La ofensiva arrancó hace apenas siete días. Ayer, Ansár Alá tomó Hays, Al Khokha y Mokha, la ciudad portuaria más cercana al estrecho de Bab al Mandeb. El dato decisivo no lo dieron los hutíes: fue el Consejo de Liderazgo Presidencial, el gobierno reconocido internacionalmente, el que admitió que sus fuerzas se replegaron hacia el distrito de Dhubab.
Cuando el bando que pierde confirma la retirada, no queda margen para la duda.
En el mismo movimiento cayeron las islas. Fuentes militares citadas por la agencia EFE reportaron la toma de Zuqar y del archipiélago Hanish, con fuego de misiles desde tierra y desembarcos en embarcaciones pequeñas. AFP confirmó al menos Zuqar. Un funcionario yemení le dijo a Xinhua que las tropas navales del gobierno abandonaron las posiciones y los hutíes simplemente entraron a ocuparlas.
Lo que impresiona no es el territorio sino la velocidad. Se desplomó en siete días una línea de frente que la coalición liderada por Arabia Saudita sostenía desde 2018. Nadie tuvo tiempo de reaccionar: ni Riad, que respondió con unas cuarenta incursiones aéreas sobre Taiz, Hodeida, Al Jawf y Marib según la agencia hutí Saba, ni Washington, que tiene todos sus recursos navales absorbidos por Ormuz.
Acá conviene detenerse en lo que significa esto para un movimiento surgido en el país más pobre de la península arábiga, bombardeado y bloqueado desde 2015. En poco más de una década, Ansár Alá pasó de ser una insurgencia tribal del norte a operar un aparato militar que expertos consultados por The National describen como superior al de muchos ejércitos modernos.
Los números que se manejan son estos. Menos de mil drones y varios cientos de misiles balísticos en total, un arsenal que no es enorme pero alcanza para ubicarlos, en palabras de la ex oficial de inteligencia militar Lynette Nusbacher, a la par de una de las potencias más fuertes del mundo. Fabrican drones propios que cuestan alrededor de 1.500 dólares la unidad. Un informe de The Century Foundation calcula de manera conservadora más de 1.800 lanzamientos de misiles y drones a lo largo de la guerra, con alcances que llegan a 2.000 kilómetros en misiles y 2.600 en drones.
La defensa aérea es el capítulo más subestimado. Convirtieron misiles antiaéreos soviéticos heredados del viejo ejército yemení en balísticos de fabricación propia, y desde 2023 operan los sistemas Barq 1 y Barq 2, con un alcance estimado de 70 kilómetros y capacidad de alcanzar 20 kilómetros de altura. Con eso vienen derribando drones MQ 9 Reaper estadounidenses, que cuestan alrededor de treinta millones de dólares cada uno.
Nada de esto salió de la nada ni ocurrió en soledad. Reuters reportó que armamento y asesoramiento iraní fueron determinantes en la toma de Mokha, y el propio programa de misiles se sostiene sobre una cadena de contrabando híbrida que combina redes tribales yemeníes con proveedores de componentes en centros exportadores del este de China. El dato que mide su eficacia: de los cientos de misiles balísticos lanzados, las fuerzas navales internacionales interceptaron apenas cinco motores en ruta.
Una aclaración necesaria antes de que circule como hecho. Está reportado, pero no confirmado, que los hutíes desembarcaron en la isla Mayun, también llamada Perim, ubicada en el punto más angosto del estrecho. La versión la publicó el medio catarí Al Araby y hasta ahora es la única fuente específica que sostiene la caída de la isla.
No hay confirmación independiente. Vale recordar que en junio circuló una versión sobre un aterrizaje en Mayun que el diario saudí Asharq Al Awsat publicó y después desmintió. En Pulso Global preferimos avisar antes que corregir después.
El efecto sobre el tablero global ya se siente. El Brent trepó más de cinco por ciento y superó los 106 dólares. Los cruces por Bab al Mandeb cayeron a seis buques el jueves, contra treinta el miércoles, según datos preliminares de Kpler. El punto no es que se cierre un segundo estrecho. Es que se cierra la salida de emergencia del primero: Arabia Saudita venía derivando exportaciones al mar Rojo justamente porque Ormuz se había vuelto impracticable.
Queda una pregunta incómoda para Riad. En enero celebró haber recuperado el sur disolviendo al Consejo de Transición del Sur respaldado por Emiratos. Ocho meses después perdió toda la costa del mar Rojo. Habrá que ver si al desarticular el aparato militar emiratí no se quedó sin las fuerzas que sostenían ese frente desde hacía siete años.
