Palestina: Un grito en la oscuridad: Hind Rajab, “Por favor, ven, ven y llévame”

-Palestina: Un grito en la oscuridad: Hind Rajab, “Por favor, ven, ven y llévame”

Trump defiende sus intereses y a su país y si a alguien no le gusta ni modo , México depende 89% de EEUU.

Trump defiende sus intereses y a su país y si a alguien no le gusta ni modo , México depende 89% de EEUU.
Así que calladitos nos vemos bonitos

Claudia Edith, tu afirmación parte de una premisa equivocada y profundamente desinformada: Estados Unidos no es fuerte “por sí mismo” ni México es débil “por naturaleza”. La historia real demuestra exactamente lo contrario.

Estados Unidos se construyó robando.

 Primero robó territorio mexicano mediante guerra, despojo y tratados impuestos.

 Más de la mitad de lo que hoy es su territorio fue arrebatado a México. 

No fue diplomacia: fue rapiña imperial.

Después vino el saqueo sistemático de nuestro oro, plata, petróleo, de la tierra fértil y la mano de obra mexicana. 

Nuestra nación fue el pilar para que ese país se capitalizara, creciera y se industrializara. 

Gran parte de su expansión agrícola, urbana e industrial se sostuvo y se sigue sosteniendo, gracias a recursos y trabajo extraídos directa o indirectamente de México.

Aun hoy, siguen robando: sus petroleras texanas, siguen saqueado nuestros recursos energéticos; de esto existen denuncias, evidencias y exhibiciones públicas, y qué ha hecho Estados Unidos… Nada. Ellos sí que se quedan calladitos, como siempre que se les evidencia. 

Decir que Estados Unidos “defiende sus intereses” como si eso justificara el saqueo, el robo, es aceptar que el abuso es válido cuando lo ejerce el poderoso. Esa lógica no es realismo político: es sumisión mental.

Tu afirmación “México depende 89% de Estados Unidos” es falsa, simplista y engañosa. Ese porcentaje suele manipularse tomando sólo el destino de ciertas exportaciones, así confundes comercio con dependencia. 

México no “vive” de Estados Unidos: produce, ensambla, exporta y sostiene cadenas industriales completas que Estados Unidos no puede operar por sí mismo. 

La relación es de interdependencia económica, no de subordinación, y hoy es Estados Unidos quien depende críticamente de México para su industria automotriz, agroalimentaria, electrónica y logística.

 Sin México y sin el T-MEC, la economía estadounidense enfrentaría desabasto, inflación y parálisis productiva. Dejemos de repetir propaganda colonial: el comercio no es sumisión y, producir no es dependencia.

La idea de que hoy Estados Unidos es una potencia sólida es falsa. Es un país profundamente endeudado, fracturado socialmente y sostenido por sus guerras y el complejo militar-industrial y la producción, distribución y venta interna y mundial de sus narcóticos y sus laboratorios. Tan quebrado está, que ni siquiera puede organizar eventos globales sin condicionarlos a intereses geopolíticos y militares. Prefiere la guerra porque la guerra es su negocio: armas, “reconstrucción” (Gaza), petróleo, control.

Ahí tienes a Donald Trump, que no “defiende valores”, defiende negocios: armas, petróleo, especulación, saqueo. Su proyecto no es nacionalista, es corporativo y depredador. 

Y no es una excepción: es la continuidad histórica del imperio.

México, en cambio, ha sobrevivido a pesar del saqueo, no gracias a Estados Unidos. Ha sostenido su economía, su agricultura, su industria y hasta la estabilidad social del vecino del norte con migrantes, trabajo barato, consumo y recursos.

Así que no, “calladitos” no nos vemos bonitos.
Callados nos vemos sometidos.
Callados nos vemos colonizados.
Callados nos vemos cómplices del saqueo.
Hablar con dignidad no es faltar al respeto.
Exigir soberanía no es ignorancia.
Y conocer la historia no es ideología: es memoria.

México no necesita agachar la cabeza ante un país que se hizo grande robándonos, que se mantiene saqueando al mundo y que hoy sobrevive, gracias a sus guerras.

El respeto no se mendiga.
Se exige.
Y hay que decirlo sin rodeos, porque el silencio también es una forma de traición.
Los que “calladitos se ven más bonitos” no son prudentes, son vendepatrias.

Son los que cambian dignidad por migajas, los que aceptan el abuso siempre que venga envuelto en dólares, los que justifican la violencia diciendo “son gringos”, como si eso absolviera el crimen, la humillación o el despojo.

Son los que entregan a su país, pero también, y esto es aún más grave, entregan a sus hijos.

Los que normalizan que potencias extranjeras violenten territorios, recursos, personas y familias, mientras se les arrastran y sonríen agradecidos extendiéndoles las manos, entregándonos por unas cuántas monedas. Los que confunden “pragmatismo” con cobardía y “realismo” con servilismo.

Y sí: son los mismos que, con tal de pertenecer simbólicamente a esa realeza del “poder”, se sentirían honrados de enviar a sus hijos a la islita de Jeffrey.

¡Qué honor! ¡Qué orgullo!

Que el abusador tenga pasaporte poderoso y apellido influyente parece borrar cualquier límite moral. 

Para los calladitos, el crimen deja de ser crimen si viene acompañado de prestigio, poder o cercanía con el imperio.

Ese es el nivel de degradación:
—No les indigna la violencia.
—No les indigna el abuso.
—No les indigna el saqueo.

Les indigna que alguien hable, que alguien se atreva a no callar.

Porque quien no tiene dignidad propia se ofende cuando otros la ejercen. Estos “calladitos” no aman a su país.

Aman la comodidad del sometimiento.
Aman la fantasía de pertenecer al amo.
Aman sentirse protegidos por el poderoso, aunque eso implique normalizar lo innombrable.
La dignidad, en cambio, no se negocia. No se vende. No se renta. No se posterga “por conveniencia”.
Y los pueblos que olvidan esto terminan justificando cualquier cosa:
el abuso,
el saqueo,
la violencia,
la entrega de sus hijos,
la pérdida total de humanidad.

Así que no. Callarse no es verse bonito. Callarse es arrodillarse.

Y frente a la historia, los que se arrodillan no son neutrales: quedan del lado del abusador.

Hablar, señalar, incomodar y defender la dignidad no es radicalismo.

Es lo mínimo que hace alguien que todavía no ha sido comprado.


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