Viajé a Cuba este mes. Como cubanoamericana, esa frase conlleva el peso de la nostalgia nacida del distanciamiento de mis raíces. Durante gran parte de mi vida, Cuba existió como una historia lejana, un lugar que solo conocía a través de las descripciones de mi padre.
Estuve allí como parte de una caravana internacional de solidaridad; más de 500 representantes de más de 30 países, unidos por una convicción simple: ningún país tiene derecho a asfixiar a otro simplemente porque eligió un camino diferente. No puedo permanecer impasible mientras la isla de la herencia de mi familia es sofocada.
Lo que presencié durante esos días no era la Cuba de la propaganda occidental. Era un país que soportaba un asedio de 66 años y un pueblo que, contra todo pronóstico, sigue construyendo, creando y cuidándose mutuamente.
Un sistema de salud pública bajo asedio
Una de las visitas más significativas fue a una policlínica de barrio en La Habana. Estas clínicas son la columna vertebral del sistema de salud pública de Cuba.
Los médicos viven en el segundo piso, encima de donde trabajan. Conocen a cada paciente de su comunidad por su nombre.
Atienden tanto la salud física como la psicológica, y representan un modelo de atención que prioriza a las personas por encima del lucro.
Pero los médicos que conocí se enfrentan a limitaciones desgarradoras. Son profesionales altamente capacitados que saben exactamente lo que sus pacientes necesitan y que conocen la existencia de esos tratamientos.
Debido al embargo estadounidense, no pueden acceder a ellos. Imagínense vivir cada día con la capacidad de curar y verse bloqueados por un bloqueo político y económico.
Llevamos lo que pudimos: 2850 kilos de suministros médicos entregados por nuestra delegación, incluyendo equipo neonatal, analgésicos, catéteres y otros materiales esenciales, valorados en 433 000 dólares, y aún más en cantidades incalculables, metidos en equipaje de mano y bolsas personales, sacrificando espacio para nuestra propia ropa y artículos de aseo.
Los médicos cubanos nos contaron sobre noches en las que se corta la luz y los estudiantes de medicina corren a buscar respiradores, bombeando aire manualmente durante horas hasta que se restablece la electricidad. Salvan vidas con sus propias manos.
Comunidad y creatividad frente a la escasez
Allá donde íbamos, veía gente organizándose para sobrevivir. En un barrio céntrico de La Habana, ayudamos a restaurar un parque infantil en ruinas.
Llevamos pintura y columpios nuevos. Un vecino que se encarga del mantenimiento del parque se ofreció a desmontar los columpios cada noche para que no se los llevaran, y a volver a colocarlos cada mañana para los niños.
Ese tipo de solidaridad estaba presente en todas partes.
Conocimos a un artista llamado Lázaro, que recolecta basura y periódicos viejos para crear arte reciclado. Él enseña a los niños del barrio a hacer lo mismo.
Las paredes de su estudio están cubiertas de obras vibrantes que son, a la vez, expresiones de resistencia y creatividad.
Otro día, instalamos una mesa frente al estudio de Lázaro con cartulina, marcadores y pegamento. Niños del barrio se reunieron para escribir cartas a sus amigos por correspondencia en Singapur.
Yo traduje las cartas del inglés al español, ayudando a cada niño a responder en español e ilustrar sus respuestas. Los padres tocaron tambores y bailaron mientras los niños pintaban y escribían.
Fue un momento conmovedor de conexión transfronteriza: niños que forjaban relaciones a través del arte y la traducción, a través de continentes, a través del bloqueo.
Para los cubanoamericanos, existe una especie de costo espiritual al aceptar en silencio el statu quo ante las numerosas injusticias con las que hemos crecido durante décadas, y que, a nuestro parecer, se han intensificado en los últimos años.
Pero los niños que vi en La Habana conservaban su espíritu intacto.
El costo humano del embargo
El bloqueo no es una abstracción. La pobreza es real. Di lo que pude, pero como individuos, no podemos hacer frente a la magnitud de las necesidades derivadas de una crisis sistémica creada por la política estadounidense.
Los apagones intermitentes en la isla son el resultado de una estrategia de guerra de asedio intensificada en enero. Cuba lleva meses sin importar combustible debido a las sanciones y la presión naval destinadas a detener los envíos de petróleo a la isla.
Las centrales eléctricas no pueden funcionar de forma continua.
Los hospitales no pueden realizar las cirugías necesarias.
La infraestructura de bombeo de agua está colapsada. Esto no es un desastre natural. Es violencia humana; es una guerra silenciosa.
Y sin embargo, el pueblo cubano no espera a ser rescatado. Se organiza. Se adapta. Inventa.
Solidaridad y un llamado a la acción
Como cubanoamericana, he escuchado toda mi vida que Cuba es un país gobernado por autócratas caprichosos.
Que el pueblo cubano anhela ser liberado. Que su opresión está destinada a ayudarlos. Pero estando en esa isla, hablando con médicos, artistas, niños y familias, vi algo completamente distinto.
Vi un pueblo que ya es libre, libre para definir su propio destino, incluso bajo el peso de un asedio diseñado para doblegarlo.
Cuba está abierta al diálogo y a la inversión, siempre y cuando se respete su soberanía. Sin embargo, Estados Unidos continúa aplicando una política que gran parte del mundo condena.
Año tras año, la Asamblea General de las Naciones Unidas vota abrumadoramente a favor de levantar el embargo. Año tras año, Estados Unidos lo ignora.
Regresé con una comprensión más profunda de lo que significa la solidaridad: estar presente, escuchar, compartir lo que podamos y mantenernos conectados con el trabajo.
Pero la solidaridad no puede terminar con una sola delegación.
Necesitamos romper el bloqueo. Necesitamos poner fin a esta guerra económica que dura décadas.
Los cubanos tienen derecho a la autodeterminación. Tienen derecho a la medicina, a la electricidad, al agua, a la dignidad. Mi padre decidió abandonar Cuba ante la pobreza provocada por un cruel régimen de sanciones. Yo decidí regresar por la misma razón.
Dejen vivir a Cuba.


