sábado, 19 de enero de 2013

Ruben Dario y la Mujeres



En Rubén Darío los sentimientos amorosos y la admiración por la mujer despertaron muy temprano. 
 
Cuenta el propio Darío, en su autobiografía, que en la escuela de primeras letras de la señorita

Jacoba Tellería fue sorprendido haciendo con una precoz chiquilla “las bellaquerías detrás de la puerta”, como en el verso de Góngora.

Más tarde, su sensualidad afloró hacia los 13 años, cuando en la casa de la tía-abuela Bernarda se enamoró de una prima lejana suya, a quien él da el nombre de Inés en su cuento “Palomas blancas y garzas morenas” de Azul...
 
 “Mi prima Inés, dice era rubia como una alemana”. 
 
Con esta frase se inicia el cuento. 
 
“Inés despertó en mí los primeros deseos sensuales” dice Rubén en su autobiografía.

El adolescente Rubén se le declara. 
 
Ella dice: “Ve, la tontería” y corre a contárselo a la tía Bernarda. 
 
Días después, Rubén entra interno en el Colegio de León, becado por la tía rica de la familia, Rita Darío de Alvarado, esposa de Pedro Alvarado, Cónsul de Costa Rica en León.
 
 Cuando sale de vacaciones, está más enamorado que nunca de Inés, a quien logra besar en la mejilla en el patio de la casa.

Ella se corre otra vez. 
 
En esa época, Darío escribía versos en los álbumes de las niñas que asistían a las fiestecitas de adolescentes de la casa de la tía Rita.
 
 Allí conoció a Fidelina Santiago, de quien todo parece indicar Darío fue enamorado.

Ella se casó con Francisco Castro, quien fue Ministro de Hacienda del Presidente Zelaya. 
 
Siguieron siendo muy amigos toda la vida y fue en una casa del matrimonio Castro-Santiago, en la ciudad de León, donde Darío murió el 6 de febrero de 1916. 
 
En 1908, Rubén dedicó a doña Fidelina el famoso madrigal que dice:

“Fidelina
diamantina
dulce y fina
oye la nota inquieta
que interpreta
el poeta
que se va.”

En esas mismas fiestecitas de adolescentes, Rubén conoció a Mercedes Manning Alonso, tía bisabuela mía, a quien dedicó un poema, y a Rafaela y Julia Contreras, entre otras. 
 
Rafaela Contreras Cañas sería, años después, su primera esposa.

Pero, la primera mujer que despertó en Darío una pasión erótica fue la adolescente norteamericana Hortensia Buislay (Rubén recuerda su nombre en su autobiografía).
 
 Ella era una niña saltimbanqui o trapecista que trabajaba en un circo que llegó a León hacia 1880.  
 
Rubén asistía a las funciones todas las noches. 
 
Como no tenía dinero para pagar la entrada se unía a los músicos y entraba como parte de ellos cargando la caja del violín o las partituras. 
 
Cuando el circo se va de León, Rubén quiere irse con el circo para estar cerca de Hortensia y se ofrece como payaso, pero no pasa la prueba.

A los 14 años Darío se traslada a Managua y trabaja como secretario en la Biblioteca Nacional.

Ya es famoso y le llaman el “poeta-niño”. Se hospeda en casa del Dr. Modesto Barrios, quien le lleva a las fiestas y tertulias literarias de la vieja Managua. 
 
En una de ellas conoce a Rosario Emelina Murillo Rivas. 
 
Es una niña de unos 12 ó 13 años, alta y esbelta. 
 
Darío la describe así: “rostro ovalado, color levemente acanelado”… “boca cleopatrina”, ojos verdes, cabellera castaña, “cuerpo flexible y delicadamente voluptuoso, que traía al andar ilusiones de canéfora”. 
 
Rosario cantaba y tocaba muy bien el piano. 
 
Para Rubén, ella era la encarnación de la diosa “Afrodita”, diosa de la belleza y el amor.

Se enamora locamente de ella. 
 
Se hacen amigos y por las tardes van a la costa del lago de Managua a contemplar las olas y el paisaje. 
 
De ella recibe Rubén “el primer beso de labios de mujer”. 
 
Tiene apenas 14 años pero está decidido a casarse con Rosario. 
 
Sus amigos se ríen y lo embarcan rumbo a El Salvador. 
 
Pocos meses después, regresa de El Salvador y reanuda su noviazgo con Rosario, a quien en el cuento de “Azul” llama “garza morena”. 
 
Sin embargo, llega a sus oídos algo que ha ocurrido con Rosario durante su ausencia. Rubén sufre “la mayor desilusión que pueda sufrir un hombre enamorado”.

Así lo dice en su autobiografía. 
 
Entonces decide irse del país. Le aconsejan que se vaya a Chile. 
 
Tiene apenas 19 años de edad. En Chile publica una plaquet de poemas que intitula “Abrojos”.

En uno de ellos dice, quizás refiriéndose a Rosario:

“Quién fue ese bandido
que te vino a robar
tu corona florida
y tu velo nupcial”
.
Regresa de Chile a los 22 años, después de publicar “Azul”, que le abrió las puertas de la fama.

Reanuda su noviazgo con Rosario Murillo.
 
Darío sigue perdidamente enamorado de ella. 
 
Quiere casarse, pero no tiene un trabajo estable. 
 
Sale otra vez para El Salvador. El Presidente Meléndez, que es partidario de la unión centroamericana, lo nombra director del diario “La Unión”.
 
Darío visita el hogar de doña Manuela Cañas viuda de Álvaro Contreras, político hondureño y famoso orador. 
 
Doña Manuela tiene dos hijas: Rafaela y Julia. Julia se casa con Ricardo Trigueros, hijo de un rico banquero salvadoreño.
 
Darío se enamora de Rafaela.

A las señoritas Contreras Darío las había conocido en León, siendo niñas, en las fiestecitas de la casa de la tía Rita Darío.
 
 Rafaela es una joven de baja estatura, cabello castaño, grandes ojos negros y tez morena, graciosa y con un gran don de simpatía. 
 
Rafaela es escritora, escribe cuentos modernistas con el seudónimo “Stella”.
 
 Los entrega al periodista costarricense Tranquilino Chacón, quien trabaja en el periódico “La Unión”, del que es Director Darío.

Son buenos cuentos, de estilo modernista y Darío los publica sin saber, entonces, que Rafaela es la autora. 
 
Se conservan nueve cuentos escritos por ella y un poema.
 
 He aquí algunos de sus títulos: 
 
“La mujer de cristal”, “Reverie”, “La turquesa”, “Humanzor”, “La Canción del invierno” (poema en prosa) y “Las ondinas”.

El 21 de junio de 1890 Rubén y Rafaela contraen matrimonio civil en San Salvador.
 
 Los testigos fueron Tranquilino Chacón y Francisco Gavidia, quien introdujo a Rubén en el conocimiento de la poesía del gran poeta francés Víctor Hugo y le señaló las posibilidades del alejandrino francés en la poesía en castellano.

Al día siguiente hay un almuerzo en honor de los recién casados, al que asiste el general Carlos Ezeta, amigo de Rubén y jefe del Estado Mayor presidencial. 
 
Esa noche hay una fiesta en la Casa Presidencial y se produce una rebelión militar. 
 
El Presidente Meléndez, protector de Darío, cae muerto de un infarto al saber que el golpista es Carlos Ezeta, el militar de su mayor confianza.  
 
Rubén rehúsa colaborar con Ezeta y sale para Guatemala. 
 
Allá el Presidente de Guatemala, general Barillas, le nombra Director de “El Correo de la tarde”. 
 
Llega Rafaela y se celebra la boda religiosa en Guatemala, en la capilla de El Sagrario de la Catedral.

La fiesta se lleva a cabo en Escuintla. n 1892. 
 
Al dejar la presidencia Barillas se cierra “El Correo de la tarde” y Darío se queda sin trabajo. 
 
Los recién casados deciden trasladarse a Costa Rica, donde Rubén solo consigue trabajos esporádicos en los periódicos de San José. 
 
Nace su primogénito: Rubén Darío Contreras, de quien proceden los Darío Basualdo y Darío Lacayo

El primogénito de Darío creció en San Salvador, en el hogar de sus tíos Trigueros Contreras, quienes se encargaron de su educación.  
 
Darío recibe en San José su nombramiento como Secretario de la Delegación de Nicaragua que irá a España a las conmemoraciones del “IV Centenario del descubrimiento de América”,

Después de cumplir su misión en España, Darío regresa a Nicaragua y estando en León, en enero de 1893, recibe la infausta noticia de que su esposa Rafaela está gravemente enferma en San Salvador.
 
 Darío tiene la corazonada de que ella ha muerto. 
 
En realidad el fallecimiento ocurrió por causa de un exceso de cloroformo en una operación quirúrgica. Darío se encierra en su habitación por varios días y se dedica a la bebida. 
 
Su hijo, Rubén Darío Contreras queda a cargo del matrimonio de Julia con Ricardo Trigueros, en San Salvador, por petición que Rafaela le hace a Darío en un mensaje manuscrito que le envía antes de morir.
 
 Así concluyó el breve matrimonio de Rubén con Rafaela Contreras, que de haber sobrevivido hubiera sido la esposa ideal para el poeta, ya que ella también era escritora.

Rubén se recupera, se traslada a Managua. Paseando en coche por la calle “El Triunfo”, ve en la puerta de su casa a Rosario Murillo. 
 
Reanudan el noviazgo a los escasos dos meses de la muerte de Rafaela. 
 
En marzo de 1893 se casa con Rosario Murillo, bajo la amenaza de Andrés Murillo, hermano de Rosario, en una “historia de violencia y engaño”, como dice Rubén en su autobiografía. 
 
Andrés Murillo acusa, sin fundamento, a Darío de faltar al honor de su hermana, Darío lo niega.

Pero todo está preparado: cura y testigos.
 
 A Rubén le dan de beber mucho whisky. 
 
Al poco tiempo, Rubén y Rosario salen para Argentina donde Darío ha sido nombrado, por gestiones del Presidente Rafael Núñez, cónsul de Colombia en Buenos Aires. 
 
Llega hasta Panamá con Rosario.

Esta se enferma y regresa a Nicaragua. Rubén no la volverá a ver en muchos años.

Después de vivir cinco años en Argentina, donde publicó “Los Raros” y “Prosas Profanas”, y ya reconocido como jefe del nuevo Movimiento literario modernista, Rubén pasa a España en 1898 como corresponsal de “La Nación” de Buenos Aires. 
 
En el verano de 1899 conoce a Francisca Sánchez del Pozo, campesina española analfabeta, hija del jardinero de la Casa de Campo en Navalsáuz de los reyes de España, en las sierras de Gredos (Ávila).

Francisca tiene 24 años. Rubén la visita varias veces y, finalmente, le propone que se venga a Madrid a vivir con él. 
 
Ella acepta. Rubén y Amado Nervo le enseñan a leer. 
 
Será la compañera de Rubén en España y Francia por varios años.

Fue esta la relación sentimental más estable de Darío. 
 
Ella le decía “Tatay” y también “conejo” y él a ella “coneja”. 
 
Diecisiete años convivió Rubén con Francisca Sánchez del Pozo y fue para él, como lo dijo el propio Darío en el famoso poema que le dedicó su lazarillo de Dios en su sendero:

“Ajena al dolo y al sentir artero
llena de la ilusión que da la fe
lazarillo de Dios en mi sendero
Francisca Sánchez, acompaña-mé”.

Francisca Sánchez del Pozo

Con Francisca tuvo tres hijos, pero solo sobrevivió el último.
 
 La primera fue una mujercita de nombre Carmen, que murió de viruelas a los nueve meses de nacida; luego nació el primer Rubén Darío Sánchez, a quien Rubén llamó “Phocas, el campesino”. 
 
Murió de pulmonía a los dos años.

El segundo Rubén Darío Sánchez, a quien Rubén llamaba “Güicho” le sobrevivió y fue su heredero universal. 
 
Se casó con una dama leonesa de apellido Salgado, de donde provienen los Darío Salgado. 
 
Murió en México en 1948.

Rubén hizo su apoteósico viaje a Nicaragua en 1907, tras 17 años de ausencia para tratar, entre otras gestiones, de divorciarse de Rosario Murillo y casarse con Francisca Sánchez del Pozo.
 
 Sus amigos diputados prepararon una reforma al Código Civil mediante una ley conocida como la “Ley Darío”, que establecía que uno de los cónyuges podía pedir el divorcio unilateralmente después de más de diez años de separación. 
 
Pero, advertida Rosario, decide visitarlo en París en 1907, antes que Rubén emprendiera su viaje a Nicaragua.

Le pide dinero y Rubén le da 2,000 francos para deshacerse de ella lo más rápido, pues le temía. 
 
Cuando ya Rubén está en Managua, en 1908, Rosario se presenta con un Notario y le dice a Rubén que no es cierto que hayan estado separados tantos años, que en París le dio 10,000 francos. Rubén le responde: 
 
 “Pero Rosario, si solo fueron dos mil francos”. Rosario le pide al Notario que atestigüe que estuvieron juntos en París y que le dio dinero.  
 
Rubén cayó en una nueva trampa de Rosario y el divorcio no se pudo concretar. 
 
Años después, en 1915, Rubén llega gravemente enfermo a Guatemala, procedente de Nueva York, invitado por el dictador Manuel Estrada Cabrera, que se proponía explotar la fama del poeta.

Rosario viaja a Guatemala para traerlo a Nicaragua. Rubén se despide de sus amigos y les dice:

“Voy en busca del cementerio de mi tierra natal”. Muere en León, el 6 de febrero de 1916. 
 
Francisca Sánchez del Pozo supo de la muerte de Rubén cuando oyó a un voceador de periódicos gritar: 
 
“¡Murió en Nicaragua el poeta Rubén Darío!”. 
 
Carlos Tunnerman Bernheim-
 
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