El equipo económico de Flávio estudia recortar cerca del 2% del PBI. Como Milei en 2023, prometen que el ajuste no se hará en jubilaciones ni en derechos sociales, pero el antecedente argentino los contradice
En junio de 2026, tras reunirse con Javier Milei en la Quinta de Olivos, Flávio Bolsonaro publicó en sus redes sociales que si en la Argentina hay motosierra, en Brasil habrá "tesouraço" (tijeretazo).
En aquel posteo, el candidato ultraderechista prometió que sería un recorte de impuestos, de burocracia y de corrupción: un manual de acción casi calcado del de la campaña de Milei, que prometió lo mismo pero recortó drásticamente en jubilaciones, salud, educación, seguridad y discapacidad.
El presidente argentino se enorgullece del "impacto internacional" de su histórico ajuste; sin embargo, en Brasil ese ajuste puede ser un antecedente peligroso ante el electorado.
Jubilaciones, discapacidad, salud y educación
En una entrevista con el Jornal Nacional, Bolsonaro anunció que realizaría un ajuste de alrededor de 40 mil millones de dólares en el presupuesto federal. Este recorte se basaría en la supresión de diez ministerios, la corrección de "la mala gestión" y la venta de inmuebles estatales.
Uno de los ajustes más sensibles que podría realizar el candidato ultraderechista si llega al gobierno es el de las jubilaciones. El equipo económico de Bolsonaro propone que las jubilaciones dejen de acompañar las subas reales del salario mínimo y se corrijan solo por inflación. Esa "desindexación" afectaría sobre todo a los jubilados de menores ingresos.
Por su parte, el Benefício de Prestação Continuada (BPC), que paga un salario mínimo a ancianos y personas con discapacidad de bajos recursos, también sufriría recortes.
Este año, bajo el gobierno de Lula da Silva, este derecho alcanzó a 6,7 millones de personas, según cifras oficiales del Ministerio de Desarrollo Social.
Pero esta política pasaría a ajustarse solo por inflación. El cambio podría exigir una enmienda constitucional, ya que la Constitución brasileña establece que esta política de Estado no puede ser inferior a un salario mínimo.
Hoy Brasil destina el 15% del ingreso neto de impuestos a salud y el 18% de la recaudación neta a educación. La propuesta del equipo de Bolsonaro limitaría esas transferencias y eliminaría los pisos porcentuales de inversión en estas dos áreas, como hizo el gobierno de Michel Temer.
Cabe señalar que, con la fórmula actual, cuando la recaudación sube, el piso sube en la misma proporción, y la recaudación en Brasil suele crecer por encima de la inflación.
Con la regla de Lula, salud y educación tienen garantizado un aumento real año tras año; no así si esta disposición se modifica.
Una proyección del Centro de Debate de Políticas Públicas (CDPP), de São Paulo, sostiene que la fórmula de Bolsonaro podría sacarles 23 mil millones de reales a salud y educación durante el primer año y 145 mil millones al final de la década.
El equipo económico de Bolsonaro propone que las jubilaciones dejen de acompañar las subas reales del salario mínimo y se corrijan solo por inflación. Esa "desindexación" afectaría sobre todo a los jubilados de menores ingresos
El recorte del que Flávio Bolsonaro habla en campaña, emulando a Javier Milei, apunta a eliminar al menos diez ministerios, cargos comisionados y supersalarios, además de vender inmuebles y "sanear" empresas estatales estratégicas antes de privatizarlas.
Sin embargo, según la Instituição Fiscal Independente (IFI), dependiente del Senado, en 2026 los gastos obligatorios ocupan el 90,8% del límite de gasto y dejan solo el 9,2% para los discrecionales. En el presupuesto para 2027, esas proporciones serían de 89,4% y 10,6%.
Esto quiere decir que es muy difícil que el recorte de 200 mil millones de reales que anuncia Bolsonaro se haga sin tocar la seguridad social, las jubilaciones, la salud, la seguridad y la educación.
Además, esos fondos discrecionales son mucho más que "supersalarios", viajes de funcionarios o cargos comisionados: incluyen la inversión y el funcionamiento de universidades, hospitales federales y hasta la Policía Federal.

25 de julio de 2026: El líder argentino Javier Milei (en primer plano) participa en un acto político del Partido Liberal (PL) en São Paulo, Brasil. El principal partido conservador del país formalizó la candidatura presidencial de Flavio Bolsonaro. Crédito: Paulo Lopes / Zuma Press / Europa Press
Privatizaciones
Desde sectores importantes que apoyan a Flávio Bolsonaro y que están en contacto con el equipo económico de su eventual gobierno, como Walter Maciel Neto, CEO de la gestora AZ Quest, afirman que el gobierno debe empezar por recortar el gasto en jubilaciones y en el Poder Judicial. Daniella Marques y Adolfo Sachsida son las dos voces "autorizadas" del bolsonarismo para adelantar algunas de sus medidas. En ese sentido, Marques ya anticipó un recorte del 1,5% del PBI en la primera fase de gobierno si triunfan en el balotaje. Sachsida, por su parte, es un conocido defensor de las privatizaciones.
Éste ya había sido ministro de Jair Bolsonaro, más precisamente de Minas y Energía, y bajo su gestión se concretó la "capitalización" (una privatización encubierta) de Eletrobras.
En vez de poner en venta la totalidad de su paquete accionario, una medida que habría sido impopular en una sociedad de fuerte impronta nacionalista, el gobierno de Jair Bolsonaro emitió nuevas acciones que el Estado brasileño no compró y que quedaron en manos privadas. Así, el Estado pasó de tener el 72% del control a ser un accionista más con poder de voto del 10%.
Cuando Marques y Sachsida hablan de "sanear" las estatales, el caso Eletrobras prende las alarmas como antecedente de una "privatización a la brasileña".
“Ajustar sí, pero no mis derechos”
Según el informe BTG/Nexus publicado el 19 de octubre, entre quienes creen que la economía empeorará en los próximos seis meses, Flávio obtiene el 59% de los votos, contra 21% de Lula. Este dato es aún más llamativo cuando se lo contrasta con un estudio del Instituto Ideia para el Movimento Orçamento Bem Gasto, realizado en diciembre de 2025.
La encuesta mostraba que la mayoría percibe un exceso de gasto en el gobierno de Lula y que siete de cada diez apoyan una regla para controlar su crecimiento.
Sin embargo, el 78% quiere que las jubilaciones, el BPC y el seguro de desempleo sigan reajustándose según la evolución del salario mínimo, y más del 60% defiende los pisos mínimos en salud y educación. Esa contradicción la enfrentan tanto Flávio como Lula en su electorado: la sociedad brasileña parece desear un ajuste, pero no uno que toque sus derechos.

25 de julio de 2026: El líder argentino Javier Milei (en primer plano) participa en un acto político del Partido Liberal (PL) en São Paulo, Brasil. El principal partido conservador del país formalizó la candidatura presidencial de Flavio Bolsonaro. Crédito: Leco Viana / Zuma Press / Europa Press
La sombra de Milei
Pese a lo que sostiene una y otra vez el presidente argentino sobre su proyección internacional, la imagen de Javier Milei en Brasil es mayoritariamente negativa.
La última encuesta pública de AtlasIntel registró casi un 60% de opinión negativa, y su aparición en la convención del Partido Liberal generó un rechazo abrumador: un relevamiento de DataLab analizó 158.000 menciones en redes y el 84% fueron negativas.
Andrei Roman, CEO de AtlasIntel, sostuvo que la participación de Milei en la campaña de Bolsonaro tiende a traer más perjuicios que beneficios. De eso tomó nota Lula da Silva, que incomodó al candidato ultraderechista con su pregunta sobre la "motosierra" en pleno debate. Milei parece ser mala palabra para gran parte de la sociedad brasileña.
Sin embargo, el clan Bolsonaro mantiene un vínculo estrecho con él, sobre todo a través de Eduardo Bolsonaro y sus lazos con el mileísmo digital. Flávio, por su parte, utiliza la imagen del presidente argentino para movilizar a su núcleo duro, pero lo mantiene al margen a la hora de conquistar el voto de los sectores populares y medios.
La sociedad brasileña parece desear un ajuste, pero no uno que toque sus derechos
Flávio Bolsonaro se encuentra así ante una paradoja. Su estrategia electoral de cara a la primera y la segunda vuelta ha sido mantener el concepto de "tijeretazo" de forma ambigua, sin precisar dónde lo aplicaría y apoyándose en la popularidad que tiene la idea de "recorte" en gran parte de la sociedad brasileña.
Sin embargo, los sectores que el mercado señala como predilectos para pasar la tijera o la motosierra (jubilaciones, programas sociales, salud y educación) son aquellos que esa misma sociedad elige no tocar.
El ejemplo de Javier Milei, que en campaña prometió "ajustar a la casta" sin especificar quién era la casta y luego aplicó un ajuste brutal sobre los sectores más vulnerables, no es un buen precedente para Flávio y es una carta ideal para la campaña de Lula.
https://www.diario-red.com/articulo/america-latina/motosierra-milei-tijera-bolsonaro/20261020204204078788.html
