a Cuba como el origen ideológico de toda protesta social en Estados Unidos no es solo propaganda ridícula: es la argamasa jurídica y moral que se prepara para justificar, hacia afuera, una agresión contra una isla de casi diez millones de personas, y, hacia adentro, la criminalización de cualquier movimiento —Black Lives Matter, los defensores de migrantes, Antifa, la izquierda universitaria— que Washington decida etiquetar como "agente extranjero" en lugar de escuchar como ciudadanía inconforme.

El patrón no se queda ahí: cualquier gobierno, en cualquier rincón del planeta, puede tomar prestado el mismo argumento para tildar de "agente cubano" —o venezolano, o ruso, o simplemente "comunista"— a cualquier movimiento social, sindical o indígena que le resulte incómodo. Ese es el verdadero peligro de este informe: no es solo un libelo contra Cuba, es un manual de instrucciones para deslegitimar la protesta legítima en cualquier lugar del mundo.

La fórmula no es nueva: inventar una conspiración—ayer el “judeo-bolchevismo", hoy el "comunismo cubano”— para poder tratar la disidencia interna como traición y la agresión externa con motivo de legítima defensa. 

Es el mismo mecanismo que usaron los fascismos del siglo pasado para convertir a sus propios ciudadanos incómodos en enemigos infiltrados, y la guerra de conquista en un acto de higiene nacional. No hace falta que la historia se repita en cada detalle para que la lógica sea idéntica: fabricar un enemigo externo todopoderoso para justificar lo que ya se quería hacer.

Un informe que presenta a Cuba como el origen ideológico de toda protesta social en Estados Unidos no es solo propaganda ridícula: es la argamasa jurídica y moral que se prepara para justificar, hacia afuera, una agresión contra una isla de casi diez millones de personas, y, hacia adentro, la criminalización de cualquier movimiento —Black Lives Matter, los defensores de migrantes, Antifa, la izquierda universitaria— que Washington decida etiquetar como "agente extranjero"

Y ya que en esas estamos, me postulo formalmente a la lista de terroristas de extrema izquierda de Marco Rubio. ¿Alguien sabe dónde hay que anotarse? 

¿Hay una planilla, un formulario? ¿O con defender la dignidad humana y la soberanía de mi país ya es suficiente para que me incluyan de oficio?

Nací en una isla bloqueada, crecí oyendo historias de mambises, de mi madre en la guerra de Angola, de combatientes en Girón. ¿Cómo no voy a tener la necedad de creer que un pueblo tiene derecho a decidir su propio destino sin que nadie, desde ningún imperio, nos diga lo que tenemos que hacer?

Cuba no tiene ejército capaz de amenazar a nadie, ni divisas para sostener campañas de influencia global, ni siquiera diésel para sus ambulancias. 

Lo que sí tiene, desde el alzamiento en La Demajagua el 10 de octubre de 1868, es la costumbre incómoda de no arrodillarse. Y esa terquedad —no la conspiración que le inventan— es lo que de verdad les molesta.

El expediente ya está sobre la mesa. La sala sigue abierta. Pero la silla de los acusados, esta vez, la vamos a señalar nosotros.

https://www.diario-red.com/articulo/america-latina/alguien-sabe-donde-anotarse-lista-terroristas-extrema-izquierda/20260723100000073323.html

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