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Un fantasma recorre Estados Unidos: el fantasma del comunismo

Pero no ha sido solo Trump quien ha manifestado esta sorprendente intranquilidad y desasosiego por el supuesto avance del comunismo en Estados Unidos. Desde otra perspectiva, algunos representantes del sistema, como el magnate tecnológico Peter Thiel, arremetió contra el papa León XIV, diciendo que éste promueve los intereses chinos al defender una mayor regulación de la inteligencia artificial.

Por Sergio Rodríguez Gelfenstein

Aunque comprensible, no deja de resultar sorpresivo el afán de Trump y sus adláteres de resucitar algo que él mismo decretó como fallecido: el comunismo. 

En días recientes y en más de una ocasión, el presidente de Estados Unidos y en general diferentes voceros del sistema político estadounidense han hecho mención del tema.

En escritos pasados he referido que en cada una de sus intervenciones en la Asamblea General de Naciones Unidas durante la primera administración, Trump hizo alusión al asunto exponiendo una tendencia marcada por la preocupación de este “fantasma que recorre Estados Unidos”.

Veamos.

El 19 de septiembre de 2017 durante su discurso en la ONU dijo que: “El problema en Venezuela no radica en que el socialismo se haya implementado mal, sino en que se ha implementado fielmente. Desde la Unión Soviética hasta Cuba y Venezuela, dondequiera que se ha adoptado el verdadero socialismo o comunismo, ha traído consigo angustia, devastación y fracaso. Quienes predican los principios de estas ideologías desacreditadas solo contribuyen al sufrimiento continuo de quienes viven bajo estos sistemas crueles”.

Un año después, el 25 de septiembre de 2018 en una alocución que pareciera haber sido escrita en épocas de guerra fría y que ignora de manera irrisoria sus propias palabras en referencia a la libertad y la autonomía de cada país, afirmó que en todos lados el socialismo o el comunismo han producido “sufrimiento, corrupción y decadencia”.

El 24 de septiembre de 2019, centró su “análisis” en China, afirmando que la potencia asiática se había “negado a adoptar las reformas prometidas, sino que ha adoptado un modelo económico que depende de enormes barreras de mercado, cuantiosos subsidios estatales, manipulación monetaria, dumping de productos, transferencias forzadas de tecnología y el robo a gran escala de propiedad intelectual y secretos comerciales”, y agregaba que: “Uno de los desafíos más serios que enfrentan nuestros países es el espectro del socialismo. 

Es el destructor de naciones y de sociedades”. Para “probarlo” expresó que “…en el siglo pasado, el socialismo y el comunismo causaron la muerte de 100 millones de personas”. Finalizó reiterando que “Estados Unidos nunca será un país socialista”.

A pesar de su natural ignorancia, es difícil saber por qué tanta preocupación. Tal vez sea porque mientras él obtuvo 76,9 millones de votos en las últimas elecciones presidenciales, el Partido Comunista de China arribó a casi 102 millones de militantes.

O será porque mientras la población de Estados Unidos, Europa, Japón y Australia, es decir, el “mundo libre” tiene 1.244 millones de habitantes, la de China, Vietnam, Laos, Cuba y la República Popular Democrática de Corea, que son gobernados por partidos comunistas, suman 1.558 millones, sin contar el estado indio de Kerala (36 millones)… y la ciudad austriaca de Gras, segunda en importancia del país, que también son gobernadas por comunistas.

Tal vez sea porque el Partido Comunista de China (PCCh) acaba de celebrar su 105 aniversario, en el que el secretario general Xi Jinping destacó la «vitalidad del marxismo como fundamento de los logros históricos del Partido», reafirmando que: «La China socialista, liderada por el Partido es reconocida como constructora de la paz mundial, contribuyente al desarrollo global y defensora del orden internacional».

…la realidad señala que la preocupación de Trump tiene más que ver con la influencia que esta situación está ejerciendo en su propio país.

Igualmente, el Partido Comunista de Vietnam celebró en febrero su 96 aniversario, recordando que bajo el liderazgo de los comunistas Vietnam pasó de ser “una economía agrícola atrasada para transformarse en una muy distinta, en que el PIB per cápita aumentó de poco más de 100 dólares en 1986 a cerca de 5.000 dólares en 2025, impulsando al país hacia el grupo de economías de ingresos medios-altos y consolidando una estructura económica basada en la industria y los servicios.

El Partido Comunista de Vietnam (PCV) ha reiterado que su liderazgo “se define por la firmeza en sus objetivos estratégicos y la flexibilidad en sus métodos. Para el PCV la defensa inquebrantable de la independencia nacional vinculada al socialismo, la adopción del marxismo-leninismo y el pensamiento de Ho Chi Minh como fundamentos ideológicos, así como la primacía de los intereses de la Patria y del pueblo, constituyen principios constantes y esenciales.

Por otra parte, el 1 de julio en un mensaje del líder de la República Popular Democrática de Corea (RPDC) dirigido a Xi Jinping con motivo del 105 aniversario del PCCh, ha reiterado su decisión de seguir fortaleciendo las relaciones con China y ha insistido en «la posición firme e invariable de nuestro partido y de nuestro Gobierno de fortalecer y desarrollar incesantemente las relaciones de amistad entre Corea y China, que tienen profundas raíces históricas y cuyo eje es el socialismo». Igualmente, el máximo dirigente coreano confirmó la firme voluntad de su país, partido y gobierno de “impulsar con mayor fuerza la construcción socialista en ambos países y las tradicionales relaciones de amistad”.

Hasta el periódico estadounidense Wall Street Journal ha tenido que reconocer que la economía de la RPDC ha experimentado un auge sorpresivo desde 2023, registrando un crecimiento del 3,7% en 2024, su ritmo más rápido en ocho años. 

El periódico se ha visto obligado a aceptar que la expansión de grandes proyectos inmobiliarios—como la construcción de miles de viviendas en Pyongyang— y un incremento en el uso de vehículos eléctricos importados de China, así como la venta de armamento a Rusia han permitido aliviar las sanciones internacionales contra el país y mejorar su economía.

Incluso, vale decir que, en medio de la más furiosa ofensiva estadounidense contra Cuba en la historia, que tiene claras intenciones genocidas, el Partido Comunista de Cuba (PCC) y el Gobierno de ese país aprobaron el mayor paquete de reformas en décadas, compuesto por 176 transformaciones destinadas a paliar la grave crisis del país. 

Las directrices clave incluyen una reforma integral salarial (con un alza del mínimo), la descentralización para dar mayor autonomía a las empresas estatales y municipios, y la ampliación del sector privado y el capital extranjero, todo lo cual no es de agrado del gobierno fascista de Estados Unidos, que se propone un cambio de régimen y el exterminio del pueblo cubano. 

No obstante a eso, el PCC ha mostrado su vitalidad en las difíciles condiciones del país y ha solidificado su condición de vanguardia de la sociedad cubana.

Pero al hacer un estudio pormenorizado del asunto y vista la resistencia y empuje de los países que poseen gobiernos comunistas, podría ser natural la alerta que Trump ha estado anunciando respecto del impacto negativo para sus intereses que esto podría tener en el planeta. 

No obstante, la realidad señala que la preocupación de Trump tiene más que ver con la influencia que esta situación está ejerciendo en su propio país. Sólo así puede explicarse la furibunda campaña retórica anticomunista y antisocialista.

En este sentido, el pasado 6 de junio, Christian Arrieta, comentarista de la cadena televisiva mexicana TV Azteca ilustró acerca del “fantasma del comunismo en la política estadounidense” afirmando que el término ha sido puesto en el centro del debate luego de que Trump publicara en su red Truth Social que “los regímenes comunistas inician con popularidad pero siempre terminan en miseria, violencia y destrucción”, advirtiendo que a pesar que la guerra fría finalizó hace varias décadas, algunos conceptos siguen siendo utilizados “para moldear la conversación y advertir que el precio de esas promesas siempre termina siendo la libertad”.

Como cualquier estadounidense habituado a las dicotomías polarizantes, al cerrar su discurso, Trump afirmó que se podía ser leal a Marx y al comunismo o a Estados Unidos y a la patria, pero nunca ambas cosas.

Efectivamente, el último mes ha sido testigo de una seguidilla de declaraciones de altos representantes de la política estadounidense,con el claro objetivo de plantearse una nueva confrontación ideológica que conduzca a un realineamiento del mundo en torno a Estados Unidos, cuando su política exterior hace aguas en buena parte del planeta.

El pasado 26 de junio de 2026, en una conferencia en Washington en la Coalición Fe y Libertad, una organización conservadora de extrema derecha, Trump advirtió que el comunismo es una de las mayores amenazas internas, llegando a señalar que la victoria de candidatos alineados en torno al alcalde de New York, Zohran Mamdani, era evidencia de un avance socialista que está decidido a frenar.

Ese mismo día, en un mensaje en sus redes sociales, Trump aseguró que «los comunistas finalmente están haciendo su movimiento» y advirtió que «el juego ha comenzado», pero como es habitual en él, no precisó a qué ni a quiénes hacía referencia. Trump dijo que había estado esperando mucho tiempo “para esto”, porque ser comunista «es fácil», solo consiste en prometer que se le dará «todo» a la población, aunque eso implique «quitárselo a otros que se lo han ganado».

También cuestionó la viabilidad histórica de esa corriente política: «Durante miles de años, esa ideología no ha funcionado ni una sola vez», afirmó, antes de concluir su publicación con la frase: «El juego ha comenzado. ¡Disfruten mirando!». “Miles de años”, o sea que varios milenios antes del nacimiento de Carlos Marx no funcionó algo que no existía. ¡Vaya idiota!

Unos días más tarde, el 1 de julio, en un discurso en la ciudad de Medora, en el estado de Dakota del Norte, volvió sobre el asunto diciendo que nunca aceptaría al comunismo, a partir de lo cual, arengando a los participantes en el evento, les hizo un llamado a “redescubrir el espíritu indomable que construyó nuestro país y todo lo que garantizará que Estados Unidos siga siendo la nación más excepcional sobre la faz de la Tierra”. Agregó: “No vamos a dejar que los comunistas se interpongan en nuestro camino. No vamos a dejar que nadie se interponga en nuestro camino».

Con su natural ignorancia y su particular interpretación de la historia dijo que: «El comunismo es la mayor amenaza para nuestro país, incluyendo […] la Primera Guerra Mundial, la Segunda Guerra Mundial, Pearl Harbor y el 11 de septiembre«, asegurando que era un cáncer que se extendía y que había que detener rápidamente. De manera asombrosa, finalizó diciendo que nunca permitiría que Estados Unidos se convierta en un país comunista.

Continuando con su diatriba, el 4 de julio, con motivo del 250º aniversario de la Declaración de Independencia, en un evento en el memorial del Monte Rushmore en el estado de Dakota del Sur, Trump pronunció un discurso en el que realzó el carácter supremacista y la excepcionalidad de su país. 

Una vez más, en fecha tan representativa para la historia, no perdió oportunidad para “alertar” acerca del auge del comunismo, al que consideró “una amenaza mortal para la libertad estadounidense”, incluso mayor que la primera y segunda guerra mundial, cuando la verdad es que jamás el territorio estadounidense estuvo amenazado. 

Vale recordar que el ataque a Pearl Harbor o las acciones terroristas del 11 de septiembre de 2001 fueron detectados con anterioridad por los órganos de inteligencia del país, pero fueron permitidos para justificar su ingreso en la segunda guerra mundial en el primer caso y establecer un mundo unipolar mediante su “guerra contra el terrorismo” en el segundo. 

Como cualquier estadounidense habituado a las dicotomías polarizantes, al cerrar su discurso, Trump afirmó que se podía ser leal a Marx y al comunismo o a Estados Unidos y a la patria, pero nunca ambas cosas.

…puede verse que no es sólo Trump, los republicanos o los fascistas neconservadores quienes se manifiestan de esta manera. Es mucho más que eso, es el conjunto del sistema político de Estados Unidos que se ve en peligro.

Apuntó a que en el país se estaba observando un resurgimiento de la “amenaza comunista” y, al igual que Hitler un siglo antes, señaló con claridad a quien considera enemigo de Estados Unidos y que identificó como “inmigrantes que adoptan ideas totalmente opuestas a nuestra forma de vida y a nuestro gran éxito». Su discurso concluyó arengando a los estadounidenses a vencer “rápidamente al comunismo”.

Pero no ha sido solo Trump quien ha manifestado esta sorprendente intranquilidad y desasosiego por el supuesto avance del comunismo en Estados Unidos. 

Desde otra perspectiva, algunos representantes del sistema, como el magnate tecnológico Peter Thiel, arremetió contra el papa León XIV, diciendo que éste promueve los intereses chinos al defender una mayor regulación de la inteligencia artificial. Sin escatimar dudas, durante el Festival de Ideas de Aspen, Colorado, el 3 de julio, el cofundador de PayPal y Palantir acusó al Papa de actuar como «agente comunista chino».

En la misma tónica, pero desde el bando demócrata, Mike Johnson, presidente de la Cámara de Representantes de Estados Unidos expresó su temor ante una posible llegada de comunistas al poder en el país. 

No obstante, en este caso resulta particularmente curioso porque se está refiriendo a su propio partido, al exponer como referencia de lo que afirmaba el triunfo de su correligionario Zohran Mamdani en las elecciones para la alcaldía de New York, denunciando que desde su victoria el líder municipal de la mayor ciudad de Estados Unidos se había dedicado a recorrer el país, en una campaña por todos los rincones de su geografía, hablando tanto en feudos demócratas como republicanos, proclamando su política y haciendo que aparezcan “muchos Mamdani, postulándose al Congreso por todo el país”.

Consideró que había que tomar en serio esto que caracterizó como «amenaza grave» para todo el sistema gubernamental estadounidense. Sin temor a dudas, los definió como marxistas y dijo que lo que estaban haciendo era “comunismo, socialismo, desviaciones marxistas que partían de una premisa opuesta a la de Estados Unidos”, por lo que hizo un llamado a oponerse a esa tendencia y a combatirlos no sólo en términos electorales. 

En este marco, apeló a los estadounidenses para evitar la locura y despertar “el sentido común contra el comunismo”, llamando a los ciudadanos a despertar “ahora que los bárbaros están a las puertas».

Así, puede verse que no es sólo Trump, los republicanos o los fascistas neconservadores quienes se manifiestan de esta manera. 

Es mucho más que eso, es el conjunto del sistema político de Estados Unidos que se ve en peligro. Hasta Karoline Leavitt, secretaria de prensa de la Casa Blanca -que como es sabido tiene grandes limitaciones intelectuales- hizo uso de su escasa capacidad neuronal para afirmar que los demócratas eran «marxistas radicales» y que el Partido Demócrata no era el de antes. 

En una histérica declaración, dijo que los demócratas de ahora eran comunistas que sustentaban “ideas marxistas radicales que nunca han funcionado en la historia del mundo». 

¿Sabrá ella que existe un país que se llama China?

¿Qué está ocurriendo realmente en Estados Unidos? y ¿Por qué la desesperación de sus élites?

Las respuestas podríamos encontrarlas en una serie de resultados electorales de los últimos meses que están produciendo lo que los medios de desinformación masivos denominan “un giro del Partido Demócrata hacia la extrema izquierda” situando en el liderazgo al “socialista y musulmán” Zohran Mamdani. He ahí los fantasmas que preocupan a las élites estadounidenses: los socialistas y los musulmanes.

En días recientes la demócrata socialista (DSA) Melat Kiros se impuso a la congresista Diana DeGette, veterana que se postulaba para su mandato número 16 en la contienda por un escaño en el Congreso por Denver, Colorado y sumó un nuevo triunfo para los denominados -según el léxico político de Estados Unidos “izquierdistas radicales del Partido Demócrata”

Esta dinámica que surgió en New York se está extendiendo al resto del país. En las elecciones municipales de principios de noviembre del año pasado, para sorpresa general, los votantes eligieron a Katie Wilson candidata de los DSA en esta ciudad portuaria del noroeste de Estados Unidos, que cuenta con casi 800.000 habitantes.

Ahora en Colorado, Kiros, originaria de Etiopía, ganó la primaria demócrata en Colorado. Esta candidata de 32 años que también milita en DSA quiere abolir el Servicio de Control de Inmigración y Aduanas de Estados Unidos (ICE) -que se ha transformado en la Gestapo de Trump- y dar ciudadanía a 20 millones de indocumentados lo cual ha generado fuerte polémica toda vez que, según opinión de voceros del sistema, Kiros está priorizando intereses de extranjeros sobre la soberanía estadounidense por lo que cuestionan su lealtad hacia Estados Unidos al haber llegado al país vía lotería de visas.

Bajo el liderazgo ya no del senador Bernie Sanders sino de Mamdani que se auto califica como “socialista democrático” y se ha erigido en guía de esta corriente al interior de su partido, una serie de candidatos se están imponiendo en elecciones en las que participan contra los representantes del ala más tradicional y derechista de los demócratas que han ido perdiendo terreno.

En Nueva York tres candidatos respaldados por el alcalde ganaron las primarias demócratas para la Cámara de Representantes, lo que pone de relieve el auge de esta corriente dentro de la política estadounidense a medida que aumenta la desilusión, sobre todo de los jóvenes con la cúpula del partido demócrata. A los demócratas se les ha planteado un verdadero dilema. 

Los sectores conservadores dentro del partido observan impávidos la fuerza avasalladora de DSA y alertan de los riesgos de elegir candidatos “muy a la izquierda” que podrían no conectar con la mayoría de los votantes demócratas.

Incluso algunos congresistas que apoyaron a Mamdani para su elección en la alcaldía de Nueva York y que en el pasado, han estado cercanos a otros líderes de la “izquierda” del partido demócrata, no han sido respaldados por Mamdani como el caso del congresista Adriano Espaillat que perdió su intento de reelección en el distrito 13 frente a Darializa Avila Chevalier, miembro de DSA. Ávila Chevalier, que en su momento ayudó a organizar protestas propalestinas en la Universidad de Columbia, nunca ha ocupado un cargo público.

Otra candidata respaldada por Mamdani, Claire Valdez, se impuso para competir en representación de los demócratas para ocupar el escaño de la histórica congresista de origen puertorriqueño Nydia Velázquez en el distrito 7 congresional de New York. 

Este distrito integra a los condados de Brooklyn y Queens. Este último es el de mayor superficie de New York y étnicamente, el más diverso del mundo. Con 2,35 millones de habitantes es el segundo más poblado después de Brooklyn que cuenta con una población que supera los más de 2,6 millones.

En este marco, la Cámara de Representantes de Estados Unidos eligió a la demócrata Analilia Mejia para reemplazar en el Congreso a la actual gobernadora del estado de New Jersey, Mikie Sherrill que renunció como representante del undécimo distrito congresional tras ganar las elecciones de noviembre. Mejia, de madre colombiana y padre dominicano, que ayudó a dirigir la campaña presidencial del senador Bernie Sanders en 2020, derrotó fácilmente al republicano Joe Hathawa. 

La nueva congresista completará los ocho meses que le restaban a Sherrill en la Cámara de Representantes y en noviembre aspirará al escaño para los próximos dos años.

El ascenso de Mamdani pone de relieve una discusión en el Partido Demócrata sobre si su futuro seguirá siendo disputarle los votos a los republicanos desde la derecha o si lo hará desde posiciones más progresistas. Esta situación ha generado un debate interno que tiene suma importancia en los prolegómenos de la próxima elección parlamentaria.

En una entrevista para CNN el abogado y activista de derechos civiles y ambientales Van Jones lo definió como “una batalla entre el poder establecido y esta insurgencia”, que aglutina a sectores de la “extrema izquierda, socialistas y musulmanes”. Jones agregó que “…el techo se está derrumbando sobre el poder del Partido Demócrata”, porque “esto ya no es solo un movimiento: es un movimiento y una maquinaria al mismo tiempo”.

Washington y Los Ángeles también se han sumado a esta ola de cambios con las aspirantes a alcaldesas Janeese Lewis George y Karen Bass, respectivamente. 

Bass es candidata a la relección en Los Ángeles, mientras que Lewis George que era concejala del Distrito 4 y miembro de DSA socialista demócrata ganó el pasado 16 de junio las primarias demócratas para la alcaldía de Washington, D.C., con una victoria tan contundente que puso fin a la contienda incluso antes de que se contaran todos los votos y por el margen más amplio que la ciudad ha visto en dos décadas. 

En esta ciudad de mayoría demócrata, esa victoria prácticamente garantiza que será la próxima alcaldesa, y la primera con una política explícitamente socialista en dirigir la capital del país. Ambas candidatas son afroamericanas.

Toda esta avalancha ha llevado al presidente Donald Trump a decir que los demócratas se convirtieron en “comunistas de línea dura y sin Dios”. Trump aseguró que estos candidatos eran la mayor amenaza para Estados Unidos en toda su historia.

El veterano senador Bernie Sanders ha opinado que “la marea está cambiando”, porque- según él- los estadounidenses están cansados de la política del statu quo y “quieren representantes en el Congreso que se enfrenten a la oligarquía y luchen por las familias trabajadoras”.

El académico Russell Berman, profesor de la Universidad de Stanford en un artículo para la revista “The Atlantic” lo explica diciendo que: “Durante un año y medio, los demócratas han sentido rechazo hacia Trump. Asimismo, se sintieron indignados por la ineficacia de los líderes de su propio partido. Ahora, tras una serie de sorprendentes elecciones primarias, cobra fuerza una tercera observación: las bases demócratas desearían arrojar a todo el establishment político a una trituradora”.

Todo este movimiento que en lo inmediato tendrá repercusiones en las próximas elecciones parlamentarias de medio término, también tendrá efectos de cara a las presidenciales de 2028. 

En este ámbito, mientras en el campo republicano no se sabe quien podría liderar la candidatura presidencial en un contexto en que los principales candidatos parecieran ser el secretario de Estado, Marco Rubio, y el vicepresidente J.D. Vance, en territorio de los demócratas se observó la primera sacudida perceptible de proyección presidencial.

La fortaleza, arraigo y expansión de Mamdani más allá de los límites de la ciudad de New York obligó a que la exvicepresidenta Kamala Harris, hasta ahora precandidata visible del partido demócrata buscara a Mamdani “para dialogar”. 

Pero Harris no se ha limitado a eso, según el sitio web estadounidense de noticias e información Axios, la expresidenta “ha mantenido reuniones privadas con otras figuras progresistas destacadas, incluidos activistas propalestinos para acercar posiciones con el ala izquierdista del partido”.

Es evidente que una fuerte agitación estremece el escenario político estadounidense que comienza a mostrar una cara interna que expone estos movimientos y que son la explicación de la furibunda reacción de Trump y sus adláteres. 

La semana que viene daremos a conocer algunas repercusiones internacionales de este fenómeno.

Continuará. . .

Sergio Rodríguez Gelfenstein*. Analista internacional. Exdirector de Relaciones Internacionales de la Presidencia de la República Bolivariana de Venezuela.

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