Palestina: Un grito en la oscuridad: Hind Rajab, “Por favor, ven, ven y llévame”

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Desmontando las mentiras de la guerra contra Irán

La guerra de Estados Unidos e Israel contra Irán es tan insensata como la pretensión de los agresores de conservar respectivamente una hegemonía global, que hoy ya no funciona como ha funcionado en la modernidad del capitalismo histórico, y una hegemonía regional, que acarrearía décadas de guerra y una destrucción humana y ambiental inconcebible: en ambos casos, la proyección futura de poder sistémico de clase prescinde en su delirio fascista de la riqueza ontológica y política de las clases dominadas globales y de los límites ecosistémicos de un capitalismo incapaz de reconocer su incapacidad de reproducción ampliada.

Cuando Estados Unidos invadió Iraq en 2003, muchos de nosotros sabíamos, y lo defendimos a gritos, que se estaba mintiendo a la ciudadanía estadounidense. 

Sabíamos que Iraq no tenía armas de destrucción masiva y podíamos respaldar nuestras afirmaciones. La guerra siguió adelante de todos modos, pero al final las mentiras salieron a la luz. 

En lugar de buscar apoyo para su guerra ilegal e inmoral contra Irán, como hizo George W. Bush hace casi un cuarto de siglo, Donald Trump optó por ignorar simplemente a la opinión pública y comenzar la guerra por su cuenta.

 Sin embargo, aunque Trump tiene su guerra y es poco probable que las fuerzas domésticas lo detengan hasta que esta llegue a su fin, ha sentido de nuevo la necesidad de justificar sus acciones criminales. 

Como es habitual en el clan Epstein, Trump y sus secuaces simplemente mienten. 

No están convenciendo realmente a mucha gente, ya que las encuestas muestran que solo aproximadamente uno de cada cuatro estadounidenses apoya el ataque israelí-estadounidense contra Irán.

Esta vez, las mentiras se presentan al más puro estilo trumpiano: son incoherentes, contradictorias y confusas, y su objetivo es más abrumar a la ciudadanía que convencerla. 

Pero no debemos ser complacientes con estas mentiras, porque tienen la capacidad de enmarcar el debate y cobrar vida propia con el paso del tiempo. Es importante que examinemos algunas de ellas, comenzando por la mayor de todas.

1. La mentira del «programa de armas nucleares de Irán»

Una y otra vez oímos hablar tediosamente de la amenaza de un arma nuclear iraní. 

Pero son muy escasos los argumentos que justifican por qué ello debería considerarse un casus belli, cuando todas las evaluaciones fiables de los servicios de inteligencia coinciden en que Irán no ha pretendido desarrollar un arma nuclear desde 2003

Esa evaluación nunca ha vacilado ni ha cambiado, conservando su verosimilitud hasta el día de hoy. 

En Estados Unidos, su pertinencia ha sido fortalecida por los propios servicios de inteligencia de Donald Trump, que se expresaron al respecto de forma colectiva el año pasado. 

Por otro lado, aunque los interminables alardes de Trump sobre la «destrucción» del programa nuclear de Irán siempre fueron una mentira, es innegable que el año pasado se causaron daños importantes a las principales instalaciones nucleares iraníes.

 A pesar de ello, sin embargo, se nos quiere hacer creer, que de uno u otro modo el potencial nuclear de Irán es una amenaza, apenas ocho meses después de la Guerra de los Doce Días de junio de 2025.

La cuestión de las armas nucleares ha sido una quimera desde el principio. 

Desafortunadamente, Irán también la ha manipulado en ocasiones. Al tener poca influencia real sobre Estados Unidos, tanto en el ámbito militar como en el diplomático, Irán recurría a veces al enriquecimiento nuclear para intentar incrementar su capacidad de influencia en su prolongado enfrentamiento con Occidente o para presionar para que se levantaran las sanciones, que recaían sobre el país. 

Se trataba de una estrategia dudosa, aunque comprensible dadas las circunstancias, ya que daba a Estados Unidos todo lo que necesitaba para caracterizar falsamente el programa nuclear de Irán como un esfuerzo por adquirir armas nucleares.

 Irán también, de vez en cuando, disminuía o incluso suspendía su cooperación con la Agencia Internacional de Energía Atómica (AIEA).

 Esta también era una estrategia comprensible, dadas las circunstancias, pero tenía el mismo efecto de crear pruebas para alimentar las manipulaciones en torno a la naturaleza secreta y peligrosa del programa nuclear de Irán.

Estas tácticas han formado parte del juego desplegado por Irán durante veinte años. 

No se suele hablar de ello en estos términos en Occidente, pero la mayoría de los gobiernos lo entienden perfectamente y, junto con las evaluaciones constantes de los servicios de inteligencia, queda claro que Irán no ha estado tratando de adquirir armas nucleares. 

Si Donald Trump puede comprender esto, es, por supuesto, una pregunta sin respuesta.

Si Diario Red puede publicar lo que casi nadie más se atreve, con una línea editorial de izquierdas y todo el rigor periodístico, es gracias al apoyo de nuestros socios y socias.

Sin embargo, cuando a Irán se le presenta un acuerdo que considera beneficioso para sus intereses, ha demostrado una flexibilidad notable. 

El Joint Comprehensive Plan of Action (JCPOA) de 2015, a menudo denominado «Acuerdo Nuclear con Irán», preveía inspecciones mucho más intrusivas que las que se ha visto obligado a soportar ningún otro país. 

Irán aceptó y cumplió su parte del acuerdo, a pesar de que Estados Unidos, que había acordado no solo levantar ciertas sanciones relacionadas con el ámbito nuclear, sino también fomentar la inversión en Irán para ayudar a la recuperación de su economía, había optado por desalentar activamente el apoyo económico a la recuperación de Irán. 

Y a pesar de que su principal adversario regional, Israel, tenía su propio arsenal secreto, no declarado y sin supervisar, de docenas, quizá cientos, de ojivas nucleares

Esta vez, Irán no solo aceptó inspecciones del OIEA, que eran al menos igual de intrusivas, sino que también acordó no almacenar uranio enriquecido. 

Ello significa que Irán solo enriquecería lo necesario para su uso civil y que cualquier exceso se entregaría a quien el OIEA acordara consignarlo.

Esto es lo que el ministro de Asuntos Exteriores de Omán anunció al mundo el día antes de que Israel y Estados Unidos lanzaran su ataque contra Irán. 

Teniendo en cuenta lo hermético que es Omán en general y lo reservado que siempre ha sido con la información durante todas las negociaciones en las que ha mediado, esta declaración no tenía precedentes.

 El hecho de que hiciera esa declaración indica que sabía que se avecinaba el ataque y confiaba en frustrarlo. 

Lamentablemente fracasó, porque ni a Israel ni a al gobierno de Trump les importa quedar en ridículo por ser descubiertos en una mentira descarada. La mentira nuclear se halla en la raíz de todo esto, pero hay muchas otras mentiras, que forman parte del cuadro general de este asunto.

2. La mentira de la «amenaza inminente»

El gobierno de Trump ha argumentado que existía una amenaza inminente para las tropas estadounidenses estacionadas en la región. 

Cuando se le pidió al secretario de Estado y asesor de Seguridad Nacional, Marco Rubio, que detallara la amenaza, dijo lo siguiente:

Estaba muy claro que si Irán era atacado por alguien, [...] respondería y que su objetivo sería Estados Unidos. Si nos quedábamos esperando a que se produjera ese ataque antes de golpearlos, sufriríamos muchas más bajas. 

Sabíamos que iba a haber una acción israelí, sabíamos que eso precipitaría un ataque contra las fuerzas estadounidenses.

Así pues, Rubio sostiene que teníamos que atacar a Irán porque, de lo contrario, Israel, fuera de nuestro control, iba a atacar a Irán y precipitar un ataque contra las tropas estadounidenses en la región. Esta, argumentó, era la «amenaza inminente».

El razonamiento circular en este caso es tan falaz que podríamos pensar, que es producto de un niño o niña de una escuela infantil. No puede haber una amenaza inminente provocada por algo sobre lo que tú mismo ejerces el control. 

Además, el pasado mes de junio, fuimos testigos de cómo Trump obligaba literalmente a los aviones de combate israelíes a dar media vuelta en pleno vuelo. 

Trump puede incontrovertiblemente detener un ataque israelí antes de que se produzca y Netanyahu no se atrevería contradecirle de modo tan flagrante en un asunto de esa importancia. Estados Unidos sabía perfectamente que Irán no tenía planes de atacarlo. 

El pasado domingo el Pentágono reveló, en una sesión informativa del Congreso, que Estados Unidos no tenía ninguna información de inteligencia, que indicara que Irán estuviera planeando un ataque contra nuestro país. Simplemente no había ninguna amenaza inminente.

3. La mentira de los «misiles subterráneos»

«Los iraníes son totalmente fanáticos sobre este asunto, sobre el objetivo de destruir Estados Unidos. 

Así que empezaron a construir nuevas instalaciones, nuevos emplazamientos, nuevos búnkeres subterráneos, que, en cuestión de meses, si no se tomaban medidas, habrían hecho inaccesibles sus programas de misiles balísticos y sus bombas atómicas». 

Así explicaba Netanyahu su coartada para esta guerra de elección. Se trata de un tipo de mentira diferente: no es exactamente falsa, pero está descontextualizada y es profundamente engañosa.

Irán estaba fortaleciendo sus instalaciones subterráneas, lo cual es lógico, dado que en junio habían sido atacadas por dos potencias nucleares, ambas mucho más fuertes militarmente, especialmente en lo cuanto a su poder aéreo.

 Irán era obviamente consciente de que sus instalaciones nucleares y su arsenal y su programa de misiles balísticos eran los principales objetivos. 

Construir instalaciones subterráneas para el programa nuclear y para sus sistemas de misiles era simplemente de sentido común y es absolutamente un derecho de Irán. Además, todo lo que Estados Unidos tenía que hacer con respecto al programa nuclear era llegar a un acuerdo con Irán tras la firma del cual la AIEA habría tenido pleno acceso a las instalaciones nucleares subterráneas.

 Una vez más, la idea de que esto justifica un ataque no provocado es absurda y está muy lejos de lo que permite el derecho internacional.

4. La mentira de Pahlavi

Utilizo a Reza Pahlavi, hijo del derrocado sah de Irán para ilustrar la falta generalizada de visión sobre lo que sucederá como resultado de este ataque criminal. 

Para Israel, esta cuestión es menos apremiante. Aunque un Irán que se parezca a Siria o Libia significaría una seguridad considerablemente menor para los ciudadanos israelíes, ello no es algo malo per se desde el punto de vista de Netanyahu. 

Su tipo de demagogia se alimenta literalmente del miedo de los ciudadanos a los que gobierna y las amenazas solo aumentan su capacidad para eliminar la democracia que existe para los judíos en Israel. Para Estados Unidos se trata de un asunto más apremiante, pero al que aparentemente el gobierno de Trump no ha prestado mucha atención. 

En un primer momento Estados Unidos pareció creer que Pahlavi podría ser traído para liderar Irán en lugar de la República Islámica, aunque Trump ha expresado su falta de confianza en el hijo del sah, a quien dirigió palabras amables sobre la posibilidad de que se convirtiese en un líder provisional para luego dar simplemente paso a una nueva democracia iraní prooccidental y proisraelí.

Pero recordemos quién es Pahlavi. Su padre, Mohammad Reza Pahlavi, fue un dictador brutal, reinstaurado por Estados Unidos en 1953 después de que el primer ministro elegido democráticamente, Mohammad Mosaddegh, fuera derrocado mediante un golpe de Estado respaldado por la CIA. 

El propio Pahlavi vivió en el exilio desde el momento en que su padre fue derrocado y, tras la muerte de este, se autoproclamó nuevo rey de Irán.

 En 1982 Pahlavi formó parte de un complot, respaldado por Estados Unidos e Israel, para dar un golpe de Estado en Irán, que fue no obstante abandonado, cuando cambió la cúpula dirigente israelí y el nuevo primer ministro Yitzhak Shamir consideró, que la aventura no era sensata. 

Hay otros casos como este en su historia. Pahlavi niega estar relacionado con Israel o con la inteligencia estadounidense, pero ello es poco creíble. 

Es hijo de un monarca y, dada su historia, sus llamamientos a la democracia suenan huecos. Más concretamente, aunque hay quienes han coreado su nombre durante las protestas, Pahlavi, al igual que otras figuras y grupos iraníes exiliados, no cuenta con un apoyo coordinado dentro de Irán.

El gobierno de Trump está animando a las milicias kurdas y a otras milicias étnicas para que presten su colaboración para derrocar al gobierno de la República Islámica, pero hasta ahora sus esfuerzos han sido recibidos con escepticismo, lo cual no es sorprendente, dado el historial estadounidense de abandono de estos grupos una vez que estos se levantan, posición que se ha visto reforzada recientemente durante las protestas en Irán.

 La verdad es que Estados Unidos no tiene ni idea de lo que sucederá, si el gobierno iraní cae. La estrategia seguida hasta ahora ha consistido en matar a un líder tras otro, pensando que eventualmente encontrarán a alguien que trabaje con Estados Unidos como ha hecho Delcy Rodríguez en Venezuela. No conozco a nadie que realmente conozca a fondo Irán y piense que tal cosa pudiera suceder. 

A fecha de hoy, que ello suceda es todavía menos probable, ya que Estados Unidos e Israel han matado a la mayoría de las personas que pensaban, que podrían encajar en ese perfil.

El engaño es la principal característica de la planificación estadounidense en este caso y un aspecto de este es el autoengaño. Trump ha permitido que Netanyahu le convenza para embarcarse en esta empresa insensata y temeraria. 

Es muy significativo constatar, que ninguno de los predecesores de Trump, remontándonos hasta los días de Ronald Reagan, fue tan estúpido como para dar este paso. Pero no nos equivoquemos en todo caso, esta es una guerra estadounidense, aunque cumpla el sueño más anhelado y antiguo de Netanyahu. 

Trump no fue forzado ni engañado a este respecto. Él y otros miembros de su equipo, principalmente Marco Rubio, están eufóricos por su aparente éxito en Venezuela, mientras Trump tiene la pretensión de pasar a la historia como el hombre que eliminó la odiada República Islámica, objeto del desprecio generalizado y bipartidista en Estados Unidos desde 1979.

Nunca existió la más mínima posibilidad de que se produjera una resolución diplomática del conflicto, como queda demostrado por lo que Irán había ofrecido para cerrar la negociación justo antes de que Israel lanzara el primer golpe. 

Tanto para Israel como para el gobierno de Trump esta guerra tiene su origen en el profundo deseo de eliminar al único país, que ha desafiado la hegemonía estadounidense e israelí durante años. 

La amenaza de la existencia de un arma nuclear iraní es una mentira, como es una completa farsa la preocupación por el pésimo historial de Irán en materia de derechos humanos. Es una guerra elegida, basada en mentiras. 

Ya hemos estado aquí antes, precisamente hace dos décadas. La mayoría de los estadounidenses aprendieron entonces la lección, razón por la cual son muy pocos quienes apoyan hoy esta calamidad. Desafortunadamente, quienes toman las decisiones se encuentran entre esos pocos que no aprendieron nada de lo sucedió entonces.




Craig Mokhiber, «Comprender las dimensiones de la ilegalidad del ataque terrorista de Estados Unidos e Israel contra Irán», todos ellos publicados en Diario Red. Consejo de Derechos Humanos de Naciones Unidas, Informes de la Relatora Especial sobre la situación de los derechos humanos en los territorios palestinos ocupados desde 1967,


Este artículo se ha publicado originalmente en Mondoweiss y se publica aquí con consentimiento expreso de su editor.

https://www.diario-red.com/articulo/armas-para-pensar/desmontando-mentiras-guerra-iran/20260306183142065293.html

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