La hipocresía está reinando actualmente en la diplomacia mundial.
El
respeto del derecho internacional es una farsa.
Algunos países
poderosos militarmente —con un pasado colonialista— han resurgido sus
viejas taras de dominación camuflada esta vez —y cínicamente— bajo
nobles aspectos humanitarios.
El Mundo se está convirtiendo cada vez más
en una jungla donde prima la decisión del más fuerte.
Con razón el
fallecido premio Nobel de literatura, el magistral escritor y pensador
José Saramago nos advertía del engaño y de su principal ingrediente: la mentira como arma de destrucción masiva.
La Muerte [también llamada la Parca, Reaper en inglés] no fue formalmente invitada a la juerga anual de la Asamblea General de las Naciones Unidas en Nueva York.
En tiempos antiguos, solía ser conocido como el Grim [Sombrío].
Sombrío sigue siendo un sujeto astuto – siembre bajo diversos disfraces.
Reinventando el concepto de la muerte desde arriba, puede llamarse MQ-9 Reaper y pavonear sus cosas equipadas con misiles Hellfire (fuego del infierno).
O puede llevar un traje de negocios y encarnar la persona del presidente de EE.UU.
Llevadme al objetivo a tiempo
Barack Obama, desde su podio en la ONU, dijo al mundo: «Que no quepa duda: la marea de la guerra retrocede».
Especialistas neo-orwellianos en dorar la píldora apenas pudieron superarlo.
Refiriéndose a la operación de la OTAN al bombardear a Libia hacia la democracia, Obama subrayó: «Así se supone que debe trabajar la comunidad internacional».
Virtualmente en el momento preciso, el sospechoso usual, un «funcionario de la OTAN»,
filtró la información de que la alianza acababa de extender su misión
de bombardeo de Libia por otros 90 días antes de que la tarjeta verde
expirara el próximo martes.
Por supuesto, las bombas inteligentes de la
OTAN solo reconocen a los malos, y no causan daño colateral.
En cuanto a la «comunidad internacional» –que ahora incluye solo a
miembros de la OTAN y a monarquías del Golfo Pérsico, excluyendo a todos
los demás– todavía «tendrá que responder a los llamados por cambio» en
Medio Oriente, según Obama.
Los objetivos identificados, lo que no
sorprende, son Siria e Irán.
Y entonces, también en el momento preciso, los acostumbrados
«funcionarios estadounidenses» filtraron la información de que el
gobierno de Obama prepara lo que el [diario] Washington Post describió como «una
constelación de bases secretas de drones para operaciones de
contraterrorismo en el Cuerno de África y la Península Arábiga».
Objetivos identificados, ya atacados, son Somalia y Yemen.
En cuando a la excusa, no hay sorpresas: es el mismo antiguo espíritu diabólico, al Qaida. Una vez más los «contratistas de la defensa» del complejo industrial-militar, comenzaron a descorchar su [champán] Moet.
Una línea aérea asesina de bajo coste
Como saben perfectamente esos contratistas, Washington está
involucrado ahora en no menos de seis guerras –o «cinéticas» lo que sea,
como la Casa Blanca las define– en Iraq, Libia, Afganistán, Pakistán,
Yemen y Somalia.
Para nuestro amigo, el MQ-9 Reaper, el cielo es, literalmente, el límite.
Expande su huella de AfPak [Afganistán-Paquistán] a toda África Oriental hasta el Golfo de Adén. Ahora estará basado en Etiopía así como en las Seychelles, ese adorable archipiélago del Océano Índico famoso por sus fabulosas playas y sus balnearios de 10 estrellas.
La flota de «cazadores-asesinos» de MQ-9 Reapers –es decir, capaces
en Pentagonés tanto de «vigilar» como de «atacar», aparcada en un
hangar cerca de la principal terminal para pasajeros en Victoria, en las
Seychelles, llevará a un nuevo nivel el concepto de la aerolínea de
bajo presupuesto.
Aunque son presentados como inocentes juguetes que vuelan sobre
Somalia «para apoyar los actuales esfuerzos de contraterrorismo»,
podemos apostar más botellas de [champán] Moet a que tarde o temprano las hazañas de esa línea aérea asesina de bajo coste lleguen a los titulares.
Naturalmente, ningún MQ-9 Reaper bombardeará a los libios vinculados a al Qaida, conocidos anteriormente como rebeldes, que ahora ejercen el control militar total de Trípoli.
Esto solo sucederá cuando islamistas libios de la línea dura
comiencen su ritmo de talibanización – sea como parte de un gobierno del
Consejo Nacional de Transición o como fuerza guerrillera combatiendo a
la OTAN. El Pentágono siempre respeta la consigna de cuidar mejor a sus
futuros enemigos que a sus amigos actuales.
En ese universo impregnado de neolengua de «círculos mejorados de vigilancia», apenas se piensa en daño colateral. I
ncluso un think-tank del establishment como la Brookings Institution
ha subrayado que por cada «terrorista» muerto, «también han muerto algo
como 10 civiles».
Cálculos más realistas apuntan a una ratio de 15
civiles por cada «terrorista» que muerde el polvo.
Y esto, mientras el modo de guerra PlayStation Estadounidense, promovido por el Pentágono, nunca cesa de ser mejorado: Reapers, o hijos de Reapers, pronto realizarán por sí solos sus tareas, utilizando solo software de despunte y sin intervención humana.
Lo que nos lleva de vuelta a Obama.
La libertad no es para vosotros
Desde su púlpito en la ONU, Obama subrayó: «Todos los seres humanos nacen libres e iguales en dignidad y derechos».
Esto no se aplica a los palestinos – porque el actual presidente de EE.UU. teme que si lo dijera se sumaría a las filas de desocupados en noviembre de 2012.
Obama también dijo: «Los israelíes han sido muertos por cohetes y atacantes suicidas».
Pero en su opus de 47 minutos en la ONU nunca intentó de admitir algo como: «Los
palestinos han sido muertos por ataques aéreos, bombas inteligentes,
bombas estúpidas, aplanadoras, francotiradores, castigo colectivo y Reapers».
Obama tampoco trató siguiera de mencionar, aunque fuera de pasada,
las fronteras previas a 1967 de un futuro Estado palestino – algo que
apoya virtualmente todo el planeta.
No es ninguna maravilla,
considerando que recientemente Obama ni siquiera pudo persuadir al
gobierno israelí de que dejara de construir asentamientos en tierra
robada.
En cuanto a la posición de Washington ante la solicitud de Estado
miembro de la ONU de Palestina, torrentes de bites han tratado de
explicar cómo EE.UU. debe ajustarse a las demandas de Israel mientras
pretende no estar a las órdenes de Israel.
En vísperas de la hora de la verdad en el Consejo de Seguridad de la
ONU, Palestina ha conseguido los nueve votos de los 15 que necesita para
ser reconocida como Estado – y por lo tanto lograr por lo menos una
resonante victoria moral, incluso a pesar del inevitable veto de EE.UU.
De modo bastante significativo, los votos son los de las cinco potencias emergentes del BRICS –Brasil, Rusia, India, China y Sudáfrica – más Bosnia, Gabón y Nigeria.
Alemania, Colombia y EE.UU. están listos para votar en contra. Por lo tanto, inevitablemente, EE.UU. ejerció fuerte presión sobre Bosnia (un país de mayoría musulmana), Gabón y Nigeria (miembro de la Organización de la Conferencia Islámica, OIC, por sus siglas en inglés).
No importa que la idea de un Estado palestino sea un consenso virtual
en la comunidad internacional – la verdadera de carne y hueso, no el
fantasma blandido por Washington.
Sin embargo, una mirada al mapa, comparando la erosión de la tierra
palestina de 1946 a 2011, basta para mostrar que Israel ya ha asesinado
la solución de dos Estados, no importa lo que pase en la ONU.
Lo que importa son los «hechos en el terreno» de Israel como dominatrix
suprema de la política exterior de EE.UU. así como el Congreso en su
calidad de ramera de Israel.
Lo que importa es que Obama trate de tentar
a los musulmanes con su retórica florida en Estambul y El Cairo solo
para que se sometan dócilmente y cuando las cosas se compliquen, sientan
el látigo de la dominatrix.
Y todo esto, mientras desde el Norte de África a Medio Oriente las
multitudes luchan por la misma «libertad» de la que supuestamente gozan
estadounidenses (e israelíes), pero que es eternamente negada a los
palestinos.
Pase lo que pase en la ONU, Israel hizo el negocio del siglo. Bajo la
cobertura del retorno a un «proceso de paz» muerto en vida, sucesivos
gobiernos israelíes logran robar tierra palestina, construir
asentamientos ilegales y causar dilaciones, mientras EE.UU. paga el
pesado precio político.
Washington no solo paga por los asentamientos, sino combate
virtualmente a todos los enemigos de Israel, antagoniza mortalmente a
1.300 millones de musulmanes en todo el mundo, gasta billones [millones
de millones] de dólares y va a la bancarrota haciendo una «guerra contra el terror».
Lo que nos lleva a otra personificación de la Muerte [la Parca].
Puede ser un MQ-9 en AfPak o en la nueva ruta asesina Seychelles-Somalia.
Puede ser canalizado por el presidente de EE.UU. Y puede responder al nombre de Bibi. Está aquí, allá, por doquier. Temed al Reaper. O ya veréis…