Palestina: Un grito en la oscuridad: Hind Rajab, “Por favor, ven, ven y llévame”

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Bartolomé de las Casas describe la explotación en la pesca de perlas en el Caribe

La tiranía que los españoles ejercen contra los indios en la extracción o pesca de perlas es una de las cosas más crueles y condenables que existen en el mundo. 

No hay vida más infernal y desesperada en esta época que se le pueda comparar, aunque la extracción de oro en las minas también sea extremadamente dura y terrible. 

Los obligan a entrar al mar a profundidades de tres, cuatro o cinco brazas.

 Desde la mañana hasta el atardecer permanecen bajo el agua, sin poder respirar, nadando constantemente mientras arrancan las conchas donde se forman las perlas.

 Salen a la superficie con pequeñas redes llenas, apenas para tomar aire, donde un español —como si fuera un verdugo— los vigila desde una canoa o barca.

 Si tardan en descansar, los golpea y los tira de los cabellos para obligarlos a regresar al agua y seguir trabajando. 

Su alimentación consiste en pescado —incluyendo el mismo que contiene las perlas—, pan de cazabe y algo de maíz. 

Son alimentos de muy poca sustancia o difíciles de preparar, y nunca quedan satisfechos. 

Por la noche, en lugar de descansar, los encierran en cepos en el suelo para evitar que escapen. 

Muchas veces se sumergen para trabajar y nunca vuelven a salir, porque tiburones y otras bestias marinas feroces los devoran. 

Basta ver esto para entender que los españoles que participan en este negocio no respetan los principios del amor a Dios ni al prójimo, ya que ponen en peligro la vida y el alma de estas personas, que mueren sin fe ni sacramentos, todo por su propia codicia. 

Además, les imponen una vida tan brutal que los consumen en pocos días. Es imposible que un ser humano soporte estar tanto tiempo bajo el agua sin respirar. 

El frío constante del mar los debilita profundamente, y la mayoría muere escupiendo sangre, por la presión en el pecho causada por tanto esfuerzo sin aire y por enfermedades derivadas del frío. 

Sus cabellos, que naturalmente son negros, se queman y endurecen como los de animales marinos, y en la piel les aparece salitre, de modo que parecen monstruos más que seres humanos.

 En este trabajo insoportable —que bien podría llamarse un ejercicio del infierno— acabaron con todos los indios lucayos de las islas, cuando los españoles comenzaron esta explotación. 

Cada uno de ellos era vendido por cincuenta o cien castellanos, incluso cuando su venta había sido prohibida por las autoridades (aunque estas también eran injustas en otros aspectos), porque los lucayos eran excelentes nadadores. Allí también murieron innumerables personas de otras regiones. —

 Bartolomé de las Casas, 1500–1540 ⁘⁘⁘⁘⁘⁘⁘⁘⁘⁘⁘⁘⁘⁘⁘⁘⁘⁘⁘⁘⁘⁘⁘⁘⁘⁘⁘⁘⁘⁘⁘⁘⁘⁘⁘⁘⁘

 Las Casas describe la explotación en la pesca de perlas en el Caribe, sobre todo en:

  Las islas de las Bahamas (habitadas por los lucayos)

  Las costas de Venezuela (especialmente la isla de Cubagua) 

Otras zonas del Caribe insular bajo dominio español temprano 

Estas regiones fueron de las primeras en ser integradas al sistema colonial tras la llegada de Cristóbal Colón en 1492. 

La Corona española buscaba riquezas rápidas. 

Antes de que la minería de plata (como en México o Perú) se consolidara, el negocio de las perlas fue extremadamente lucrativo. 

Las perlas eran bienes de lujo muy valorados en Europa.

 Referencia: Bartolomé de las Casas. (1552/2006). 

Brevísima relación de la destrucción de las Indias. Alicante: Biblioteca Virtual Miguel de Cervantes.

https://x.com/descolonizacio

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