El avión que transporta al Papa llegó a la capital alemana pasadas las 10H00 locales (10H00 GMT) y fue recibido al pie de la escalerilla, entre otros, por el presidente de Alemania, Christian Wulff (católico), la canciller federal, Angela Merkel (de religión protestante), y el gabinete ministerial germano.
El viaje tendrá tres etapas: Berlín (capital), Erfurt y Friburgo, en donde Laicos, homosexuales y grupos católicos disidentes protestarán contra la visita.
Su primer punto de la agenda será el discurso que dará en el Bundestag, donde hablará de las raíces cristianas de Europa y de la misma Alemania, afirmando la necesidad de un regreso de Dios al centro de la sociedad descristianizada.
Para la oposición, reunida en el Partido Socialdemócrata, Los Verdes y La Izquierda la intervención del jefe de la Iglesia Católica contraviene el principio de la neutralidad religiosa de ese Parlamento por lo que decidieron no acudir a la plenaria.
En Alemania los católicos alcanzan los 24,5 millones dentro de una población de 82 millones de habitantes, otros tantos son protestantes y un tercio de la población no se reconoce en ninguna religión.
De
acuerdo con la prensa, sólo el 47 por ciento de los alemanes responde
que cree en Dios actualmente. Sin embargo, en los últimos veinte años
2,6 millones de fieles abandonaron la religión católica por los
escándalos de abusos sexuales de clérigos a niños y menores.
Antes
de su partida hacia Berlín, Benedicto XVI dijo este jueves que
comprende a quienes abandonan la Iglesia Católica Romana espantados por
los escándalos de abusos sexuales a menores de edad.
"Puedo
comprender que frente a tales informes, la gente, especialmente los
allegados a las víctimas, digan 'ésta ya no es más mi Iglesia'", dijo el
Papa en declaraciones a los periodistas que lo acompañaban a bordo del
avión que lo transportó a Alemania.
Añadió que no tenía nada "en contra de las protestas que se expresan de manera civilizada".
Añadió que no tenía nada "en contra de las protestas que se expresan de manera civilizada".
"Es
normal en una sociedad libre marcada por una fuerte secularización",
dijo el Papa, antes de agregar: "Respeto a quienes se expresan".
