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Enrique Márquez: ¿el hombre que Trump eligió para reemplazar a Corina Machado en Venezuela?

24 de febrero de 2026, Washington, DC, EE. UU.: Enrique Márquez, un prisionero venezolano liberado, es reconocido como presidente Donald J. Trump pronuncia el primer discurso sobre el Estado de la Unión de su segundo mandato ante una sesión conjunta del Congreso en la Cámara de Representantes. Crédito: Kenny Holston - Pool via CNP / Zuma Press / ContactoPhoto

La pregunta surge después de que el presidente estadounidense lo nombrara en su discurso del Estado de la Unión


"Esta noche nos acompaña Alejandra González. Creció en una familia venezolana muy unida y era especialmente cercana a su querido tío Enrique. Pero después de que Enrique se postulara y se opusiera a Maduro, fue secuestrado por las fuerzas de seguridad de Maduro y encarcelado en la infame prisión del régimen en Caracas. Alejandro temía no volver a ver a su tío. 

También temía por su vida. Pero desde la redada, hemos trabajado con el nuevo liderazgo, y ellos han ordenado el cierre de esa vil prisión, el Helicoide, y han liberado a cientos de presos políticos y habrá más por venir. Alejandra, me complace informarle que su tío no solo ha sido liberado, sino que también está aquí esta noche. Lo trajimos para celebrar su libertad con usted en persona. 

Enrique, baja por favor”, exclamó Donald Trump, en medio de su discurso del Estado de la Unión en el congreso de Estados Unidos, a Alejandra Márquez antes de que su tío, Enrique, entrara al hemiciclo por una puerta en una escena coreografiada para convertirse en un clip de redes sociales.

Márquez llevaba preso desde enero de 2025, cuando fue acusado de participar en un intento de golpe contra Maduro. 

Su liberación llegó al amparo de la Ley de Amnistía, aprobada por una Asamblea Nacional de mayoría chavista que negoció con una minoría opositora los términos de una nueva convivencia política. 

La puesta en escena formó parte de una serie de imágenes que la comunicación oficial trumpista preparó para vender como un éxito de su política intervencionista en Venezuela.

 En la misma línea de su discurso, por ejemplo, el presidente estadounidense condecoró al piloto del helicóptero, Eric Slover, herido de gravedad el 3 de enero cuando aterrizó en la residencia presidencial de Maduro. 

Y también habló de la cantidad de petróleo venezolano comercializado por su Administración, a través de privados, como si fuera un tarde de materias primas, un lobo estatal de Wall Street que compra y vende al mejor postor.
Una ausencia se hizo visible en su discurso de "victoria" sobre Venezuela: la de María Corina Machado, la aspirante al Nobel de la Paz que promovió la intervención estadounidense en su país como si fuera parte de la corte MAGA que rodea a Trump. 

El senador Rick Scott la había invitado al Estado de la Unión, pero ella declinó por razones que aún no están del todo claras: ya sea porque sabía que Márquez estaría presente y podría opacarla, o porque tenía la certeza de que Trump no la mencionaría. 

Hace varias semanas, de acuerdo al medio Politico, la Casa Blanca está enojada con ella por pedir que las elecciones presidenciales se realicen en menos de un año. Sus colaboradores, como Pedro González Urrutia, han criticado, en los últimos días, también la Ley de Amnistía, promocionada como un éxito por Trump; “el régimen venezolano está simulando una amnistía, simulando una justicia, una apertura, pero saben que al no cumplir con Estados Unidos eso tendrá consecuencias”.

Una ausencia se hizo visible en todo su discurso de “victoria” sobre Venezuela; la de María Corina Machado

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Para un asesor de Trump, consultado por Politico; “lo único que María Corina Machado hace es intentar negar todo. Quiere socavar el éxito de la política del presidente -como la liberación de presos políticos en Venezuela, operaciones policiales conjuntas entre los dos países y otros temas- al tratar de convertirse en la "única estrella" de la oposición venezolana. 

Nada de esto es la 'Operación María Corina Machado'. Es la 'Operación Seguridad Nacional de Estados Unidos que no tiene ninguna relación con ella. Es una saboteadora y trabaja en contra de los objetivos de seguridad nacional de Estados Unidos”.

Ese enojo personal de Trump se traslució cuando, luego de la invasión a Venezuela, el presidente estadounidense dijo sería difícil que ella fuese presidenta del país.

 “No cuenta con el apoyo ni el respeto del país. Es una mujer muy agradable, pero no la respetan”. Según The Washington Post, Trump guarda un resentimiento personal contra Machado por no haber rechazado el Nobel de la Paz para ofrecérselo a él, un gesto que el presidente estadounidense habría esperado como señal de lealtad.

 La distancia entre la Administración trumpista y el sector más extremista, a lo largo de los días, parece ensancharse con filtraciones sobre que Marco Rubio, secretario de Estado, también está bastante molesto por la falta de “realismo” del antichavismo radical.

En este vacío político, apareció Márquez en la escenografía del mismo discurso del Estado de la Unión que años atrás había tenido como protagonista a Juan Guaidó. Por supuesto, de inmediato, el ecosistema opositor venezolano se preguntó si, en realidad, su aparición no encubría una intencionalidad de posicionarlo como un nuevo “líder” auspiciado por Estados Unidos. 

A diferencia de Corina Machado, Márquez, en los últimos años, ha optado por una estrategia de “lucha” dentro de la institucionalidad venezolana; con el triunfo opositor de la Asamblea Nacional de 2015, Márquez fue nombrado vicepresidente del parlamento que presionó por una salida anticipada de Maduro, y luego apoyó, por ejemplo, la candidatura presidencial de Henri Falcón cuando la mayoría antichavista boicoteó ese evento electoral.

 Si bien en 2019 respaldó la presidencia paralela de Juan Guaidó, dos años después, fue nombrado rector del Consejo Electoral como parte de un acuerdo entre la oposición dialoguista y el chavismo en la Asamblea Nacional.

Trump, ya sea de forma deliberada o “inocente”, le dio una chance de posicionarse al ala opositora más dialoguista, que negocia con el gobierno venezolano los términos de una nueva convivencia democrática

Sectores extremistas, como el de Corina Machado, lo acusaron de “colaboracionista con la dictadura” cuando se presentó como candidato presidencial, por fuera de la “Unidad” detrás de Edmundo González Urrutia, como parte del Partido Centrados, integrado por el Partido Comunista de Venezuela y Redes del exalcalde chavista de Caracas, Juan Barreto. 

Su figura, en esa elección, fue vendida como una unión entre opositores y “chavistas disidentes”; por lo que su reivindicación por Trump podría ser tomada como el auspicio de una línea más dialoguista con el gobierno que una confrontativa. 

“Merecido reconocimiento a uno de los venezolanos que más ha hecho por defender la democracia, rescatar la integridad en la política y construir una ruta hacia la reunificación del país”, afirmó Francisco Rodríguez, un economista venezolano conocido por ser un operador financiero de bonos de deuda venezolano y promotor de políticas liberales en la economía venezolana. 

Orlando Avendaño, militante antichavista cercano a Corina Machado, calificó, además, las declaraciones a favor de Márquez como “una operación en curso”. Magalli Meda, la principal asesora de la líder opositora, fue mucho más allá al compartir un dibujo que calificaba a Márquez como un títere de Trump.
La aparición del dirigente opositor, por otro lado, estuvo acompañada de una visita a la Casa Blanca y una reunión con varios funcionarios estadounidenses. 

El canal Venevisión, propiedad de la familia Cisneros, una de las más poderosas del país, transmitió sus declaraciones en la sala de prensa de la Casa Blanca como una forma de respaldo político. 

“Tenemos una oportunidad y la tenemos que aprovechar para construir el país que todos queremos. Hay que esmerarse en el trabajo de generar la posibilidad de que regresen a nuestro país millones de venezolanos. 

El regreso está pronto, queridos compatriotas”, remarcó en una breve discurso de un minuto y diez segundos. A su regreso a Venezuela, Márquez dio un discurso en el hotel Marriot de Caracas, usado por funcionarios estadounidenses, donde remarcó que; Todos tienen derecho a estar aquí. 

Desde el Gobierno se ha pretendido extinguir a la oposición. Y desde la oposición se ha propuesto extinguir al adversario. Ambos acabaron el país. No podemos seguir así. No veo elecciones en el corto plazo, por lo tanto, no soy candidato. Tengo una candidata, la constitución. 

Y la segunda candidata que tengo se llama democracia. Voy a estar trabajando porque mis dos candidatas ganen. Esa es la verdad. Tengo la posibilidad de hablar con todos los sectores, me siento preparado para eso. Creo en un gobierno de unidad nacional. Quiero ser un puente”.

De esta forma, Trump, ya sea de forma deliberada o “inocente”, le dio una chance de posicionarse al ala opositora más dialoguista, que negocia con el gobierno venezolano los términos de una nueva convivencia democrática, sobre la más extremista que pretende una salida por la fuerza del chavismo. 

 La duda es si esto también se traducirá en un rechazo frontal a la posibilidad de que el sector de Corina Machado busque presionar por esta “salida” a través de protestas en la calle y una renovada estrategia “insurreccional”.

 Un escenario que complicaría los esfuerzos de “estabilización” y construcción de un flujo petrolero seguro, auspiciado por la Casa Blanca.

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