¿Realmente Daniel Ortega abolió las elecciones en Nicaragua?

-¿Realmente Daniel Ortega abolió las elecciones en Nicaragua

Latinoamérica: La lógica de "casta" llega a la izquierda

El mote creado por la ultraderecha se aprovecha de una ola de descontento y enojo a la que prestarle atención.

En el año 2012, un enérgico Henrique Capriles Radonski levantaba sus brazos en actos multitudinarios en la avenida Bolívar y se atrevía a entrar en los barrios populares de Caracas. 

En sus recorridos de campaña, el por entonces gobernador del estado Miranda, el más populoso de Venezuela, usaba una gorra con la bandera de Venezuela y hablaba de implementar un programa social inspirado en las políticas de Lula da Silva.

Era su forma tosca y obvia de camuflarse y apropiarse de los símbolos del chavismo en tiempos de bonanza petrolera y Hugo Chávez. 

Y de alguna manera, en la elección presidencial de ese año, la estrategia le funcionó, ya que fue la primera vez que la oposición perdió contra Chávez por diez puntos.

Bastante lo festejaron como un logro. De aquella "proeza" opositora quedó una invención narrativa que le hizo mucho daño al chavismo: el mote de "enchufados", creado por Capriles para referirse a los funcionarios públicos, empresarios y políticos que se enriquecían gracias a su cercanía con la jerarquía de poder del chavismo.

En un mundo, y un continente, donde las clases medias y populares se precarizan y empobrecen, los términos "casta" o "enchufado" encajan con un sentido común de hartazgo y enojo

En el habla popular, "enchufados" calzó justo para conectar con el enojo de una parte de la sociedad y sintonizar con el humor social del momento. 

Y la profundidad de su "significado" se acrecentó a medida que pasaron los años y la crisis económica, seguida de sanciones, se consolidó en el país.

Cada uno de los procesos progresistas latinoamericanos de la primera ola del siglo tuvo sus propios "enchufados", figuras que deslegitimaron más de lo que sumaron a la voluntad de cambio de cada uno de los proyectos. 

En las épocas de las operaciones judiciales anticorrupción, auspiciadas por el Departamento de Justicia, aparecieron ministros corruptos, presidentes acusados de recibir sobornos, empresarios prebendarios y hasta un antiguo funcionario del kirchnerismo que fue filmado mientras se escapaba con bolsas de dinero. 

Cada país tuvo sus "enchufados", útiles para la narrativa emocional y reaccionaria de la extrema derecha y los poderes concentrados.

Más acá en el tiempo, Javier Milei reformuló la palabra con el término "casta" para describir a toda la clase política argentina. 

Ahora, algunas de las mascotas de Trump en América Latina hablan de ir contra "los de siempre" mientras usan sombreros y se hacen los populares, como lo hacía hace más de diez años Capriles, integrante de una de las familias más ricas de Venezuela.

Por supuesto, que figuras como éstas hablen de "casta" y de "los de siempre" es como si un traficante de armas hablara de la paz y de erradicar el hambre en el mundo. 

Sin embargo, la condición objetiva para establecer esta calificación subjetiva sigue ahí y es perniciosa para los progresismos, oficialistas u opositores.

Quizás en cada caso particular haga falta reelaborar una narrativa sobre la transparencia que logre conectar las declaraciones públicas con las soluciones de los problemas

En un mundo, y un continente, donde las clases medias y populares se precarizan y empobrecen, los términos "casta" o "enchufado" encajan con un sentido común de hartazgo y enojo, producto de la sensación de estancamiento económico y crisis permanente. 

Los políticos y los movimientos de izquierda, nacionalistas y progresistas tienen la doble tarea de desarmar la narrativa que los iguala a "los de siempre" sin caer en la protección de conductas reprochables de personas que se aprovechan de sus posiciones de jerarquía. 

A veces, esta defensa férrea, adoptada ante embates mediáticos, termina por ser más dañina, porque establece una distancia con su base social.

Quizás en cada caso particular haga falta reelaborar una narrativa sobre la transparencia que logre conectar las declaraciones públicas con las soluciones de los problemas, como hace en Nueva York Zohran Mamdani con su estilo de hipercomunicación. 

Sobre todo, para volver a poner el eje en la ejecución de políticas a favor de las mayorías más que de las minorías, y enfocarse en las diferencias de fondo, como en tiempos anteriores.

Lo que no se puede hacer es negar que para muchos progresismos hay un problema de confianza pública, porque muchos de sus antiguos seguidores consideran a sus políticos parte de la "casta", "los de siempre" o los "enchufados". 

Ya sea porque en contextos de crisis no atraviesan las mismas penurias que su base, porque sus estilos de vida no coinciden con su discurso y se los ve como "privilegiados", o porque caen, a veces, en disputas por los liderazgos que solo les preocupan a los cuadros políticos involucrados en la interna de turno.

Lo único que no se puede hacer es negar la realidad, por mucho que moleste.

https://www.diario-red.com/opinion/bruno-sgarzini/logica-casta-llega-izquierda/20260921201245076623.html
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