A Trump no le basta con robarse el petróleo venezolano con la cooperación de sus cipayos en el gobierno de Caracas, sino que ahora va por el oro que pertenece a todo el pueblo de Venezuela.
El destino del oro venezolano retenido en el Banco de Inglaterra, valorado en 4.000 millones de dólares, vuelve a encender la polémica.
El gobierno de Delcy Rodríguez aceptó que los fondos del oro venezolano retenido en el Banco de Inglaterra —valorados en unos 4.000 millones de dólares— sean canalizados a través del Tesoro de USA como parte de un acuerdo, con el argumento de garantizar transparencia en el uso de los recursos para la reconstrucción tras los terremotos de junio.
La decisión genera polémica porque, aunque busca desbloquear activos congelados desde 2018, implica que el control inmediato de esos recursos queda fuera de control venezolano y seguramente pasaran a financiar las guerras de Trump.
A pesar de las promesas de auditorías internacionales para garantizar la transparencia, entregar este activo estratégico compromete aún más la capacidad del país para reestructurar su gigantesca deuda externa.
Se presenta como una ayuda humanitaria sin condicionantes políticas, pero en la práctica deja a Venezuela sin una de sus principales reservas financieras.
El hecho de que los fondos pasen primero por el Tesoro de USA implica que Venezuela no tiene control directo sobre su propio oro y USA puede decidir cómo y cuándo se usan.
Si Washington ya redirige ingresos petroleros al financiamiento de sus guerras, el temor es que extienda esa lógica a otros activos como el oro.
Aunque legalmente debería destinarse a fines humanitarios, la práctica muestra que USA ha reinterpretado acuerdos internacionales según sus intereses estratégicos.
Aunque se afirma que no hay compromisos políticos ligados al desbloqueo, analistas advierten que USA podría usar este mecanismo como precedente para supervisar otros activos venezolanos en el exterior.
El gobierno de Delcy Rodríguez permite este esquema por ser una orden directa de Trump, quien trata a Venezuela como a una de sus colonias, como un país ocupado.
Sin embargo, el costo político es alto: se percibe una nueva traición, como una cesión de soberanía financiera y un reconocimiento tácito de que Venezuela depende totalmente de USA para disponer de su propio patrimonio.
Nunca se había visto tal acto vergonzoso en la historia de LATAM.
Los venezolanos ya no pueden disponer libremente ni del aire que respiran.
Tal sumisión es digna de la historia universal de la infamia.
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