Palestina: Un grito en la oscuridad: Hind Rajab, “Por favor, ven, ven y llévame”

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EEUU: Miami, la capital del golpismo latinoamericano

Iramis Rosique, profesor, periodista de la revista La Tiza y compañero de Diario Red, sostiene que Miami no explica por sí sola las debilidades del progresismo latinoamericano, pero sí cumple un papel importante como centro de articulación de las derechas regionales. Para el analista, su influencia es especialmente decisiva en la relación de Estados Unidos con Cuba y en la forma en que Washington lee a los proyectos populares del continente.

Rosique advierte que buena parte de las élites latinoamericanas interpreta a los progresismos como pequeñas versiones del peligro cubano. Después de 1959, afirma, esas élites viven atravesadas por el temor a que el pueblo “se salga de control” y vuelva a demostrar que una revolución puede triunfar. Cuba no solo mostró que se podía tomar el poder, sino también resistir, como ocurrió después en Playa Girón.

En ese sentido, Miami funciona como una caja de resonancia de ese miedo histórico. El lobby cubanoamericano proyecta sobre la región una lógica en la que cualquier gobierno progresista, cualquier proceso popular o cualquier agenda de soberanía aparece como una amenaza de “otra Cuba”. Esa lectura alimenta campañas, presiones y alianzas que buscan disciplinar a los movimientos populares latinoamericanos.

Una comunidad diversa atravesada por el trumpismo

Rosique insiste en que la comunidad cubana de Miami no es homogénea ni ha sido siempre igual. Durante años, diversos estudios de opinión mostraron que una parte creciente de la migración cubana comenzaba a ver con mejores ojos políticas de acercamiento entre Cuba y Estados Unidos.

Muchos se reconocían más como migrantes económicos que como perseguidos políticos, y sus demandas principales eran concretas: visitar a sus familias, enviar ayuda, mantener vínculos y normalizar la relación entre cubanos de dentro y fuera de la isla.

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"El Partido Republicano percibió que podía perder un bastión político tradicional en Florida. La comunidad cubana, que durante décadas había sido un apoyo republicano casi automático, empezó a mostrar fisuras" dijo Iramis Rosique.

Ese escenario cambió con fuerza a partir del trumpismo. La política MAGA arrastró a amplios sectores de la comunidad hacia posiciones de máxima presión contra Cuba y reactivó una polarización que había perdido fuerza durante el acercamiento impulsado por Barack Obama.

Con Trump, aparecieron influencers, medios pequeños y circuitos digitales orientados a romper ese clima de normalización y reinstalar una narrativa de guerra contra el gobierno cubano.

Para Rosique, el Partido Republicano percibió que podía perder un bastión político tradicional en Florida. La comunidad cubana, que durante décadas había sido un apoyo republicano casi automático, empezó a mostrar fisuras. 

La respuesta fue una operación política, mediática y digital para reordenarla ideológicamente, empujarla hacia la derecha y convertir el anticomunismo en marca identitaria.

Migración, trauma y polarización política

El analista también vincula la radicalización reciente con la crisis económica cubana y la nueva ola migratoria. A partir de la pandemia, el endurecimiento de sanciones, el fin del acercamiento y la persecución contra sectores como el turismo o las misiones médicas, Cuba entró en una crisis profunda que expulsó a cientos de miles de personas del país.

Rosique habla incluso de casi un millón o más de un millón de cubanos que salieron en los últimos años.

Esa migración, explica, llegó marcada por experiencias duras: travesías, precariedad, adaptación difícil, colapso de redes de apoyo y ahora también la persecución de ICE en Estados Unidos.

"En Miami puede haber espacios donde no pronunciarse contra el gobierno cubano o no adoptar el anticomunismo dominante tiene costos laborales, sociales y de integración" indicó Rosique

Para muchos de esos migrantes, una forma de procesar ese trauma ha sido atribuir de manera directa toda su desgracia al gobierno cubano y asimilarse al discurso dominante de Miami.

Rosique advierte que esa asimilación no ocurre en el vacío. En Miami existen presiones sociales, laborales y comunitarias para alinearse políticamente. 

Así como se acusa a Cuba de obligar a la gente a participar en actos políticos, también en Miami puede haber espacios donde no pronunciarse contra el gobierno cubano o no adoptar el anticomunismo dominante tiene costos laborales, sociales y de integración.

La mentira migratoria como marca fundante

Otro elemento clave del análisis de Rosique es la manera en que ciertas rutas migratorias obligaron a muchos cubanos a presentarse como perseguidos políticos, aun cuando sus motivaciones fueran principalmente económicas. Para obtener beneficios migratorios o demostrar “miedo creíble” en la frontera, muchos tuvieron que construir un relato de persecución que después terminó formando parte de su identidad pública.

El problema, señala, es que esa narrativa no se queda en el trámite migratorio. Se reproduce en redes sociales, en entrevistas, en comunidades y en discursos familiares.

Trump no solo gobierna desde la Casa Blanca: proyecta Mar-a-Lago como un centro de poder propio, como puesto de mando político de su movimiento

Personas que nunca habían hablado de política en Cuba, o que incluso habían estado integradas a instituciones del Estado o al Partido, comenzaron a adoptar de pronto un lenguaje anticomunista radical al llegar a Estados Unidos.

Rosique interpreta ese proceso como parte de una psicología migratoria compleja. Repetir una historia para sobrevivir legalmente puede terminar convirtiéndose en una convicción.

A ello se suma la necesidad de encontrar culpables concretos al deterioro de las condiciones de vida. Para muchas personas, resulta más fácil responsabilizar al gobierno cubano que comprender dinámicas más abstractas como el bloqueo, las sanciones o las desigualdades del mercado mundial.

Florida como cuartel general de MAGA y del lobby anticubano

Para Rosique, Florida se ha convertido en el epicentro simbólico y operativo del movimiento MAGA. Trump no solo gobierna desde la Casa Blanca: proyecta Mar-a-Lago como un centro de poder propio, como puesto de mando político de su movimiento.

Esa ubicación no es casual. Florida ya era un territorio conservador, marcado por élites ultraderechistas, fundamentalismos religiosos, supremacismo blanco y viejas redes anticomunistas.

En ese contexto, el exilio cubano más radical no inventó la derechización de Florida, pero sí se integró a una estructura conservadora preexistente y luego la fortaleció con recursos, redes y lobby político.

"El exilio histórico estuvo marcado por sectores vinculados a la dictadura de Batista, grandes fortunas y actores que jamás aceptaron la pérdida del viejo orden cubano tras 1959" recordó Rosique

Rosique recuerda que el exilio histórico estuvo marcado por sectores vinculados a la dictadura de Batista, grandes fortunas y actores que jamás aceptaron la pérdida del viejo orden cubano tras 1959.

Ese lobby, sostiene, condiciona la política de Estados Unidos hacia Cuba de una manera profunda. Washington podría tener opciones más pragmáticas para relacionarse con la isla, incluso desde sus propios intereses imperiales.

Pero el lobby cubanoamericano no acepta ninguna solución que no pase por recuperar Cuba para sí mismo, destruir el legado de la Revolución y borrar todo lo construido desde 1959.

La conclusión de Rosique es clara: Miami no es solo una ciudad ni una comunidad migrante. Es un dispositivo político donde se cruzan trauma migratorio, anticomunismo, poder económico, medios, redes digitales y estrategia MAGA.

Desde ahí se impulsa una política contra Cuba que no busca diálogo ni normalización, sino revancha histórica. Y esa revancha no se queda en la isla: se proyecta sobre toda América Latina cada vez que un pueblo intenta demostrar, otra vez, que puede ganar.

Para ver la entrevista completa y el programa "Miami, la capital del golpismo latinoamericano  
https://www.diario-red.com/articulo/america-latina/miami-ha-convertido-centro-estructuracion-derechas-latinoamericanas/20260630032905072187.html

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