Trump avanza contra Cuba ante la falta de coordinación de los países latinoamericanos contra el bloqueo.
La gazificación de la mayor de las Antillas para hambrear a millones de personas se produce ante nuestros ojos como si solo la voluntad de sus habitantes fuera la única capaz de establecer los límites para soportar el dolor de una vida diezmada, precarizada y animalizada por la falta de alimentos, suministros diarios de energía y transporte.
La doctrina Donroe ocupa el vacío geopolítico de América Latina y El Caribe por falta de voluntad política de poner un límite a Estados Unidos.
A Cuba, por ejemplo, la bloquean, la inducen a un colapso total de alimentos, energía, transporte y servicios, mientras uno de los países más grandes de América Latina, Brasil, por ejemplo, se niega a hacer algo más que una declaración de condena para la foto.
Trump avanza porque del otro lado no hay mucho.
México es uno de los receptores de las críticas por sus dificultades para enviar petróleo a la isla debido a que es casi el único país de la región que intenta, en soledad, hacer algo; enviar alimentos y medicinas en barcos de ayuda humanitaria.
Venezuela, el gran apoyo de Cuba en los últimos años, no puede sacar un buque petrolero sin que el despliegue marítimo estadounidense en El Caribe lo detenga y decomise.
Colombia, en las vísperas de una elección presidencial, intenta apaciguar las amenazas trumpistas mientras el resto de Latinoamérica asiste como espectador pasivo a una asfixia económica y humanitaria que convierte las víctimas cubanas en cifras de un noticiero.
La doctrina Donroe ocupa el vacío geopolítico de América Latina y El Caribe por falta de voluntad política de poner un límite a Estados Unidos
El Caribe se convierte en una región ocupada donde Washington puede secuestrar un presidente y crear una hambruna sin consecuencias.
El manual imperialista dicta, en su menú, acciones extremas de un mismo modus operandi; a Cuba y Venezuela les toca la fuerza para aleccionarlos, a Honduras (¿y Colombia?) las amenazas de sanciones contra su sistema electoral y su legitimidad democrática, y a México, un complejo andarivel de negociaciones de seguridad y aranceles para evitar ser bombardeada con la excusa de la lucha contra los carteles.
Los gobiernos de derecha, los Milei y los Noboa, aplauden para ejercer patente de corso en sus países para desarmar todo lo público y mercantilizarlo.
La región parece asistir a una anestesia de la rebeldía y una aceptación cruda de la realidad geopolítica; cada país vale más por su cuenta que unido como bloque con una agenda en común.
La mayor apuesta no está en la acción propia y colectiva, sino en la especulación que una mala elección de medio término de Trump en Estados Unidos lo debilite tanto que lo obligue a resignar los rasgos más imperialistas de su doctrina “Donroe”.
Una especulación que pone afuera la resolución de un vacío político; la dirección hacia un destino común como región en un mundo cada más salvaje.
Es el entierro definitivo de una unidad política, económica y cultural por fuera de los márgenes dictados por las potencias globales.
Una realidad donde los pueblos latinoamericanos son peones de un juego de ajedrez que se define en otros lugares.
https://www.diario-red.com/opinion/bruno-sgarzini/bloqueo-cuba-pasividad-regional-triunfo-doctrina-donroe/20260216100000063972.html
