En una Argentina gobernada por la xenofobia y el odio, debemos recordar a Marcelina Meneses y su hijo de 11 meses que, el 10 de enero del 2001, perdían la vida al ser arrojados por otros pasajeros de un tren en movimiento antes de la estación Avellaneda, por ‘boliviana”...
(En el Día de la Mujer Migrante)
Cargaba el hijo al lomo,
manojo colorido y moreno,
sonrisa sorprendida
Cargaba el hijo al lomo
y en los ojos
todo el injusto dolor del desarraigo
Por mujer, la mataron.
Por migrante, por pobre
por ocupar el lugar, ella y la guagua.
Nadie vio nada, dicen
Nadie.
Ni los que la insultaron.
Ni los que la empujaron
Ni los que cada diciembre ponen
un niño rubio y una mujer blanca en el pesebre
Nadie vio nada, dicen,
y por eso,
todos morirán ciegos.
Marcelina Meneses tenía solo 30 años de edad. Era una mujer migrante, de origen boliviano, residente en Argentina. Vivía junto a su familia desde hacía cinco años en la localidad bonaerense de Quilmes. Un 10 de enero del año 2001, en una calurosa mañana de verano, decidió viajar en un tren para llevar a su hijo de 20 meses al Hospital Fiorito en Avellaneda.
Sin embargo, un conflicto al interior del vagón marcó la fecha con un trágico significado. Marcelina pasó a rozar con sus bolsas a un pasajero mayor, quien no dudó en insultarla.
Según testigos de la situación, el hombre gritó “¡Boliviana de mierda! ¡No mirás cuando caminás!”.
Ante lo ocurrido, sólo una persona intervino en la escena y pidió que tuvieran más cuidado porque la mujer llevaba a su bebé de 10 meses de edad en la espalda.
Se trata del testigo Julio César Giménez.
Sin embargo, la situación lejos de calmarse, se puso peor.
El hombre que también había sido rozado por Meneses continuó lanzando insultos y ahora lo hacía hacia quien había defendido a Meneses, logrando que se sumaran más pasajeros a la discusión.
En medio de la trifulca, aparece un guardia de seguridad, quien en vez de apaciguar las aguas, enardeció más aún el ambiente con una serie de comentarios xenófobos hacia la mujer.
“¡Uh! ¡Otra vez estos bolivianos haciendo quilombo! ¡Me tienen podrido! ¡Yo me las tomo!”, fueron parte de las palabras expresadas por el guardia según relatan testigos.
Luego de eso Marcelina y su bebé fueron empujados del tren y fallecieron inmediatamente sin recibir atención médica.
Al interior del vagón se escucha decir “¡Uy, Daniel, la puta que te parió, la empujaste!’”.
Minutos más tarde, los cuerpos de Marcelina y su hijo yacen a un costado de la vía del tren.
Es producto de este trágico hecho se establece el 10 de enero como el Día de las Mujeres Migrantes en homenaje a Marcelina Meneses.
Este hecho es considerado un acto racista, ya que la mujer fue víctima de improperios y agresiones xenófobas, producto de su condición de mujer migrante boliviana, dejando en evidencia que la discriminación mata.
Según la investigación y pese a la declaración de testigos, las autoridades cerraron el caso, señalando que la mujer fue arrollada por el tren, dado que caminaba por la línea al momento del accidente, descartando por completo el episodio ocurrido al interior del vagón.
Desde ese entonces, no hay responsables de los asesinatos y el caso continúa impune. Sin embargo cada 10 de enero, en memoria de Marcelina y su hijo se conmemora el Día de la Mujer migrante, con el fin de visibilizar que la violencia machista y racista matan.
A 24 años del asesinato de Marcelina y Josua aún no hay justicia.
Que sus ojos, tan morenos como nuestra tierra, no los dejen dormir jamás.
Por Cecilia Solá

