El avance del nacionalismo cristiano en Estados Unidos refleja una alianza entre religión y poder que impulsa una nueva etapa de intervención global
De los márgenes al poder: una ideología que se volvió gobierno
Nahia Sanzo, periodista y analista geopolítica, advierte que el nacionalismo cristiano no es un fenómeno nuevo en Estados Unidos, pero sí lo es su posición actual dentro del poder.
Durante décadas, esta corriente se mantuvo en los márgenes del Partido Republicano y del debate público, operando como una fuerza ideológica periférica.
Hoy, en cambio, forma parte del núcleo del gobierno estadounidense.
La presencia de estas ideas en la Casa Blanca y en las estructuras de seguridad marca un cambio cualitativo: lo que antes era discurso ahora se traduce en decisiones políticas con impacto global.
Esta transformación no solo redefine la política interna de Estados Unidos, sino también su forma de relacionarse con el resto del mundo.
Nahia Sanzo señala que solo un porcentaje reducido de la población estadounidense comparte plenamente estas creencias, lo que evidencia que su influencia no proviene de su peso demográfico, sino de su capacidad de organización y articulación política
Religión como herramienta: justificar el dominio global
Para Sanzo, el elemento religioso no puede entenderse de manera aislada.
El nacionalismo cristiano funciona principalmente como una herramienta política que utiliza la religión para legitimar una visión de supremacía estadounidense.
La idea de que Estados Unidos tiene un “derecho divino” a liderar el mundo no es solo retórica, sino una construcción ideológica que permite justificar intervenciones, sanciones y decisiones unilaterales.
En ese marco, la religión opera como un lenguaje que traduce intereses políticos y económicos en una narrativa moral.
Más que un proyecto espiritual, se trata de una estrategia de poder que busca naturalizar el dominio global estadounidense bajo una supuesta legitimidad trascendental.
Minoría organizada, mayoría condicionada
Uno de los puntos más relevantes del análisis es que esta ideología no representa a la mayoría de la población estadounidense.
Sanzo señala que solo un porcentaje reducido comparte plenamente estas creencias, lo que evidencia que su influencia no proviene de su peso demográfico, sino de su capacidad de organización y articulación política.
El nacionalismo cristiano ha logrado posicionarse en el centro del poder aprovechando coyunturas específicas, como el desgaste de proyectos políticos previos y el giro global hacia posiciones más conservadoras.
En ese contexto, ha encontrado en figuras como Donald Trump un vehículo eficaz para amplificar su agenda.
Este proceso revela que el poder político no siempre responde a mayorías, sino a la capacidad de ciertos grupos para incidir en estructuras clave del Estado.
Trump como síntesis: política, religión y oportunidad
El papel de Trump resulta central en esta dinámica.
Para Sanzo, su figura no responde a una convicción ideológica profunda, sino a una capacidad de síntesis entre distintas corrientes de la derecha estadounidense.
El trumpismo ha sabido utilizar el discurso del nacionalismo cristiano como una herramienta para ampliar su base política, mientras que este movimiento ha encontrado en Trump una plataforma para acceder al poder.
Esta relación no es ideológica en sentido estricto, sino funcional: ambos actores se fortalecen mutuamente en la disputa política.
En ese cruce, la religión deja de ser un fin en sí mismo y se convierte en un recurso estratégico dentro de una lógica de acumulación de poder.
El nacionalismo cristiano en EEUU representa la consolidación de una lógica de poder que combina religión, política y economía para proyectar influencia a escala global.
Israel y el fin del mundo: la geopolítica de la fe
La relación con el Estado de Israel ocupa un lugar central dentro de esta cosmovisión.
Sanzo explica que el apoyo de estos sectores no responde únicamente a intereses geopolíticos, sino también a una interpretación religiosa que vincula la existencia de Israel con una narrativa escatológica.
Según esta visión, el fortalecimiento del Estado israelí sería una condición para el cumplimiento de profecías relacionadas con el fin de los tiempos.
Esta lectura, profundamente ideologizada, convive con tradiciones históricas de antisemitismo dentro de la extrema derecha estadounidense, generando una relación contradictoria pero políticamente funcional.
En ese sentido, la política exterior deja de responder únicamente a cálculos estratégicos y se entrelaza con creencias que influyen directamente en la toma de decisiones.
Una ideología con consecuencias globales
El avance del nacionalismo cristiano en Estados Unidos no es un fenómeno aislado ni meramente cultural. Representa la consolidación de una lógica de poder que combina religión, política y economía para proyectar influencia a escala global.
Para Sanzo, el riesgo radica en que esta ideología ya no opera desde los márgenes, sino desde el centro del sistema.
Esto implica que sus postulados no solo influyen en el debate público, sino que orientan políticas concretas con impacto directo en otros países.
La advertencia es clara: cuando una visión de supremacía se convierte en política de Estado, sus efectos trascienden fronteras.
Y en ese escenario, la disputa no es solo ideológica, sino material, marcada por decisiones que afectan el equilibrio global y las condiciones de vida en múltiples regiones del mundo.
Para ver la entrevista completa y el programa "Misiles de Dios: ¿qué es el nacionalismo cristiano que gobierna EEUU? |
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