27.2.17

Nicaragua: Brenda Rocha una hija de Sandino


El 25 de julio de 1982, Brenda Rocha recibió 14 balazos en su brazo derecho en la comunidad Salto Grande, en Bonanza. Los contras pateaban y degollaban a los sandinistas caídos. Ese fue el día cuando estuvo más cerca de morir. 

Lo hacían rápido. Herían, mataban y luego el escape. Musawás se había convertido hasta ese 25 de julio de 1982, en uno de los últimos pueblos del Caribe nicaragüense golpeados por la Contra. 

Esa tarde alguien avisó que seguía Salto Grande, una comunidad de casas de tambo y madera a unos 30 minutos de Bonanza, importante por la represa que abastece de energía eléctrica a esa población.

 Los combatientes que servirían de guardianes, serían: Brenda Rocha, René, María Cristina, don Ramón, Aarón y dos más.

Brenda platicaba con el papá de un amigo, Eduardo Medina, cuando le dijeron que algo pasaba. "Salí rápido y vení inmediatamente". 

No hubo que responder. Sabía de una cadena de presentimientos que la aterrorizaban. 

Un mes atrás se habían imaginado sus rostros yertos en la cancha de baloncesto del pueblo, el lugar donde colocaban a los caídos, los mártires de la Revolución. 

¿Cómo serían tratados? 

¿Serían recibidos como héroes? Brenda nunca quiso hablar de eso, pero todos se prometieron que si pasaba algo, al sobreviviente le tocaría contar todo, empezando por lo bueno de la Revolución. 

Era un testamento en vida.

Las despedidas

La otra intuición fue ésta: habían viajado a Bonanza a buscar comida y caramelos para una fiesta que pensaban hacerle a los niños por un aniversario más del derrocamiento de la dictadura de Somoza, que además era la despedida de Brenda ahora que le había sido aprobada una beca para estudiar en Cuba.

 Aarón estuvo donde su madre. 

La señora despidió a su hijo con un "cuídese muchacho"; y la respuesta fue seca: un beso en la mejilla y "tal vez nos volvemos a ver".

La tarde del 25 de julio, Medina intentó tranquilizar a Brenda. --Todo va a estar bien --le dijo. Ella sintió algo feo. Se había bebido un vaso de agua para tranquilizarse, pero ¡qué va! Le dijeron lo del campesino que llegó a anunciar que los contras llegaban. 

Había sido interrogado sobre las condiciones del lugar, el número de personas a poner resistencia. --Hay siete --les dijo. Avisó y se fue tan rápido como su aparición.

Los pobladores de Salto Grande estaban expectantes. 

Una señora nerviosa hablaba de ir a traer la comida que tenía en un congelador. René, Aarón y el resto recomendaron la Escuela como refugio. Así

Ese día, Brenda Rocha tenía 15 años y un uniforme verde olivo puesto. Después de haber participado en la Cruzada Nacional de Alfabetización había quedado enamorada por completo de la gesta contra Somoza. 

El 25 de julio se metió en la casa de los milicianos sandinistas --que por debajo tenía conductos hasta las trincheras--, cogió unas balas y vino la segunda preocupación. --¡Oye! ¿y si los fusiles se enconchan, muchachos, qué vamos a hacer? 

También hay que ir a apagar las palancas de energía, acuérdense de que esa es la señal--. Eran las 5:30 p.m. El cielo estaba nublado, quería llover.

La frase de Leonel Rugama

5:31 p.m. Las balas nunca avisan. Empezaron los disparos desde un cerro cercano. La casa y la trinchera quedaban en una hondonada. 

Se había escuchado que los contras le gritaron a René, el político de la célula sandinista de Brenda. --¡Que se rinda tu madre! --les respondió. Tenía un M-16 que no le sirvió de mucho, porque en unos minutos estaba

En las trincheras estaban Brenda, Aarón, doña Cristina, Lázaro... Las mujeres vieron agonizar a René. En sus últimos minutos preguntaba dónde estaban el primero y el segundo jefes del grupo. Ya se habían ido. 

En ese momento hirieron a doña Cristina; Brenda fue viendo cómo iban matando uno a uno a "sus compañeros".

Cuando hirieron a doña Cristina, Ramón era uno de los más queditos, pero le dijo a Brenda que se hicieran del otro lado de la trinchera para evitar ser un objetivo más preciso. Ella le preguntaba si estaba bien; tenía los ojos rojos de las lágrimas.

 Todavía no se había percatado de que minutos antes don Ramón había muerto. Le seguía hablando. "En lo que vuelvo a ver, veo que le habían desbaratado toda la frente, todos los sesos estaban allí. No se escuchó quejido, había muerto de inmediato".

A Brenda se le enconchó el fusil y gritaba a los otros que no le servía. Cuando sintió un primer balazo en su brazo derecho, un calor inmenso, el primero de más de 10. 

La muchacha de 15 años disparaba a lo loco, mientras miraba al resto morir uno a uno.

 Le dispararon también en las piernas. --Sentí un dolor agudo, y me dije: Hasta aquí llegué. Había escuchado una explosión más adelante, cerca de la represa.

Pateaban los cadáveres

Los contras empezaron a bajar de la montaña una hora después de iniciado el combate. Patearon a René y al que hallaban a su paso; después les pasaban un cuchillo por la garganta. Brenda contenía la respiración. 

Ya estaban cerca de ella, cuando desde el cerro un contra gritó que venían refuerzos de los sandinistas y se fueron. Ella contuvo la respiración hasta el silencio.

 Una señora descubriría, más tarde, que Brenda aún respiraba y pegó un grito. "Está viva, yo la escuché gritar", y se la llevaron a la Escuela.

El refuerzo llegó de noche. Hallaron todos los cuerpos, excepto el de Aarón. Éste fue encontrado después, irreconocible para su madre. 

Le habían quitado la piel, y supieron que era él por el uniforme y sus pertenencias. Aquello fue sanguinario. "Tal vez no nos volvamos a ver", recordaba Brenda. Las últimas palabras que aquél le dijo a su madre.

Tenía 14 balazos

De la Escuela la trasladaron al hospital. Se desmayó. Había recibido 14 balazos en el brazo derecho. Vinieron a más las calenturas, la infección, la vena artificial no daba resultado y después le amputaron el brazo. Hasta antes de eso, pasaba noches sin dormir.

-- Te la presento, ella es la psiquiatra, quiere hablar con vos.

-- ¿Qué pasó, doctor, que me presenta a un psiquiatra?

-- Te tuvimos que amputar el brazo y queremos que te ayude.

-- No es ningún problema, yo siento que puedo vivir sin mi brazo, pero me duele lo que le pasó a mis compañeros. Eso me duele.

Lo que vino semanas después fue una fotografía que le tomaron cuando unas maestras la condecoraron durante su recuperación. Su rostro sonriente, sin su brazo, salió en un póster. 

Se le conoció entonces como la “Sonrisa de la Revolución”, algo que no fue tan fácil para ella.

-- No podía ir a cualquier lugar sin ser reconocida. Era una tamaña responsabilidad. Me exigía el doble. Tenía que demostrar que podía dar más, recuerda ahora.

Hay un poema de la escritora nicaragüense Gioconda Belli, que describe a Brenda Rocha de cuerpo entero. 

Se llama: Seguiremos Naciendo, y es del libro Costillas de Eva, de 1986. "Cuando jurás ser valiente/ ser como Brenda Rocha combatiendo y sonriendo/ ser digna militante de la juventud sandinista, no sé dónde termina mi sangre y comienza la tuya".

Recorrido sangriento

En marzo pasado hizo un viaje a Salto Grande con su hijo de nueve años, que ya le preguntaba qué pasó con su brazo y por algunas de las cicatrices más visibles, como un hueco grande en una de sus piernas. Brenda Rocha dice que debía hacerlo porque así se lo había prometido a todos sus amigos que murieron entonces. 

El viaje era algo que quería hacer desde hacía tiempo y nunca le mintió sobre eso a su hijo.

De ese viaje, Brenda conserva ahora un álbum, en el que su hijo aparece de diversas maneras. En una de ellas hasta sorprendido por las

Cuando Brenda se convirtió en madre en 1995, fue uno de los momentos más felices de su vida. "Es una personita agradable. Sobre mi vida amorosa te puedo decir que ha sido intensa.

 Me enamoré por lo menos tres veces de verdad", pero también ha sido de tristeza, como el 25 de febrero de 1990, cuando más de un sandinista sintió que su mundo se le volvía añicos al ver al ex presidente Daniel Ortega, colocar la banda presidencial a doña Violeta Barrios de Chamorro.

Creció en valores

-- Creo que valió la pena todo. Porque los jóvenes de entonces tenemos otro pensamiento que difiere de los actuales. Valió por el crecimiento de valores en campañas como la Cruzada. Tuvimos educación gratuita, teníamos muchas alegrías, para mí sí valió la pena, opina. Pero en las críticas tampoco se hace menos: para ella la dirigencia debería abrir espacios, porque ya jugaron un papel.

Otro momento de pesadumbre fue cuando murió su abuela. Debió dejar de trabajar con la niñez y las mujeres en Matagalpa, pero la tragedia la llevó también a la capital, donde empezó a dedicarse a un tema que hoy le da de comer. Es el cuido ambiental.

La incursión en la ecología

Brenda Rocha es la responsable de ver el tema de los derrames de combustible que se han dado últimamente en el país de parte de la compañía Texaco. 

Trabaja en un organismo no gubernamental, cuya especialidad es esa. Se llama Alexander Humboldt y ha sido uno de los que tiene posturas más duras contra el

Su oficina es toda una oda al antiimperialismo y a su trabajo. 

Enfrente tiene una pizarra pequeña, donde anota las estrategias a seguir y el chequeo de los derrames en Masaya y Unidad de Propósitos en Managua. 

El protector de pantalla de su ordenador es la imagen de unos marcianos, sacada ahora con lo de la invasión a Irak; los extraterrestres salen con un cartel en un grupo, dando el mensaje que Brenda ha cargado toda su vida: ¡Yankees go home! ¡Váyanse!



Gioconda Belli. De la costilla de Eva (1986).

SEGUIREMOS NACIENDO

de pie en la plaza.

Estamos las dos,

una frente a la otra

bajo la intensa mirada de Carlos,

bajo el cielo dorado de la tarde

y toco la eternidad con mis dos manos.

Me toco y te toco

cuando firmemente pronunciás tu juramento,

cuando jurás ser valiente

ser como Brenda Rocha combatiendo

y sonriendo

ser digna militante de la juventud

No sé dónde termina mi sangre y empieza la

La plaza es como un gigantesco vientre dando

y mi carne se nace de nuevo para parirte,

ahora que has germinado

--muchacha amapola

arrancada del Universo

brotada del fondo de mi cuerpo--.

Dada a la luz estás

hoy que tus ojos brillan

y aman los grandes nombres

la dulce sencillez de nuestro pueblo.

Llena de luz te veo

y la piel se me enciende de orgullo

y el pecho se me invade de campanas

anunciando este parto jubiloso.

Ven y dame la mano,

esa tu mano joven, militante.

Ahora que nos unen Revolución y sangre

enfrentaremos juntas

este futuro de guerra y de victoria

y cuando ames a un hombre

y también brote vida de tu vida,

naceremos otra vez,

muchas veces,

prolongando roja nuestra bandera

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