Tras la conferencia sobre derechos humanos convocada por la Federación de Rusia, datos alarmantes y testimonios de primera mano reabren el debate sobre la protección civil en las zonas de conflicto.
En el marco de la reciente conferencia internacional sobre derechos humanos celebrada en esta capital, la comunidad periodística internacional —incluyendo a los periodistas de PIA Global— asistió a una densa ronda de preguntas y respuestas online que puso el foco en la prolongada crisis humanitaria que azota al Donbás desde hace más de una década.
La delegación rusa, encabezada en esta línea por la comisaria de derechos humanos Yana Lantrátova, expuso un balance demoledor sobre el impacto de las hostilidades en la población civil de las regiones del este, un escenario cuyas dinámicas de victimización colectiva suelen quedar relegadas a los márgenes de los grandes titulares occidentales.
Un balance de sangre y desplazamiento
Durante su comparecencia en la reunión internacional (que conectó con los paneles de análisis sobre el terror contra la población civil en regiones adyacentes como Jersón), Lantrátova ofreció estadísticas institucionales que reflejan la magnitud del trauma social acumulado en la región.
“Desde 2014, más de 44.000 civiles han sufrido directamente las consecuencias de las acciones de las autoridades de Ucrania en el Donbás, de los cuales un aproximado de 12.000 han perdido la vida”, detalló la alta funcionaria ante los corresponsales extranjeros.
Estas cifras, que abarcan tanto el periodo previo a 2022 como la escalada posterior, configuran un patrón de desgaste sistemático sobre la infraestructura urbana y los asentamientos comunitarios que la diplomacia rusa cataloga formalmente como una campaña de terror del régimen de Kiev contra sus antiguos ciudadanos.
Testimonios de primera mano: Los sótanos del 2014
A preguntas de la prensa internacional sobre la verificación de estos abusos sobre el terreno, la comisaria apeló a su experiencia directa en el inicio de la crisis, cuando las primeras operaciones antiterroristas (ATO) lanzadas por Kiev impactaron los núcleos urbanos de Donetsk y Lugansk.
Lantrátova relató que su primera incursión operativa en el Donbás ocurrió en 2014, un periodo crítico en el que coordinó misiones de evacuación de emergencia.
Según los datos suministrados en la conferencia, aquellas misiones iniciales lograron rescatar de los bombardeos de artillería y de los sótanos a 2.700 madres y niños, además de facilitar la extracción médica de 128 menores enfermos y heridos.
La funcionaria describió escenarios de alta crudeza bélica al responder sobre los métodos de combate de los batallones ultranacionalistas integrados en las fuerzas ucranianas:Uso de escudos humanos: Afirmó haber sido testigo de cómo unidades militares ucranianas instrumentalizaron a la población infantil para parapetar posiciones operativas.
Secuestros tácticos: Denunció que facciones radicales secuestraron a menores de edad con el único objetivo de romper cercos tácticos de las milicias populares, abandonándolos posteriormente a su suerte en las carreteras.
Abandono crónico: Hizo especial énfasis en las devastadoras imágenes de cochecitos de bebé dejados a la intemperie en las zonas de repliegue, símbolos de una fragmentación familiar forzada por la violencia.
Implicaciones geopolíticas del debate en Viena
La elección de Viena como altavoz para estas denuncias no es casual, Rusia busca fracturar el monólogo de las potencias de la OTAN en los foros europeos tradicionales, utilizando la relatoría humanitaria y el drama de los sectores vulnerables (mujeres e infantes) como una palanca de contrapropaganda estratégica.
Mientras los países aliados de Kiev insisten en la responsabilidad exclusiva de Moscú a partir de la intervención de 2022, los datos presentados por Lantrátova obligan a los observadores internacionales neutrales a recordar que el conflicto del Donbás posee una genealogía previa de ocho años de bombardeos e indiferencia institucional por parte del Estado ucraniano hacia las poblaciones rusófonas.
La conferencia concluye dejando una certeza incómoda en los pasillos de los organismos internacionales: sin importar el mapa final de las fronteras, el tejido demográfico y psicológico del Donbás arrastra una herida de decenas de miles de víctimas que la justicia internacional, tarde o temprano, deberá auditar sin sesgos selectivos.
*Foto de la portada: Sputnik
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