Palestina: Un grito en la oscuridad: Hind Rajab, “Por favor, ven, ven y llévame”

-Palestina: Un grito en la oscuridad: Hind Rajab, “Por favor, ven, ven y llévame”

El Mundial de fútbol es la continuación de la guerra por otros medios

Partamos de un hecho significativo, jugar a la pelota es tan primitivo como las emociones alojadas en el cerebro o la guerra misma. Numerosos vestigios arqueológicos dan cuenta de ello. 

La pelota continúa siendo uno de los primeros juguetes de todas las criaturas humanas en cualquier rincón del planeta. Nuestros mitos también la incluyen. 

Los mayas, por ejemplo, relatan las aventuras de unos gemelos que derrotan a los señores del inframundo, resucitando de la oscuridad y la muerte para traer luz a la tierra: Hunahpú e Ixbalamqué. Después vendrían otras guerras, interminables conquistas y colonizaciones, con ellas la Historia (con mayúscula), escrita por los vencedores. 

Así comenzó el mundial de Trump, vociferando acuerdos de paz, recibiendo inexistentes premios inventados ex profeso. Mientras, en la práctica, avanzaba con políticas de aparheit a cuatro decenas de países. 

Agresiones y amenazas que incluyen a supuestos aliados como la UE, cuyos mandatarios reciben trato de vasallos, quienes, con honrosas excepciones, se disponen a rendir pleitesía. 

 Lo que no ha logrado en el campo de batalla con misiles, porta aviones, flotas y submarinos en Irán; lo busca con diplomacia arancelaria, chantajes, sanciones y propaganda.

Los berrinches, megalomanía y cinismo del dictador expresan más de las sociedades, sus sistemas e instituciones, que del personaje en sí. 

El ritual de la pelota resulta necesario, aunque no suficiente para alcanzar la pretendida hegemonía. 

Empatar la celebración por el 250 aniversario del acta de nacimiento del imperio con la gesta mundialista de posmodernos gladiadores, no debe considerarse bajo ninguna circunstancia como una cuestión azarosa. 

Sus cuerpos represivos como la CIA o ICE nada tienen que envidiar a la GESTAPO de Hitler o a la OVRA de Mussolini.

Nada de lo anterior podría conseguirse sin la complicidad de la FIFA, esa mafia omnipotente y omnipresente, con más naciones asociadas que la propia ONU. 

Legal por increíble que parezca. Su influencia supera a cualquier religión, ideología política, empresa o disciplina científica. Cada cuatrienio, durante cerca de un mes, millones de personas en los cinco continentes se someten voluntariamente a su normatividad y veredicto. 

Su capacidad para monetizar emociones, ilusiones y esperanzas incluidas las de los condenados de la tierra (como los definiera acertadamente el psiquiatra Frantz Fanon), es extraordinaria. 

Los desposeídos terminan por aceptar, con cierta dosis de resignación, que en el fútbol albergan, quizás, la única posibilidad (por improbable y simbólica que parezca), de revertir la opresión; de vislumbrar algo de la justicia negada durante siglos a sus naciones. 

Imaginan el cada vez más escaso e inalcanzable ascenso social, imposible de arañar por medios racionales para la inmensa mayoría de migrantes. Los exitosos terminan por jugar para países que no se reconocen en ellos y los discriminan. En no pocas ocasiones sus goles terminan por sepultar a las naciones de sus raíces.

Tempranamente George Orwell advirtió desde el siglo pasado con su obra, el poder de manipulación que alcanza la industria del espectáculo y entretenimiento. Sus distópicas advertencias resultaron proféticas. El campo de fútbol se ha convertido, también, en otro de batalla. La arena política en la que temas como el racismo, la homofobia, el machismo, la migración, el genocidio, el clasismo, la justicia o los nacionalismos logran colarse, pese al intento, casi siempre exitoso, por silenciarlos e invisibilizarlos. Cuando lo anterior resulta imposible, se busca al menos trivializar o frivolizar sus implicaciones.

Otro botón de muestra la encarnan Peter Thiel y Alex Karp, presidente y CEO respectivamente de una de las empresas emblemáticas de Inteligencia Artificial: Palantir. Recientemente publicaron un manifiesto, que no da lugar a dudas, sobre sus propósitos de control. Autodenominados anarquistas-antiestado han declarado que libertad y democracia son incompatibles; que ha sido un error haber otorgado voto a las mujeres y joyas por el estilo. 

El primero se ha instalado en Argentina recientemente. Su primer trabajo de campo consistió en asistir al estadio Monumental para analizar los sentimientos en la tribuna que despierta en los aficionados, el superclásico entre los equipos Boca Juniors y River Plate. En síntesis, los comportamientos colectivos y la psicología de masas.

Otra de las guerras en las que ya no profundizaron Clausewitz o Foucault, pero que este mundial se ha empeñado en evidenciar, debido a las exorbitantes subastas para presenciar los partidos en los estadios, es aquella pregonada por el multimillonario Warren Buffet, quien, en entrevista de 2006, afirmó: «Claro que la lucha de clases existe, pero es mi clase, la clase rica, la que está librando esta guerra, y la estamos ganando». 

Incluso fue más allá, para 2011 en un artículo publicado en el New York Times reconoció que los sistemas de impuestos a menudo favorecen injustamente a las grandes fortunas frente a las clases trabajadoras. 

En su artículo titulado “Dejen de mimar a los super ricos” examinó que pagaba menos impuestos que su secretaria.

Óscar García González. Psicólogo y Antropólogo. Docente en la Universidad Nacional Rosario Castellanos

https://rebelion.org/el-mundial-es-la-continuacion-de-la-guerra-por-otros-medios/
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