La gran mayoría de las iglesias evangélicas se forman en la inocencia, la esperanza y la vulnerabilidad de los más débiles.
Y normalmente tienen como cabeza a la gente más perversa.
La CIA plantó la semilla
Durante la Guerra Fría, la CIA implementó una estrategia de influencia religiosa en América Latina. Promovieron iglesias pentecostales conservadoras para contrarrestar a la Iglesia Católica, a la que consideraban infestada de comunismo por la Teología de la Liberación.
El énfasis evangélico en el pecado individual, la salvación personal y la prosperidad se alineaba perfectamente con los intereses neoliberales y de la Guerra Fría.
En los años 70, la CIA financió el desembarco masivo de estos emprendimientos religiosos.
No fue un accidente. Fue una operación.
Hoy, décadas después, el negocio florece. Pastores que piden donaciones para comprar jets privados. Líderes que dicen que Dios les "eligió" un avión de 54 millones de dólares.
Congregaciones pobres que entregan sus últimos pesos para que el "hombre de Dios" vuele en lujo mientras ellos apenas comen.
En Brasil, un pastor celebró haber comprado un carro de Fórmula
Uno gracias a su congregación. En Estados Unidos, el pastor Creflo Dollar pidió 60 millones de dólares para un Gulfstream.
La lógica es siempre la misma: la fe como excusa, la manipulación como método, la pobreza del feligrés como combustible para la riqueza del pastor.
Y luego están los casos que revelan la podredumbre más profunda.
Dani Alves, el exfutbolista brasileño condenado por violación en España, ahora es pastor evangélico. Salió de prisión y se encontró con Dios. O más bien, encontró un nuevo negocio.
Dice: "Hay que tener fe hermanos míos.
Yo soy una prueba". Una prueba de que el cinismo no tiene límites.
En Perú, el pastor José Luis Linares Cerón, fundador de una coalición provida y militante del fujimorismo, fue denunciado por su propia hija por haberla sometido a violencia sexual desde que tenía ocho años.
El mismo tipo que predica "con mis hijos no te metas". La misma gente que se opone al aborto mientras viola a sus propias hijas.
Son la peor lacra. La gente más vil, grotesca y deleznable. Y están en todas partes.
Pero el problema no es solo moral. Es político.
Las iglesias evangélicas en América Latina están jugando un rol político muy importante.
Y ese rol está alineado con el sionismo cristiano, un movimiento político y religioso que apoya incondicionalmente al Estado de Israel. Los pastores se han transfigurado en mediadores y sostén de los conservadurismos radicales a nivel global.
En otras palabras: los evangélicos latinoamericanos, sin saberlo muchos de ellos, están trabajando para la ideología sionista colonialista. Están sirviendo a los intereses de Netanyahu, de Trump, del imperio.
Son el caballo de Troya del sionismo en América Latina.
Y la CIA lo sabía. Por eso los sembró. Por eso los financió. Por eso los sigue usando.
Estos pastores no son líderes espirituales. Son operadores políticos con Biblia. No predican el Evangelio. Predican el odio, el miedo, la sumisión al poder. No defienden a los débiles. Defienden a los poderosos.
Son un peligro para la democracia. Porque convierten a sus feligreses en rebaño. Los llevan al matadero electoral. Los hacen votar contra sus propios intereses.
Los convencen de que el Mesías es un político corrupto, un violador, un genocida.
Y mientras tanto, ellos se vuelven millonarios. Compran jets.
Compran carros de Fórmula Uno. Compran poder. Compran impunidad.
Un llamado a despertar
Si tienen familiares que se están acercando a estas iglesias, ayúdenlos. Infórmense. Sáquenlos de ahí. Nadie gana en esta mugre, excepto los propios pastores.
La evidencia está ahí. La historia está ahí. Los casos están ahí.
La iglesia evangélica, en su versión institucional y politizada, no es un refugio espiritual. Es una fábrica de esclavos mentales.
Es un instrumento de dominación. Es la mugre sagrada que el imperio usa para controlar a los pobres.
Despierten. Antes de que sea demasiado tarde.
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