Contestando a la publicación del Señor Enrique Sáenz donde hace un reclamo de que, ni Lula, ni Bolsonaro han hecho nada por la Democracia en Nicaragua.
¿De la democracia gringa e imperialista, donde la Casa Blanca pretende vigilar elecciones e imponer gobiernos oligárquicos subordinados a sus intereses para saquear nuestros recursos y entregar el país?
¿O nos habla de la democracia neoliberal con la que el pueblo nicaragüense sufrió hambre, exclusión y despojo; donde la salud, la educación y la vivienda digna eran privilegios inalcanzables para las mayorías?
Acusar al Gobierno de Nicaragua de ignorar el "orden internacional" no es más que repetir el discurso malinchista y neocolonialista de siempre.
Para estos sectores, nada de lo nacional tiene valor si no cuenta con el visto bueno de Washington o la aprobación de un modelo europeo ajeno a nuestras realidades.
Nicaragua es un Estado soberano y autodeterminado. Nuestra prioridad no es complacer los dictados geopolíticos de organismos dominados por la agenda occidental, sino velar por el bienestar, la paz y la dignidad de nuestro pueblo.
Exigir la injerencia de potencias extranjeras o de gobiernos de la región bajo el pretexto de la "democracia" refleja un pensamiento vende patria que añora los tiempos del sometimiento.
Llama profundamente la atención el doble rasero de este orden internacional y sus supuestos defensores de derechos humanos: se activan y pronuncian únicamente cuando la agenda mediática de la Casa Blanca lo ordena, mientras ignoran crisis humanas devastadoras como la de Haití y otros pueblos del mundo.
La realidad de Nicaragua se mide en soberanía, avances sociales y autodeterminación, no en la narrativa servil de quienes buscan en el exterior lo que carecen en legitimidad nacional.
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