“Cívicos” que no confiesan sus crímenes 2018
“Miente, miente, miente que algo quedará; cuanto más grande sea una mentira, más gente la creerá”.
Joseph Goebbels, Ministro de Propaganda Nazi.
Nada justifica la perversidad ni en grado mínimo ni extremo. Y aquí fue más que eso. Los tranques constituyeron la obra maestra del sadismo “culto”: matar con pulcritud, refinada vileza y sin margen de error, para exportar a sus generosos proveedores la matanza, y a los distribuidores de patrañas, los pedidos extras de masacres, cargados inmoralmente a la cuenta del legítimo Gobierno Constitucional.
** Los “protestas-pacíficas-no-somos-delincuentes-somos-estudiantes” asesinaron a un verdadero estudiante de Ingeniería, y luego a su papá por el “delito” de pedir su libertad
** Pirómanos de la Verdad, han querido reducir a cenizas su diabólico espectáculo de carnicería
** Pero no han podido con su pretendido conato de olvido
** Las “comandantes” que superaron al Mayor General de la Guardia Nacional, G.N., Gonzalo Evertz, “Vulcano” en León, y al Coronel G.N., Rafael A. Lola, en Jinotepe
** Apreciemos la bendición de la Paz y cesen los "conciliábulos de odio"
** Que asesinatos como los de don Roberto y su muchacho, sean las últimas "páginas fatales de la Historia"
Así como quemaron vivos a ciudadanos inocentes e incendiaron casas con gente adentro, también intentaron prenderle fuego a la memoria de Nicaragua.
Hace ocho años, el país fue sometido a un sangriento aquelarre “autoconvocado”, con sacrificios humanos incluidos, jamás visto en su historia.
“¡oh negros corazones!”, habría dicho Rubén Darío de los que, en sus “conciliábulos de odio y de miseria”, se llenan la boca hablando de “Libertad”, “Estado de Derecho”, “Democracia” y “Derechos Humanos”.
Aquí una parte de lo que aconteció en esos días, y que se refleja en el plagio, tortura y asesinato despiadado en la persona de don Roberto Castillo.
El periodista Alberto Cano, desde su leído portal “Mundo de Noticias” FB, es uno de los nicaragüenses de buena voluntad que han sofocado las llamas de estos PIRÓMANOS DE LA VERDAD, que han querido reducir a cenizas su nefando espectáculo de carnicería.
Pero no han podido con su pretendido conato de olvido.
El “Decano de Carazo” publicó una elocuente semblanza de Roberto, a quien describe como “un héroe de la Paz”.
Este buen ciudadano, trabajador y amistoso, fue asesinado salvaje y cobardemente hace ocho años.
Sus “delitos” fueron: portar un carné del Frente Sandinista y pedir el fin de la violencia.
Y el “peor pecado”: rogar que los tranqueros le entregaran vivo a su muchacho, su hijo, su sueño.
La respuesta de los que encabezaban las “protestas pacíficas-no-somos-delincuentes-somos-estudiantes” fue matar al que sí realmente era estudiante de la carrera de Ingeniería Civil, en la Universidad Nacional de Ingeniería, UNI, Cristopher Castillo.
Nada de esto reportó la Omisión Interamericana de Derechos Humanos de la OEA.
Lo que sí “agregó” a su doloso como alquilado desinforme, fue la desaparición y homicidio de este joven de 23 años, como parte de “los estudiantes muertos a manos de los paramilitares y las fuerzas represivas del gobierno”.
Después, secuestraron a su papá, don Roberto.
Lo torturaron hasta quitarle, en nombre de la Libertad, la Democracia y los Derechos Humanos, el primer Derecho Humano del hombre: la vida.
Fue otro hecho desalmado, entre las mortíferas tropelías ejecutadas por los instigadores del atropello a la dignidad humana, que los organismos “imparciales” también atribuyeron al Gobierno Constitucional del entonces presidente Daniel Ortega, hoy copresidente.
Valoro la pluma humanista con que Alberto retrata la vida de don Roberto, que, al margen de lo testimoniado, no merecía morir de esa forma espantosa; ni él ni nadie, porque solo Dios, el Señor Yahvé, es el único que tiene la potestad de DESCOLGAR Y GUARDAR EL CALENDARIO de cada quien, no los sanguinarios cínicos demonios “cívicos”.
En la actualidad, los meses de junio y julio son casi un 2 de noviembre en Nicaragua, gracias a los fariseos que ahora se rasgan las vestiduras, cuando fueron los causantes de una alevosa y monstruosa oleada de asesinatos, incendios y destrucción en el país.
Nuestra Patria ensangrentada nuevamente, en 2018, por nefarias ambiciones de poder.
“LÍDERES DEL PUEBLO” NACIDOS EN CUNA DE ENCAJES
Ambiciones apuntaladas por egolatrías desmesuradas de individuos nacidos en cunas de encajes y con aire acondicionado, que de pronto el obispo Rolando Álvarez los ungía como “líderes del pueblo”, sin haber entrado una sola vez al Mercado Oriental ni saber lo que es viajar apretujados en los buses de Managua.
“Dirigentes” surgidos de odios descontrolados y de antiguos rencores sin fecha de vencimiento, pero no del seno del pueblo.
Don Roberto fue uno de esos muertos por la saña de los sicarios “bendecidos” por santulones agrio-cultores de cizañas.
EL CATECISMO DE GOEBBELS
Nada justifica la perversidad ni en grado mínimo ni extremo.
Y aquí fue más que eso. Los tranques constituyeron la obra maestra del sadismo “culto”: matar con pulcritud, refinada vileza y sin margen de error, para exportar a sus generosos proveedores la matanza, y a sus distribuidores de patrañas, los pedidos extras de masacres, cargados inmoralmente a la cuenta del legítimo Gobierno Constitucional.
Con el cuento de “la libertad” y que “la dictadura aquí, allá, y bla-bla”, los “demócratas” al carburo, los “inmarcesibles”, cometieron crímenes que solo Hitler y Goebbels aplaudirían.
Sí, el Goebbels cuyo catecismo siguieron al pie de la letra: hacer que con su propaganda una situación se simplificara al punto de enderezar todo el arsenal de sus infamias a “un solo enemigo”.
De esa forma, manejando los sentimientos, la gente perdería su capacidad de cuestionamiento, y terminaría tragándose hasta los punto y comas de la deleznable trama.
Quemaron vivo a nicaragüenses en los tranques, despedazaron a los secuestrados hasta arrancarles la vida poquito a poquito, culatazos de por medio sobre cabezas rajadas con bestialidad; mataron al padre y a su hijo, como narra Alberto: Roberto y Cristopher Roberto Castillo Rosales.
En su descripción, afirma que fue “víctima de los enemigos del pueblo” y que “lo asesinaron a sangre fría”.
“El 5 de julio del 2018, los golpistas criminales secuestraron a Castillo, cuando se dirigía a su trabajo, fue golpeado, brutalmente torturado y finalmente asesinado.
“El horrendo crimen ocurrió diez días después que los mismos grupos terroristas, asesinaron a su hijo, Cristopher Roberto Castillo Rosales, a quien dejaron tirado en una calle del reparto Ana Virgen Noble de Jinotepe, en cuyos basureros también fue encontrado el cadáver de nuestro hermano, Castillo Cruz.
“Días antes de ser asesinado, Roberto, grabó un vídeo donde exhortó a las hordas criminales y golpistas y a quienes plácidamente desde los mejores hoteles de Managua, dirigían y alentaban el odio, la muerte y destrucción a contener su cruzada demoníaca que puso en peligro la paz de las familias nicaragüenses y en respuesta los mal llamados pacifistas lo asesinaron de la manera más cruel y aberrante”.
VIEJA ESCUELA FASCISTA
Los adalides del descaro en el siglo XXI, en vez de reconocer sus actos execrables, simplemente culparon a la Policía Nacional y a los veteranos combatientes de la guerrilla sandinista.
Una vieja práctica fascista de las criminales SS de Hitler, que responsabilizaban a los judíos de sus tenebrosas acciones llevadas a cabo para perseguirlos, confiscarlos y justificar el Holocausto.
Es la fecha y todavía algunos se tragan las falacias de aquellos acólitos del Príncipe de este mundo.
Es asunto de oír la verdad o creer la falsedad, y un embuste, por muy sazonado de pretextos y “razones” de la sinrazón, siempre será un diabólica maquinación.
Jesús advierte: Satanás es el padre de la mentira.
En la Historia de Nicaragua, el Frente Sandinista, por ejemplo, evitó la crueldad, el vejamen de la persona, y el terror, como “instrumento de lucha”.
Carlos Fonseca predicaba que los sandinistas de verdad no podían imitar o repetir las iniquidades del somocismo. Algunos se integraron supuestamente con esa mística, pero del diente a la consigna.
Y, ciertamente, algunas “comandantes” a quienes, desgraciadamente, les permitieron conducir las luchas en León y Jinotepe, perpetraron crímenes como los de hace ocho años, cuando ya la Guardia se había rendido. Sin embargo, ahora son “paladines de los derechos humanos”.
Seguramente el Frente no sabía que eran capaces de superar al Mayor General de la Guardia Nacional, G.N., Gonzalo Evertz, “Vulcano” en León, y al Coronel G.N., Rafael A. Lola, en Jinotepe.
A una tal “comandante”, el pueblo mismo y los combatientes de la ciudad le quitaron de sus garras nada menos que al querido y respetado Bambino, el Triple Corona jonronero, Pedro Selva.
Andaba aquella endemoniada con unas ganas de matar que…
Si la gente no lo logra salvar de un paredón injustificable, para darle rienda suelta a su morbo, esa que hoy habla de “dictadura”, “derechos humanos”, “paz” y “democracia”, hubiera aumentado su cementerio personal que dejó en Carazo.
La otra en León arrastró con un Jeep, en vez de caballo como en el Lejano Oeste, a un oficial desarmado de la Guardia ya derrotada.
Parece que estos “líderes democráticos” no se saciaron en 1979 con su “Ofensiva Personal”, que así degradaron la Ofensiva Final en sus manos, y debieron completar su inhumana sed de sangre en 2018.
El cronista señala que “Roberto se dio por entero al pueblo y pagó junto a otros militantes nuestros el costo y el sacrificio por mantener la paz con su propia vida y la de su hijo”.
Los autores intelectuales y materiales, “beatos” y mundanos, hace tiempo que debieron haber asumido sus abominables transgresiones ante las leyes de Dios y de los hombres, y no culpar de sus atrocidades a otros.
Pero son crímenes inconfesables.
TODO SE PAGA EN LA VIDA Y EL RESTO…
Casi una década después, a las huestes del Bajísimo les podrá resbalar el dolor de los familiares, pero no la justicia que el Altísimo les tiene preparada, pues, declara Isaías, “el Señor es nuestro juez, nuestro legislador y nuestro rey” (33:22).
Porque todo se paga en la vida, y el resto de la factura en las coordenadas reveladas por Jesús: “donde el gusano de ellos no muere, y el fuego nunca se apaga” (Marcos 9:48).
Por si acaso los “iluminados intelectuales” salen con que “eso es religión”, uno de los Siete Sabios de Grecia, Solón, poeta y legislador, ya los sentenció desde la antigüedad:
“No duran por cierto mucho tiempo para los mortales
las obras de la insolencia”.
Solo Dios sabe de las inmundas páginas que los victimarios cortaron de sus nefastas biografías incompletas.
No obstante, como la sangre de Abel derramada por Caín, que tanto le dolió al Señor, la sangre de Roberto…
“...la sangre de tu hermano clama a mí desde la tierra”.
Génesis 4:10.

