Palestina: Un grito en la oscuridad: Hind Rajab, “Por favor, ven, ven y llévame”

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Milei busca meter a Argentina en la guerra de Oriente Medio

El respaldo explícito a la ofensiva de Estados Unidos e Israel marca un giro en la política exterior argentina y la ubica en una posición singular dentro de América Latina.

En medio de la escalada militar en Oriente Medio encabezada por Estados Unidos e Israel contra Irán, el gobierno de Javier Milei decidió respaldar públicamente esa ofensiva. La declaración expresó apoyo explícito a las acciones militares y dispuso elevar el nivel de seguridad interno a “ALTO” en todo el territorio nacional.

El movimiento marca un cambio respecto de una tradición diplomática que, durante décadas y bajo gobiernos de distinto signo político, priorizó la no intervención y la resolución pacífica de controversias internacionales.

Una secuencia de comunicados oficiales

El 28 de febrero, el gobierno argentino emitió tres comunicados oficiales. La jornada dejó expuesta una definición que rompe con un posicionamiento histórico de cautela frente a conflictos extra regionales, comunicada en tiempo real a través de la red social X.

El primero fue difundido a las 11:46 de la mañana por la cuenta “Oficina del Presidente”. Allí se informó que Javier Milei dispuso elevar el nivel de seguridad a “ALTO” en todo el territorio nacional, en virtud de los acontecimientos en Oriente Medio. El texto detalla el refuerzo de dispositivos de protección, la activación de protocolos de alerta en fronteras y el monitoreo permanente del Sistema de Inteligencia Nacional en cooperación con agencias internacionales.
Quince minutos después, a las 12:01, la Cancillería publicó el comunicado titulado “Sobre la situación en Medio Oriente”. Allí expresó que la Argentina “valora y apoya” las acciones conjuntas de Estados Unidos e Israel destinadas a neutralizar lo que define como una amenaza para la estabilidad internacional. El texto sostiene además que la justicia argentina consideró responsable al régimen iraní por el atentado contra la AMIA en 1994 y menciona las órdenes de captura vigentes.
Por la noche, a las 19:38, la Oficina del Presidente difundió un nuevo comunicado en el que celebró la operación conjunta realizada por Estados Unidos e Israel. El documento vincula esa acción con antecedentes como el atentado contra la AMIA y afirma que la búsqueda de justicia por las víctimas constituye una política de Estado.
Así terminó la expresión de un gobierno abalanzándose a la ruptura de un posicionamiento histórico pacífico de la Argentina. Si bien hubo gestos anteriores, como por ejemplo la adhesión al llamado “Board of Peace”, estas expresiones consolidan una orientación que el gobierno ya venía desarrollando en su vínculo con Washington y Tel Aviv.

La sucesión de comunicados, configura una definición diplomática clara: medidas preventivas en el plano interno, respaldo político explícito a una acción militar concreta y encuadre del conflicto dentro de los antecedentes históricos argentinos vinculados a Irán. La pregunta es, hasta dónde está dispuesto a avanzar en ese alineamiento, y aún más grave, qué consecuencias puede traer.

El argumento de la AMIA

La Cancillería fundamentó su respaldo en dos ejes: el programa nuclear iraní y los antecedentes vinculados a los atentados contra la Embajada de Israel en Buenos Aires en 1992 y la AMIA en 1994. El comunicado recuerda que la justicia argentina “ha considerado responsable al régimen iraní” por el atentado contra la AMIA y menciona órdenes de captura internacional contra los imputados.

Previamente, el gobierno también había declarado como organización terrorista a la Fuerza Quds del Cuerpo de la Guardia Revolucionaria de Irán e incluyó a trece individuos vinculados a ese grupo en el registro nacional correspondiente.

El atentado contra la AMIA ocupa un lugar central en la política argentina y reaparece con frecuencia en discusiones de política exterior. En 2013, el gobierno de Cristina Fernández de Kirchner firmó con Irán un Memorándum de Entendimiento que proponía crear un mecanismo de cooperación judicial para avanzar en la investigación del ataque y habilitar la declaración de los sospechosos iraníes ante la justicia argentina.

Durante la apertura de sesiones ordinarias del Congreso, el 1° de marzo, el presidente Javier Milei volvió a traer el Memorándum con Irán y la causa AMIA en su discurso ante la Asamblea Legislativa

El acuerdo fue punta de lanza de una fuerte controversia política y judicial. Sectores de la oposición y parte del Poder Judicial sostuvieron que el Memorándum buscaba favorecer a los acusados iraníes y derivaron la discusión en una causa penal contra la expresidenta y el entonces canciller Héctor Timerman.

La acusación afirmaba que el gobierno argentino intentaba levantar las alertas rojas de Interpol que pesaban sobre los sospechosos.

Sin embargo, un informe oficial de Interpol entregado en 2020 al juez Marcelo Martínez de Giorgi confirmó que esas alertas nunca fueron modificadas ni existieron gestiones para cancelarlas.

El documento estableció que únicamente el juez de la causa tenía facultades para hacerlo y que las órdenes de captura emitidas en 2007 permanecieron vigentes durante todo el proceso. Ronald Noble, entonces secretario general del organismo, reiteró en distintas oportunidades que ningún funcionario argentino solicitó su levantamiento.

El Memorándum había sido aprobado por el Congreso argentino, luego declarado inconstitucional por la justicia y nunca entró en vigencia debido a que Irán no lo ratificó. La documentación de Interpol terminó debilitando la hipótesis judicial que sostenía que el acuerdo implicaba un beneficio para los acusados.

Durante la apertura de sesiones ordinarias del Congreso, el 1° de marzo, el presidente Javier Milei volvió a traer el Memorándum con Irán y la causa AMIA en su discurso ante la Asamblea Legislativa. La referencia formó parte de una confrontación directa con el kirchnerismo y reinstaló esa discusión en el centro del debate político.

En ese marco, la evocación del atentado y del acuerdo de 2013 reaparece como un elemento que el gobierno utiliza para marcar una diferencia con administraciones anteriores y justificar su actual posicionamiento internacional.

Durante la presidencia de Carlos Menem, el país envió buques de la Armada para integrarse a la coalición liderada por Estados Unidos en tareas de patrullaje y control marítimo en el Golfo Pérsico
Un cambio en la doctrina

La política exterior argentina se apoyó históricamente en principios de no intervención y búsqueda de soluciones diplomáticas. Una excepción significativa fue la participación en la Guerra del Golfo durante la presidencia de Carlos Menem, cuando el país envió buques de la Armada para integrarse a la coalición liderada por Estados Unidos en tareas de patrullaje y control marítimo en el Golfo Pérsico.

Fue la primera vez, después de la Guerra de Malvinas, que fuerzas argentinas se incorporaron a un escenario bélico internacional. Desde entonces, el país participó en misiones de paz bajo mandato de Naciones Unidas, pero no volvió a integrarse a coaliciones militares en conflictos extra regionales.

El respaldo actual a la ofensiva en Oriente Medio introduce una modificación en esa trayectoria. Argentina adopta una postura alineada con una de las partes en conflicto y expresa su apoyo en términos oficiales.

En el escenario latinoamericano, la postura argentina se diferencia de la mayoría de sus pares. Hasta el momento, ningún otro país sudamericano emitió un respaldo explícito a las acciones militares en Oriente Medio en términos comparables.

Los comunicados difundidos en la región se concentraron en llamados a la moderación, el respeto al derecho internacional y la vía diplomática.

Las definiciones adoptadas el 28 de febrero insertan a la Argentina dentro de un conflicto armado y redefine su lugar en el tablero internacional

De la distancia histórica al alineamiento

América Latina consolidó, a lo largo del siglo XX, una tradición diplomática centrada en la no intervención y en la búsqueda de soluciones multilaterales a los conflictos internacionales.

Si bien existieron episodios de alineamiento puntual, la región tendió a mantener distancia respecto de guerras extra regionales. En ese marco, la posición argentina actual se aparta de la actitud predominante entre sus pares sudamericanos.

Las definiciones adoptadas el 28 de febrero insertan a la Argentina dentro de un conflicto armado y redefine su lugar en el tablero internacional.

Con su respaldo explícito a la ofensiva y su alineamiento estratégico, el Gobierno colocó a la Argentina dentro de la lógica de un conflicto armado extra regional.

La pregunta ya no es si existe un giro en la política exterior, sino hasta qué punto ese giro puede traducirse en consecuencias concretas para el país.

https://www.diario-red.com/articulo/argentina/milei-busca-meter-argentina-guerra-oriente-medio/20260304013436065063.html

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