Nos mintieron. Esa es la frase más dolorosa que una nación puede pronunciar, pero es la única frase que describe con precisión quirúrgica la historia económica de América Latina en los últimos 40 años.
Durante décadas, los economistas formados en Chicago, los titulares del Wall Street Journal y los Tecnócratas de Davos nos vendieron una narrativa perfecta, brillante y seductora.
Nos dijeron que si privatizábamos el agua hasta la última gota, si destruíamos los sindicatos para flexibilizar el trabajo, si convertíamos la educación y la salud en mercancías de lucro, seríamos recompensados. nos prometieron que seríamos el primer mundo.
Y la joya de la corona de esa narrativa, el ejemplo que nos obligaban a mirar era Chile, el Yaguar de Latinoamérica, la Suiza del sur, el milagro del desierto.
Pero hoy, en el año 2025 el telón se ha caído violentamente y lo que encontramos detrás de ese escenario de cartón piedra no es una nación desarrollada.
Lo que encontramos es una estafa piramidal institucionalizada, una estructura económica diseñada no para crear riqueza, sino para extraerla. una maquinaria de transferencia masiva de recursos desde la clase trabajadora hacia una élite financiera minúscula y sus socios extranjeros.
Lo que estamos presenciando ahora no es una simple recesión, es el colapso terminal de una ilusión.
El sueño chileno se ha revelado como una pesadilla de deuda y soledad.
Y mientras ese modelo de vitrina se hace pedazos, al norte del continente emerge una realidad que nadie quiso ver venir. Cruidosa, contradictoria, manchada de grasa y sudor, pero innegablemente real.
El ascenso del Leviatán mexicano.
Este no es un video sobre cifras macroeconómicas abstractas. Este es un análisis forense de una traición. Vamos a diseccionar como Chile fue vaciado por dentro, convertido en un cascarón hueco dependiente de la especulación.
Mientras México, contra todo pronóstico y bajo el fuego constante de la crítica neoliberal, decidió construir una máquina de guerra industrial.
Hoy vamos a enfrentar la mentira contra la realidad, la estafa Punzi contra la fábrica de acero, la traición de la élite chilena contra la resurrección del nacionalismo mexicano.
Bienvenidos. al juicio final del neoliberalismo.
Capítulo 1. La anatomía de la estafa.
¿Por qué Chile no es rico?
Para entender la magnitud del engaño, debemos redefinir lo que significa riqueza.
Los economistas ortodoxos les dirán que miren el PIB per cápita. En el papel, el PIB per cápita de Chile ha sido históricamente alto, superando a menudo al de México.
Pero el PIB es una métrica tramposa diseñada para ocultar la distribución y la naturaleza de esa riqueza.
Si un país tiene 10 personas y una de ellas tiene 10,000 millones de dólares y las otras nueve tienen cero, el PIB per cápita dirá que todos son millonarios.

Eso es Chile. Pero el problema es aún más profundo que la desigualdad.
El problema es el origen de ese dinero. La economía chilena se construyó bajo la lógica de una estafa ponsi.
¿Cómo funciona? Simple. se basa en la entrada constante de capitales especulativos atraídos por altas tasas de retorno garantizadas por el Estado a través de privatizaciones y se sostiene mediante el endeudamiento masivo de la población para mantener un nivel de consumo que los salarios reales no pueden justificar.
Durante los años 90 y 2000, Chile vivió una fiesta de consumo.
Los malls se llenaron, las tarjetas de crédito volaban, parecía prosperidad, pero no era prosperidad orgánica, era dopaje financiero. Chile no se hizo rico produciendo tecnología, ni creando patentes, ni exportando maquinaria compleja.
Chile se hizo rico vendiendo las joyas de la abuela, sus empresas estatales y recursos naturales y usando la tarjeta de crédito para comprar televisores importados de Asia.
Es una riqueza de flujo de caja, no de balance general.
Mientras el precio del cobre estuviera alto y el crédito fuera barato, la bicicleta seguía girando. Pero la termodinámica económica es implacable. No puedes consumir más de lo que produces para siempre.
Comparemos esto con la estructura que México ha estado forjando, especialmente acelerada en los últimos 6 años.
México ha optado por el camino difícil, el camino que los libros de texto neoliberales decían que era obsoleto, la economía física.
Mientras Chile desmantelaba su estado, México mantuvo a dunas penas el control sobre sectores estratégicos y lo más importante, mantuvo su vocación de hacer cosas. La riqueza de México hoy no es una ilusión contable en la bolsa de valores.
Es una riqueza anclada en activos tangibles, fábricas, oleoductos, trenes, puertos y una masa laboral calificada. Cuando el sistema financiero global tiembla y va a temblar, el papel moneda pierde valor, las acciones se desploman, pero una fábrica de acero sigue siendo una fábrica de acero. Un silo lleno de maíz sigue siendo comida.
Chile apostó a ser un país de servicios sin haber pasado por la industrialización madura. Se saltaron una etapa del desarrollo civilizatorio.
Quisieron ser Londres sin haber sido Manchester y el resultado es una economía de servicios precarios. repartidores, guardias de seguridad, vendedores de retail, trabajos que no generan valor agregado real, solo circulan en el dinero existente.
México, en cambio, aceptó su rolencia manufacturera y al hacerlo construyó una base de resistencia que Chile no tiene. La diferencia es brutal. Chile es un país que compra modernidad. México es un país que fabrica modernidad.
Y en tiempos de guerra económica, el que fabrica las armas gana y el que las compra depende.
Capítulo 2. El crimen de la desindustrialización.
Maquila versus mente.
Miren a su alrededor. Si están en Chile, hagan el ejercicio honesto. ¿Qué objeto en su habitación fue fabricado en su país? Probablemente nada. Ni el teléfono, ni la mesa, ni la ropa, ni siquiera los clavos de la pared. Chile importa prácticamente todo lo que necesita para la vida moderna.
Esto no fue un accidente, fue un crimen planificado, fue un suicidio industrial asistido. En los años 70 y 80, los Chicago Boys, esos ideólogos fanáticos de libre mercado, llegaron con una premisa dogmática, la ventaja comparativa. Dijeron, “Chile es bueno sacando cobre y frutas. Dediquémonos solo a eso.
Si es más barato importar textiles de China o acero de Brasil, cerremos las fábricas nacionales.
No importa que se pierdan empleos industriales, importaremos todo más barato. Parecía lógico en una hoja de cálculo, pero en la realidad geopolítica fue una sentencia de muerte. Al desvanterar su industria textil. Metalmecánica y química.
Chile cortó sus manos. Perdió el know howow, el saber hacer. Cuando cierras una fábrica, no solo despides obreros, destruyes el ecosistema de ingenieros, técnicos y diseñadores que sabían cómo transformar la materia. ¿Conviertes a tu población en meros consumidores pasivos o en extractores brutos? Chile se convirtió en una economía de hoyo y puerto.
Sacan tierra del hoyo, la ponen en un barco en el puerto y adiós. El valor agregado se genera en China, en Corea, en Alemania.
Ellos nos venden de vuelta el cobre convertido en cables, motores y electrónica a 1000 veces el precio.
Es la definición clásica de colonialismo económico, pero esta vez fue voluntario.
La élite chilena prefirió ser cabeza de ratón rentista que cola de león industrial.
Ahora giremos la mirada hacia el norte, hacia el Leviatán mexicano. México también firmó tratados de libre comercio.
México también abrió sus fronteras, pero hubo una diferencia fundamental en la ejecución y en la cultura empresarial.
México se negó a desmantelar por completo su aparato productivo y en la última década ha ocurrido una metamorfosis que asusta a los competidores del norte. México dejó de ser un simple ensamblador, maquilador para convertirse en un centro de manufactura compleja. Ya no estamos hablando de coser pantalones vaqueros en la frontera.
Estamos hablando de plantas en Querétaro, diseñando turbinas para aviones de General Electric y Safran. Estamos hablando de plantas en Puebla y San Luis Potosí, donde robots de última generación, programados por ingenieros mexicanos egresados del Politécnico, ensamblan los vehículos eléctricos que moverán al mundo.
Estamos hablando de Nuevo León, que se está convirtiendo en el hop de electromovilidad más tenso del hemisferio occidental.
Esto es lo que yo llamo una máquina de guerra industrial. La vensidad industrial de México es su escudo. ¿Por qué el peso mexicano, el superpeso ha resistido tanto frente al dólar mientras otras monedas colapsan?
No es solo por las tasas de interés, es porque detrás de ese billete hay una economía real que exporta más manufactura que todo el resto de América Latina combinada.
El mundo necesita a México. Si México se detiene, las líneas de producción en Detroit se detienen en 48 horas. Si México cierra sus puertos, los hospitales en Estados Unidos se quedan sin dispositivos médicos. Esa es una palanca de poder real. Es soberanía por interdependencia. Chile trágicamente es prescindible.
Si mañana hay un terremoto geopolítico y Chile deja de exportar cerezas o vino, el mundo buscará otro proveedor en una semana. El cobre es importante, sí, pero hay cobre en Perú, en África, en Australia. Chile no tiene el monopolio de nada estratégico que no pueda ser sustituido. México se ha vuelto insustituible en la cadena de suministro de alta tecnología de Norteamérica.
Esta diferencia estructural explica por qué ante la crisis global de suministros la inversión extranjera directa IED está inundando México en un fenómeno de nil shoring histórico, mientras que en Chile la inversión se estanca o huye.
El capital global no es tonto. El capital sabe que el futuro pertenece aquien puede hacer cosas, no a quien solo las consume.
El modelo chileno creó una nación de gerentes de ventas y abogados corporativos expertos en eludir impuestos. El modelo mexicano con todo su caos y violencia ha forjado una nación de ingenieros, técnicos mecatrónicos y obreros especializados.
Y aquí viene la pregunta dolorosa para la sociedad chilena. ¿De qué sirvió tener los centros comerciales más lujosos de Sudamérica si no saben fabricar ni la escalera mecánica que los mueve?
Han construido un país de utilería, un set de filmación de Hollywood que se ve bien en cámara, pero que si te apoyas
en la pared se cae. La desindustrialización no fue solo un error económico, fue una traición a la soberanía nacional. Porque un país que no fabrica sus propias herramientas es un país que vivirá siempre pidiendo prestado las herramientas del amo.
¿Qué define a un esclavo? En la antigüedad, el esclavo era aquel que trabajaba y no recibía salario.
En el neoliberalismo moderno, perfeccionado en el laboratorio chileno, el esclavo ha evolucionado. Ahora recibe un salario, sí, pero ese salario es matemáticamente insuficiente para vivir, para cubrir la brecha entre lo que gana y lo que necesita para comer. El sistema no ofrece una solución, la deuda.
El esclavo moderno es el siervo de la cuota.
En Chile se inventó una categoría sociológica perversa, la clase media emergente. Los políticos y los banqueros celebraban que millones de chilenos habían salido de la pobreza.
Pero si miramos los datos duros, esa clase media es una alucinación estadística. No son personas que hayan acumulado patrimonio, ni que tengan ahorros, ni que posean medios de producción.
Son en realidad pobres con crédito. El sistema financiero chileno es único en su crueldad. En Chile, las tiendas de ropa y electrodomésticos El Retail se convirtieron en bancos. Falabela, Replay, Sencosut, te venden la camisa, los zapatos y el televisor en cuotas con tasas de interés que en cualquier país civilizado serían consideradas usura criminal.
Han bancarizado la supervivencia. He visto familias en Santiago comprando comida en el supermercado en tres cuotas. Piénsenlo por un segundo. Estás endeudando tu futuro para pagar las calorías que consumiste hoy. Eso no es movilidad social, eso es canibalismo financiero. El sistema te come el futuro para mantenerte vivo en el presente.
Esta estructura crea una sociedad de terror psicológico constante. El ciudadano chileno camina por el recentro comercial, bien vestido, con el último iPhone, pero por dentro vive con un nudo en el estómago. Sabe que está a un solo cheque de distancia de la indigencia. Si pierde el empleo por dos meses, la montaña de deudas se derrumba.
Le embargan la casa, le quitan el auto y pasa a ser un paria en el sistema comercial, el infame Dicom. Es una prosperidad de plástico frágil y brillante, diseñada para romperse. Es un mecanismo de control social perfecto. Una población endeudada hasta el cuello es una población dócil.
No hacen huelgas, no protestan, no se revelan porque tienen miedo de que el banco les quite lo poco que poseen, que en realidad no poseen, solo alquilan al banco.
Ahora crucen el Ecuador y miren lo que está sucediendo en México. Durante 30 años de neoliberalismo, el periodo del PRIAN, México intentó copiar este modelo. Mantuvieron los salarios deprimidos artificialmente para atraer inversión barata. Pero la cuarta transformación rompió este paradigma con una violencia necesaria.
México ha ejecutado una política de recuperación salarial agresiva. El aumento del salario mínimo en más del 100% en términos reales en en último sexenio. Junto con la eliminación de la subcontratación abusiva, outsourcing cambió la ecuación. Los economistas ortodoxos gritaron que esto causaría inflación y desempleo.
Mintieron. Lo que causó fue la creación de un mercado interno robusto. El dinero que llega hoy al bolsillo del trabajador mexicano, especialmente en el norte y el bajío industrial, es dinero con tracción real. No es crédito, es salario, es la retribución por la producción de valor. Cuando un obrero en una planta de Monterrey compra un refrigerador hoy, es mucho más probable que lo haga con el fruto de su ahorro o con un crédito manejable respaldado por un ingreso que ha crecido por encima de la inflación.
México está construyendo una clase trabajadora con músculo financiero, no con esteroides de crédito. Es perfecto. No, México sigue teniendo pobreza y desigualdad brutales, pero la dirección del vector ha cambiado. Mientras Chile profundiza la deuda para sostener el consumo, México profundiza el ingreso para sostener el consumo.
Esta diferencia es vital para la estabilidad nacional. Una crisis financiera global puede cortar el crédito en un segundo destruyendo a Chile, pero no puede borrar fácilmente el poder adquisitivo real basado en la producción física, protegiendo a México.México está apostando a que la dignidad se paga con efectivo, no con una tarjeta Visa Signature que te cobra el 45% de interés anual.
La clase media mexicana que se está formando no es una ilusión de marketing, es una clase trabajadora que está recuperando su participación en la riqueza nacional. Y eso, camaradas, es la única base sólida para una democracia real. Si la deuda de consumo es la esclavitud del presente, el sistema de pensiones chileno es el robo del futuro.
Aquí entramos en el corazón de las tinieblas del modelo chileno, las administradoras de fondos de pensiones AFP. Este sistema fue impuesto durante la dictadura militar a punta de fusil. No fue un debate democrático, fue un experimento de laboratorio sobre seres humanos cautivos. La promesa fue seductora. Es tu dinero. Tú eres el dueño.
Capitalización individual. Si trabajas duro, te jubilarás con el 100% de tu sueldo. Fue la mentira más grande contada en la historia de Sudamérica. 40 años después, los resultados están en la vista y son devastadores. La inmensa mayoría de los jubilados chilenos reciben pensiones que están por debajo de la línea de la pobreza, incluso aquellos que cotizaron toda su vida.
Estamos hablando de tasas de reemplazo del 20% o 30%. Gente que fue clase media laboral y que al jubilarse cae instantáneamente en la miseria. Vemos a ancianos de 80 años trabajando de empaquetadores en supermercados o vendiendo dulces en el metro porque la pensión no les alcanza para los medicamentos. Pero aquí está el truco y presten atención porque es genial en su perversidad.
Las AFP no fracasaron. Las AFP funcionaron exactamente para lo que fueron diseñadas. El objetivo del sistema nunca fue pagar pensiones dignas. El objetivo era crear una piscina gigantesca de capital barato para financiar a los grandes grupos económicos de Chile. Funciona así. El Estado obliga al trabajador a entregar el 10% de su salario todos los meses a una empresa privada, la AFP.
La AFP toma ese dinero, miles de millones de dólares acumulados y lo invierte. ¿En quién invierte? En las empresas de los dueños de Chile, los bancos, el retail, las mineras. las eléctricas.
Es decir, el trabajador chileno financia con su propio sueldo la expansión del imperio de sus jefes y los dueños de Chile obtienen capital fresco y barato sin tener que pedirlo prestado a bancos internacionales.
Es una transferencia masiva de riqueza desde el trabajo hacia el capital. Es un impuesto al trabajo privatizado. Las AFP ganan comisiones millonarias siempre, pierda o gane el fondo. El riesgo lo asume 100% el trabajador. Si la bolsa cae, tú pierdes tu jubilación. Si la bolsa sube, la AFP cobra su comisión. La casa nunca pierde.
Han roto el pacto sagrado entre generaciones. Han convertido la vejez en un negocio financiero. Miremos ahora la respuesta de México ante el desafío del envejecimiento. El gobierno mexicano implementó la pensión universal para el bienestar de las personas adultas mayores. Los críticos neoliberales la atacaron ferozmente.
Es populismo, es compra de votos, va a quebrar las finanzas públicas. No entienden nada de economía hidráulica. La pensión universal en México no es un modelo de capitalización individual en la bolsa.
Es una transferencia directa del presupuesto público al bolsillo del ciudadano. Es un derecho constitucional, no un producto financiero.
Al entregar una renta básica garantizada a todos los mayores de 65 años, que ya supera los 6000 pesos bimestrales y sigue subiendo, México ha logrado dos cosas monumentales. Uno, justicia histórica, dignidad. Ha sacado a millones de ancianos de la pobreza extrema, les ha dado autonomía, ya no tienen que pedirle dinero a los hijos para comer.
Es estado diciendo, “Gracias por haber construido este país con tus manos durante 50 años. Aquí tienes tu dividendo social. Motor económico, keinesianismo popular. Ese dinero no se evapora, ese dinero se gasta inmediatamente. El abuelo compra comida en el mercado, compra medicinas en la farmacia local, compra ropa.
Ese dinero circula en la economía real, reactivando el consumo en los pueblos más olvidados de la sierra y la costa. tiene un efecto multiplicador mucho mayor que el dinero guardado en una cuenta de inversión en Nueva York. Mientras Chile utiliza el dinero de los viejos para especular en la bolsa de valores y financiar fusiones corporativas, México utiliza el presupuesto del Estado para inyectar vida directamente en la base de la pirámide social.
Humo es un modelo extractivo.
Chupa la sangre del trabajador para alimentar al vampiro financiero.
El otro es un modelo distributivo. Riega la raíz para que el árbol se mantenga de pie. La diferencia moral es abismal, pero la diferencia económica también lo es. Un país que abandona a sus viejos es un país sin memoria y sin futuro, un país fracturado por el resentimiento, un país que protege a sus viejos, crea una cohesión social, una lealtad al proyecto nacional que ningún gráfico de Bloomberg puede medir.
En Chile la gente odia su sistema de pensiones y quiere quemar las oficinas de las AFP.
En México, la gente defiende su pensión como una conquista irrenunciable. Esa legitimidad política es, en última instancia el activo más valioso de un estado. Chile apostó por el lucro de la vejez y cosechó odio social. México apostó por la dignidad de la vejez y cosechó estabilidad política y consumo interno.
Si pelamos las capas de la economía financiera, si quitamos los gráficos de la bolsa y las tarjetas de crédito, llegamos al suelo, a la tierra, a la realidad material. Y aquí encontramos la diferencia más obsena entre ambos modelos. la relación de la nación con su propia geografía. Chile no solo privatizó sus empresas, privatizó su propia naturaleza.
Es difícil de creer para cualquier persona fuera de Chile, pero es el único país del mundo donde el agua es propiedad privada consagrada en la Constitución y protegida por el código de aguas de 1981. El agua se separó de la tierra. Se crearon derechos de aprovechamiento de agua que se regaran a perpetuidad y que luego se pueden comprar, vender, arrendar e hipotecar en el mercado abierto.
El resultado es una distopía ecológica y humanitaria. En zonas como Petorca vemos cerros cubiertos de verde brillante. Son plantaciones de aguacates paltas para la exportación a Europa. Pero a los pies de esos cerros, los pueblos rurales no tienen agua para beber. Los niños van a escuelas donde el baño se tira con balde.
El estado tiene que enviar camiones al jibe para dar de beber a su propia gente, mientras el río al lado está seco, porque el agua está entubada hacia la agroindustria privada. Chile decidió que es más eficiente exportar agua virtual en forma de fruta premium que garantizar la vida de sus ciudadanos. Han convertido la sequía en un negocio.
El mercado asigna el agua al mejor postor y el mejor postor siempre es la minera o la agroexportadora, nunca el campesino pobre. Esto no es capitalismo, esto es feudarismo hídrico. Y si miramos hacia el futuro, hacia el oro blanco, el litio, la mentalidad chilena sigue atrapada en el siglo XIX. Chile posee las mayores reservas de litio del mundo en el salar de Atacama.
¿Y qué hace con ellas? Las arrienda. El estado chileno actúa como un terrateniente perezoso. Le entrega el salar a empresas privadas SQM y Albemarle para que ellas extraigan la salmuera, la sequen al sol y se lleven el carbonato de litio en barcos como materia prima bruta. Chile cobra impuestos, sí, y recauda mucho dinero a corto plazo, pero renuncia a todo lo demás.
Chile no fabrica baterías, no fabrica cátodos, no tiene una industria de electromovilidad, se conforma con la renta. Es la maldición del modelo extractivista. Saca todo rápido, vende lo barato y gasta el dinero en importaciones. Es una economía que vacía el país para llenar los bolsillos de una élite que ni siquiera vive en la zona de sacrificio que explota.
Ahora observen el giro copermicano que ha dado México. La historia de México está marcada por el petróleo. La expropiación de 1938 es el mito fundacional del nacionalismo mexicano. Pero en las últimas décadas neoliberales intentaron desmantelar Pemex y entregar la energía a extranjeros. La cuarta transformación frenó en seco este proceso y lanzó una contraofensiva de soberanía energética.
La construcción de la refinería Dos Bocas y la compra de las 13 plantas de Iberdrola no son caprichos nostálgicos. Responden a una lógica de seguridad nacional impecable. El que no controla su energía no controla su destino. Si mañana estalla una guerra global y se cierran las rutas marítimas, Chile se apaga en dos semanas porque importa todo su gas y petróleo refinado.
México con sus refinerías operando, puede seguir moviendo sus camiones, sus tractores y sus tanques.
Eso es resiliencia. estratégica. Y respecto al litio, México dio un golpe en la mesa con la ley minera que nacionalizó el mineral y creó la empresa estatal Litio MX. Los mercados financieros gritaron escandalizados, “Estatismo, gritaron.

Pero México entiende algo que Chile olvidó.
El valor no está en la piedra, el valor está en la tecnología. La estrategia de México no es convertirse en un exportador de litio crudo. De hecho, México ha dicho que no quiere exportar litio.
Lo que México quiere es utilizar su litio como palanca de negociación para obligar a las empresas automotrices a fabricar las baterías dentro de México.
Es la estrategia del encadenamiento productivo forzoso. México le dice a Tesla, a BMW, Audi, si quieres acceso a mi mercado y a mis recursos, tienes que transferir tecnología, tienes que poner la fábrica aquí, tienes que contratar ingenieros mexicanos. }
Mientras Chile se conforma con ser la mina del mundo, México aspira a ser el taller de alta tecnología del mundo.
Humo apuesta a la renta fácil de la naturaleza, el otro apuesta a la industrialización del recurso. La diferencia es abismal. Una mina se agota y deja un agujero en el suelo. Una industria crea conocimiento, infraestructura y una clase media técnica que perdura por generaciones. Chile está vendiendo la herencia de sus nietos. México está intentando construir la herencia de los suyos.
Pero para construir esa industria, para manejar esas refinerías y diseñar esos autos eléctricos, necesitas algo más valioso que el petróleo. Necesitas cerebros. Y aquí entramos en la tragedia más silenciosa y letal del modelo chileno, la destrucción de la educación pública. Los ideólogos de Chicago cometieron un crimen contra la inteligencia.
convirtieron la educación en un bien de consumo. Dijeron, “Si quieres estudiar, paga. Si es un buen negocio ser médico, invierte en ti mismo.” El Estado se retiró y dejó que el mercado regulara. Surgieron universidades privadas de garaje, de caridad dudosa, cuyo único fin era el lucro. Y para financiar esto se creó el crédito conval del estado, Cae.
El CAE es una trampa mortal. Es un mecanismo diseñado para endeudar a los jóvenes antes de que ganen su primer sueldo. Hoy hay cientos de miles de profesionales chilenos que arrastran una deuda millonaria que no pueden pagar. Son siervos cognitivos. ¿Qué pasa con la mente de un joven que se gradúa debiendo 30 o 40,000? Ese joven no es libre.
Ese joven tiene miedo. No puede emprender. No puede arriesgarse a fundar una startup. No puede dedicarse a la investigación científica o al arte porque tiene que pagar la cuota al banco a fin de mes. El sistema chileno castra la innovación mediante la deuda. Obliga a los talentos a buscar trabajos seguros, corporativos y aburridos para servir a la deuda.
Han convertido a una generación de potenciales creadores en empleados angustiados. Es una pérdida de capital humano incalculable. Miren a México. A pesar de todos los intentos neoliberales por desmantelarla, la educación pública mexicana resistió. la UNAM, Universidad Nacional Autónoma de México, el IPN, Instituto Politécnico Nacional y las universidades estatales son gigantes que siguen ofreciendo educación de primer nivel prácticamente gratuita.
Y bajo el gobierno actual se han creado más de 200 nuevas universidades para el bienestar en zonas rurales gratuitas y sin examen de admisión excluyente. Esto no es caridad, esto es estrategia industrial. Cuando un ingeniero mecatrónico se gradúa del politécnico en la Ciudad de México o del Tecnológico de Monterrey, incluso siendo privado, tiene un enfoque industrial distinto.
Sale al mercado con una ventaja masiva sobre su par chileno, sale con deuda cero. Su mente es un activo libre, puede tomar riesgos, puede fallar y volver a intentar.
Puede unirse a una planta automotriz y proponer mejoras. Esta masa crítica de ingenieros es el combustible secreto del M Shoring. Las empresas extranjeras no vienen a México solo porque la mano de obra es más barata que en Estados Unidos.
Vienen porque hay talento técnico disponible. México gradúa más ingenieros al año que Alemania. México está apostando al capital mental libre. Mientras Chile ve la educación como un gasto que debe ser recuperado con intereses, México ve la educación como una inversión a fondo perdido en la soberanía nacional.
El Estado paga la carrera del ingeniero porque sabe que ese ingeniero va a construir el puente, va a refinar la gasolina y va a diseñar el software que mantendrá al país funcionando en 2040.
La batalla por el siglo XXI es la batalla por el conocimiento y no puedes ganar esa batalla si tus soldados, tus estudiantes, tienen que pagar por sus propias balas y endeudarse por sus propios uniformes. Chile ha mercantilizado su futuro intelectual, ha creado una barrera de entrada al conocimiento basada en el dinero, dejando fuera a miles de mentes brillantes que nacieron pobres.
México, con su modelo masivo y público está jugando el juego de los grandes números. sabe que el próximo genio puede nacer en una aldea de Oaxaca y el Estado tiene la obligación de ponerle un pupiter enfrente, no una factura bancaria. En la economía del conocimiento, el modelo chileno es un suicidio.
El modelo mexicano es una apuesta de supervivencia a largo plazo.
La economía no ocurre en el vacío, ocurre en la geografía. Y la geografía es el destino. Aquí es donde la tragedia chilena se vuelve ineludible y la ventaja mexicana se vuelve abrumadora. Durante el auge neoliberal, la élite chilena cultivó una arrogancia peligrosa. Se convencieron a sí mismos y trataron de convencer al mundo de que Chile no era parte de América Latina.
Miraban con desprecio a sus vecinos. Decían, “Somos los ingleses de Sudamérica. Nuestro barrio es malo, pero nosotros somos la casa bonita en el barrio feo.” Esta mentalidad los llevó a un aislamiento estratégico suicida. Chilese desconectó de la integración regional. Apostó todo a tratados de libre comercio con potencias lejanas.
China, Europa, Estados Unidos. Pensaron que la globalización era eterna y que los mares siempre estarían abiertos para sus barcos llenos de frutas y cobre.
Pero la globalización ha muerto. El mundo se está fragmentando en bloques hostiles. Las cadenas de suministro se están acortando y en este nuevo tablero, Chile descubre con horror su realidad física.
Es un país largo, delgado, al final del mundo, lejos de todo, sin amigos y sin aliados reales.
Si está ya un conflicto en el Pacífico entre China y Estados Unidos, el escenario más temido por los estrategas, Chile queda estrangulado.
Sus rutas comerciales se cierren y al no tener una industria propia ni una integración robusta con sus vecinos, Argentina, Perú, Bolivia, Chile queda a la deriva, vulnerable, convertido en una isla de soledad.
Su diplomacia reciente, errática e ideologizada, peleándose con los líderes de la región para complacer intereses foráneos, solo ha profundizado este agujero. Chile hoy no pesa en la mesa de negociaciones, es un espectador pasivo de su propio destino. Ahora miren el mapa de México. México ha ejecutado una maniobra deudo geopolítico magistral.
Ha utilizado su vecindad con el imperio Estados Unidos no como una condena, sino como una palanca de poder. La integración de México en el bloque de América del Norte, Temec, es la integración más profunda del planeta. Pero, y este es el matiz genial del actual gobierno mexicano, lo ha hecho sin renunciar a su alma latina y soberana.
México se ha posicionado como el estado bisagra, Swing State del hemisferio occidental. Es la fábrica esencial de Estados Unidos. Es el líder cultural y político de América Latina. es un interlocutor respetado por China y el sur global. México habla con todos. México negocia con todos.
Su proyecto del corredor interoceánico del ITMO de Tehuantepec es la jugada maestra.
Al crear una alternativa al canal de Panamá controlada por el Estado mexicano y protegida por la Marina, México se coloca en la yugular del comercio mundial.
Quien controla el paso entre los océanos controla el flujo de la riqueza. Mientras Chile cobra peajes en autopistas privadas, México construye la infraestructura que definirá el comercio del siglo XXI.
Esta posición le da a México una disuasión estratégica. Estados Unidos no puede permitirse que México caiga.
La estabilidad de México es un asunto de seguridad nacional para Washington. Esto le da a México un poder de negociación inmenso para defender a sus migrantes, para exigir respeto y para mantener su autonomía energética.
Chile, por el contrario, es prescindible.
Si Chile colapsa, el mundo pierde un poco de cobre y vino, pero el sistema sigue funcionando.
Si México colapsa, la economía de Norteamérica se detiene. Ser demasiado grande para fallar es la mejor póliza de seguro en un mundo peligroso. En el fondo, esta es una batalla sobre la naturaleza misma del Estado.
El modelo chileno se basa en el estado ausente. La Constitución de Pinochet, que en esencia sigue vigente en lo económico, estableció el principio de subsidiariedad. El Estado solo hace lo que los privados no quieren hacer.
El Estado se retiró, se convirtió en un mero observador, un regulador tímido que mira cómo las corporaciones gestionan el territorio, la salud, la educación y las pensiones.
Cuando hay un incendio forestal en Chile, vemos la impotencia del Estado.
Tiene que arrendar aviones a empresas privadas extranjeras para apagar el fuego en su propio suelo. han desmantelado su capacidad operativa.
Es un estado anoréxico, fiscalmente responsable, pero socialmente inútil. México está viviendo el regreso del Leviatán.
La cuarta transformación es ante todo la rehabilitación del poder público. El Estado mexicano ha vuelto a tomar el volante, ha vuelto a construir trenes, ha vuelto a refinar petróleo, ha vuelto a repartir riqueza, ha vuelto a cobrar impuestos a los ricos.
Los liberales gritan estatismo, autoritarismo. Pero lo que el pueblo ve es que por primera vez en décadas hay un piloto en el avión.
Este estado presente se manifiesta en la obra pública. El ejército mexicano construyendo aeropuertos y bancos, Banco del Bienestar, en tiempo récord, no es una militarización en el sentido represivo tradicional. Es el uso de la última institución disciplinada que le quedaba al Estado para ejecutar obras que el sector privado boicoteaba o hacía lentas y caras.
Es un modelo de desarrollo nacional popular. Es imperfecto, burocrático y ruidoso, sí, pero es efectivo. Ha logrado reducir la pobreza y la desigualdad a un ritmo que el mercado libre nunca logró. ha demostrado que la mano invisible del mercado es a menudo un puño que golpea a los pobres y que a veces se necesita la mano visible del estado para levantar al caído.
En Chile la gente se siente huérfana,sienten que están solos contra el mundo.
En México la gente, especialmente los más pobres, sienten por primera vez que tienen un escudo.
Llegamos al veredicto final. Si proyectamos estas dos trayectorias, la chilena y la mexicana, hacia el horizonte de 2030, el panorama deja de ser una especulación académica para convertirse en una advertencia histórica urgente.
Estamos entrando en la era de la economía física, una era tuga de escasez, de conflicto y de reordenamiento global. En este nuevo mundo despiadado, las reglas del juego han cambiado. Ya no importa cuánto sube tu bolsa de valores, ya no importa qué calificación te da Moodies o Fitch, ya no importa qué tan bonitos son tus centros comerciales.
En la era de la economía física solo importa cuánta energía controlas, cuánta comida produces, cuántas fábricas operan en tu suelo, qué tan leal tu pueblo a su proyecto nacional.
Bajo estas nuevas reglas, Chile está desnudo. Su modelo te vitrina, que tanto aplaudieron en Londres y Nueva York, ha demostrado ser una jaula de cristal, hermosa por fuera, pero frágil y asfixiante por dentro.
Al haber desmantelado su industria, vendido su agua, privatizado su vejez y endeudado a su juventud, Chile se ha quedado sin herramientas para enfrentar el invierno.
Es un país que apostó todo a que el mundo nunca cambiaría y ahora que el mundo ha cambiado se encuentra la intemperie. México es el sobreviviente.
El gigante ha despertado, no con sueños imperiales de conquista, sino con la sobriedad del ingeniero, que sabe que para llegar al cielo primero hay que poner los cimientos en la tierra. México está construyendo un arca industrial capaz de navegar las tormentas de la desglobalización.
Mientras otros países se fragmentan, México se está integrando, soldando su destino al acero, al concreto y al trabajo, no al papel moneda.
La lección para América Latina y para el mundo es brutalmente simple. La ficción se desmorona.
La fricción construye.
El modelo de casino te promete ganar rápido sin trabajar, pero la casa siempre gana y tú siempre terminas en la calle. El modelo de fábrica es duro, exige sudor, disciplina y sacrificio, pero al final del día lo que construyes es tuyo, es sólido, es real.
Y nadie te lo puede quitar con un click en una computadora en Wall Street. La historia será implacable con aquellos que prefirieron la mentira cómoda a la verdad difícil. Chile eligió ser el alumno obediente del neoliberalismo y hoy paga el precio de su irrelevancia y su fractura social. México eligió el camino áspero de la soberanía nacional.
Y hoy se levanta como la potencia industrial del futuro. No se dejen engañar más. La realidad ha dictado su sentencia.
En la batalla final entre el papel y el acero, el acero siempre gana.
Soy Richard Wolf y esto fue la anatomía de una traición. Despierten.

