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El próximo Superniño provocará el caos en el mundo y no estamos preparados

Si piensan ustedes que ya han oído hablar lo suficiente del creciente Superniño, créanme que van a oír hablar mucho más de él. Lo que está ocurriendo en el Pacífico ecuatorial es asombroso y bien podría suponer uno de los mayores trastornos climáticos globales en un milenio. Provocará una serie de catástrofes meteorológicas en todo el mundo durante lo que queda de este año y en 2027, y no hay motivos para pensar que el Reino Unido vaya a quedar al margen.

En resumen, El Niño consiste en un calentamiento de las aguas del Pacífico ecuatorial central y oriental. Ocurre cada pocos años y forma parte de un ciclo natural denominado «oscilación del sur de El Niño», que alterna entre fases cálidas (El Niño) y frías (La Niña).

 Los fenómenos de El Niño en los que el calentamiento alcanza o supera los 2 ° se definen como «super», pero este, que según las previsiones alcanzará un máximo de unos asombrosos 4º a finales de este año, es de tal magnitud que el término «hiper» podría ser más apropiado.

El Niño no es nada nuevo. Las pruebas de su existencia se remontan a cientos de millones de años y sus consecuencias siempre han sido negativas y perturbadoras.

 La diferencia hoy en día es que está ocurriendo en un momento en el que nuestro planeta se está calentando más rápidamente que nunca y, como resultado, se está intensificando, lo que da lugar a fenómenos meteorológicos cada vez más extremos.

Determinar en qué medida el calentamiento global por sí solo está influyendo en El Niño no es sencillo, ya que su intensidad y otras características cambian de forma natural con el tiempo. Tanto los fenómenos de El Niño como los de La Niña, por ejemplo, han ido aumentando de forma constante en duración a lo largo de los últimos 7.000 años. 

Esto ya es de por sí una mala noticia, ya que significa que el clima mundial se ve desequilibrado durante períodos aún más largos; pero, además, los fenómenos de El Niños más intensos se están volviendo más frecuentes a medida que seguimos emitiendo CO₂ a la atmósfera.

No existe una correlación directa entre la intensidad de El Niño y la magnitud de los efectos en cualquier parte concreta del planeta. 

Pero, dada la cantidad sin precedentes de calor adicional que se está añadiendo a la atmósfera sobre el Pacífico, sería razonable esperar que el mundo sufra condiciones meteorológicas excepcionalmente peligrosas a lo largo de los próximos meses.

¿Cómo le irá, entonces, al Reino Unido? La Oficina Meteorológica ya ha advertido del aumento de la probabilidad de que el otoño y principios del invierno sean tormentosos y lluviosos, por lo que sería prudente empezar a prepararse ya para inundaciones de una magnitud grave, quizás hasta descomunal. 

Al fin y al cabo, el último gran fenómeno de El Niño, en 2015-2016, provocó las inundaciones más extremas jamás registradas en el Reino Unido. 

Los vientos más fuertes son también motivo de gran preocupación, ya que muchos árboles debilitados por las condiciones de sequía extrema de este verano podrían caer a causa de las potentes tormentas que se avecinan. 

Un fenómeno de El Niño intenso también podría traer aire ártico al Reino Unido a finales del invierno, aunque esto está lejos de ser un hecho seguro. Queda por ver si El Niño va a provocar más olas de calor sin precedentes el próximo verano.

Pero es probable que también haya repercusiones indirectas en el Reino Unido, debido a los efectos devastadores que los fenómenos de El Niño intensos tienen sobre la economía mundial.

 Mientras que la gran recesión de 2008 provocó una reducción de unos 2 billones de dólares en el PIB mundial, el Superniño de 1997-1998 causó pérdidas por valor de 5,7 billones de dólares. Gran parte de ello se debió a la contracción de la actividad económica, que puede prolongarse hasta 14 años después de un intenso fenómeno de El Niño. 

El fenómeno de El Niño de finales de los 90 —el más potente del siglo XX— alcanzó un máximo de 2,4 °; el actual ya se sitúa en 2,7 º, lo que significa que no sería de extrañar que se produjeran repercusiones significativas en la seguridad alimentaria, el coste de la vida y el bienestar económico general del Reino Unido.

Independientemente de cómo le vaya al Reino Unido en los próximos meses, es probable que sus retos sean insignificantes comparados con los de otras partes del planeta. Los efectos del fortalecimiento de El Niño ya se están dejando sentir con intensidad, especialmente en la India, que está sufriendo su monzón más débil en 20 años. 

A medida que El Niño alcance su punto álgido a finales de este año y vaya remitiendo lentamente, la costa occidental de Sudamérica y el oeste de EE. UU. pueden esperar lluvias torrenciales, graves inundaciones y deslizamientos de tierra. Mientras tanto, las olas de calor, la sequía y los incendios forestales estarán a la orden del día en toda la Amazonía, el sur y el sudeste de Asia y gran parte de Australia. 

Un pequeño aspecto positivo es que la actividad de los huracanes en el Atlántico tiende a reducirse durante los años de El Niño, pero esto se ve más que compensado por el aumento de los tifones en el Pacífico.

California, en particular, se está preparando para lo peor, sobre todo porque los fenómenos del Superniño del pasado han traído consigo algunos de los períodos más lluviosos de la historia del estado. 

Esto se debe a que los años de El Niño suelen favorecer la formación de «ríos atmosféricos»: corrientes de precipitaciones excepcionales que atraviesan el estado desde el Pacífico durante días, descargando cantidades colosales de lluvia. 

Esas condiciones contribuyeron a la gran inundación de 1862, que dejó una vasta zona del estado bajo el agua, incluido un tramo de 480 kms. de longitud del Valle Central.

 La mayor preocupación es que este fenómeno sin precedentes de El Niño provoque la materialización del peor escenario posible de megatormenta, conocido como ARkStorm. 

Si ocurre esto, cabe esperar que millones de hogares y negocios se inunden, que se produzcan daños a largo plazo en las infraestructuras y que las pérdidas económicas alcancen un total de casi 1 billón de dólares. 

Teniendo en cuenta, además, que las empresas tecnológicas se verían gravemente afectadas, las repercusiones podrían suponer otro duro golpe para la economía mundial.

Los efectos de El Niño se dejarán sentir hasta bien entrado el año 2027, lo que garantizará casi con total certeza que el próximo año sea el más caluroso jamás registrado, posiblemente por un amplio margen. No sería de extrañar que la temperatura media global alcanzara al menos 1,6 ° por encima de los niveles preindustriales, y muy posiblemente 1,7 ° o más.

Cada tonelada de CO₂ que se emite a la atmósfera contribuye a que se intensifiquen los fenómenos de El Niño, y sería bonito imaginar que el monstruo que se avecina pudiera servir de llamada de atención. Pero no. 

Los gobiernos siguen dando marcha atrás en las políticas ecológicas y las empresas de combustibles fósiles siguen planeando su expansión.

Mientras se avecina el Superniño de este año, el gobierno del Reino Unido nos aconseja que hagamos acopio de alimentos al tiempo que se prepara para dar luz verde a la extracción de más combustibles fósiles en el Mar del Norte. 

La disonancia cognitiva ni siquiera alcanza a describir la idiotez de tal razonamiento. Es algo que ni siquiera se podría inventar.

Bill McGuire es catedrático emérito de riesgos geofísicos y climáticos en el University College de Londres. Su último libro se titula “The Fate of the World – a History and Future of the Climate Crisis” (“El destino del mundo: historia y futuro de la crisis climática”).

Texto original: The Guardian, 15 de septiembre de 2025

Traducción: Lucas Antón

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