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Marco Rubio ante el Comité de Relaciones Exteriores – Agresividad, evasivas y mentiras al descubierto


En una sesión tensa del Comité de Relaciones Exteriores del Senado, el Secretario de Estado Marco Rubio compareció para defender la agresiva política exterior de la administración Trump. 

Sin la presencia del ya caído Bob Menéndez, corrupto desenmascarado, el Secretario de Estado mostró su rostro más hostil, evasivo e irrespetuoso ante las legítimas preguntas de los legisladores sobre las intervenciones ilegales en Venezuela e Irán, y las crecientes amenazas contra Cuba.

Lejos de ofrecer pruebas concretas, recurrió a narrativas vacías, generalizaciones y mentiras que el canciller cubano Bruno Rodríguez Parrilla no tardó en calificar como tales.

Rubio llegó con la prepotencia de quien representa a un imperio herido y peligroso. Ante cuestionamientos sobre la legalidad de las acciones militares y el derrocamiento de gobiernos soberanos, se mostró agresivo, interrumpiendo y eludiendo responsabilidades. 

No presentó evidencias públicas que justificaran las “guerras ilegales” iniciadas en Venezuela e Irán, ni mucho menos las maniobras que ahora apuntan directamente a Cuba. Sus respuestas fueron un ejercicio de cinismo: acusaciones sin sustento contra países que defienden su soberanía frente al intervencionismo yanqui.

Los congresistas que increparon la gestión de Trump y su secretario Rubio destacaron la ausencia de argumentos sólidos. 

El funcionario evadió una y otra vez exigir pruebas desclasificadas sobre supuestas amenazas, recurriendo a la consabida retórica de “seguridad nacional” para encubrir objetivos económicos. 

En Venezuela, la captura de Maduro y el control de recursos energéticos se presentan como “éxito”, cuando en realidad es un golpe contra la soberanía y un paso hacia el saqueo. 

Lo mismo ocurre con Irán: negociaciones bajo presión militar mientras se mantiene el bloqueo y la agresión. Rubio, con tono irrespetuoso, evitó asumir la responsabilidad por el sufrimiento causado a pueblos enteros.

El punto más revelador fue el giro hacia Cuba. Rubio insistió en pintar al gobierno cubano como “incapaz” de producir alimentos básicos como el arroz, sugiriendo que empresas estadounidenses podrían “copar el mercado” ante la supuesta ineptitud. 

Omitió deliberadamente el criminal bloqueo económico, el asedio al suministro de petróleo venezolano, las sanciones secundarias que impiden la llegada de fertilizantes, insumos energéticos y tecnología, y el impacto histórico del embargo que asfixia la economía cubana.

Esta narrativa es pura manipulación para justificar su codicia: acceder a los recursos minerales, las playas y el potencial turístico de Cuba. 

Rubio, fiel a su historial anticubano, promovió la idea de “cambio de régimen” mediante presión máxima, sin reconocer que el verdadero obstáculo es la resistencia digna del pueblo cubano y su Revolución.

Bruno Rodríguez Parrilla, con la claridad y firmeza que caracteriza a la diplomacia cubana, lo denunció sin ambages: Rubio miente una y otra vez para engañar a la opinión pública estadounidense, al Congreso y a la comunidad internacional. 

“En todas las áreas, sin embargo, él miente, miente y miente”, afirmó el canciller, exponiendo la estrategia de fabricar amenazas inexistentes para justificar una posible agresión.

La comparecencia dejó en evidencia una administración que recurre a engaños, narrativas vacías y agresividad verbal porque carece de argumentos morales y legales. 

Rubio no fue capaz de sostener con pruebas sus acusaciones; prefirió el ataque y la evasiva. Sus detractores en el propio Congreso lo confrontaron con dureza, pero él priorizó la defensa de intereses corporativos y geopolíticos por encima de la verdad y el derecho internacional.

Desde Cuba, se ve con claridad: esta no es diplomacia, es imperialismo disfrazado. El pueblo cubano, acostumbrado a resistir más de seis décadas de bloqueo, no se dejará engañar por las mentiras de Rubio ni por las presiones económicas. La soberanía, la dignidad y el derecho a decidir nuestro propio camino no están en venta, ni ante amenazas ni ante ofertas engañosas de “normalización” condicionada al colapso del sistema socialista.

La sesión de junio de 2026 quedará como ejemplo de la arrogancia imperial frente a la verdad y la resistencia de un pueblo. Como bien señaló Bruno Rodríguez, las mentiras de Rubio solo revelan la debilidad de sus argumentos y la injusticia de su causa.

Cuba sigue en pie, defendiendo su independencia.

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