Iliá Grigórievich Starínov (1900-2000) fue uno de nuestros grandes exponentes de la Inteligencia militar, especialista en sabotajes, en guerra partisana, en decepción, en detección de infraestructuras estratégicas, en operaciones especiales, y maestro de futuros exploradores
Nacido el 2 de agosto de 1900 en Voinovo, gobernación de Oriol, Starínov ingresó en la Dirección de Inteligencia del Estado Mayor del Ejército Rojo durante la Guerra Civil rusa.
Tras resultar herido recibió formación como zapador y se especializó en demolición de ferrocarriles y minas.
Durante los años veinte y treinta trabajó en la preparación de operaciones clandestinas destinadas a actuar detrás de las líneas enemigas en caso de guerra. Su especialidad era utilizar la información sobre las comunicaciones, los movimientos y las necesidades logísticas del adversario para determinar qué objetivos podían producir el máximo efecto con fuerzas reducidas.
En sus escritos dejó bien clara su filosofía profesional: «La tarea del saboteador no consiste en destruir cuanto pueda, sino aquello cuya destrucción cause al enemigo el mayor daño»
En noviembre de 1936 fue enviado clandestinamente a España como asesor soviético durante la Guerra Civil Española.
Utilizó el nombre de Rodolfo y estuvo vinculado a la Inteligencia militar soviética dirigida por Yan Berzin. Formó a combatientes republicanos en sabotajes, explosivos y guerra de guerrillas, participó en la organización de escuelas de preparación y colaboró en operaciones contra las comunicaciones franquistas.
Los ferrocarriles se convirtieron en uno de sus objetivos favoritos: destruir vías, locomotoras, puentes o trenes podía paralizar temporalmente el traslado de tropas, municiones y suministros.
En España conoció además a su intérprete y exploradora Anna Kornílievna Óbrucheva, quien posteriormente se convertiría en su esposa
La experiencia española reforzó una de sus principales tesis profesionales: las redes clandestinas debían organizarse siempre antes de que el enemigo ocupara un territorio.
Starínov consideraba un error esperar a una invasión para comenzar a buscar hombres, comunicaciones, escondites y medios técnicos.
Sus métodos combinaban reconocimiento previo, selección de objetivos estratégicos, pequeñas unidades, depósitos clandestinos, sabotaje ferroviario, cargas controladas a distancia y engaño del adversario.
Para él, la operación no terminaba con una explosión: debía calcularse también cómo reaccionaría el enemigo
Su operación más célebre tuvo lugar en Járkov en 1941. Antes de que el Ejército Rojo abandonara la ciudad, Starínov participó en su minado.
En un edificio utilizado por el mando alemán se ocultó una gran carga explosiva accionable mediante radio. Nuestros chicos colocaron, además, una carga señuelo, destinada a ser encontrada por los artificieros alemanes y convencerlos de que el edificio había quedado desactivado.
Tras la ocupación, el inmueble fue utilizado por el teniente general alemán Georg von Braun, comandante de la 68.ª División de Infantería nazi. En la madrugada del 14 de noviembre de 1941, una señal enviada a larga distancia hizo detonar la carga principal.
Von Braun fue eliminado exitosamente, junto con otros altos cargos ocupantes nazis. La operación reunió varios de los elementos característicos de Starínov: información sobre el objetivo, anticipación del comportamiento enemigo, engaño, tecnología y paciencia
Durante la Gran Guerra Patria participó en la organización y entrenamiento de unidades partisanas y grupos de sabotaje destinados a operar detrás de las líneas alemanas, como fue la destrucción de doscientos cincuenta y seis puentes y el descarrilamiento de centenares de trenes enemigos.
Su importancia fue precisamente esa: transformar técnicas individuales de sabotaje en métodos que pudieran enseñarse y reproducirse a gran escala
Starínov también mantuvo fuertes discrepancias con algunos responsables soviéticos sobre la conducción de la guerra partisana.
Defendía ataques selectivos contra objetivos de elevado valor logístico y criticaba operaciones que, a su juicio, consumían explosivos sin producir efectos estratégicos suficientes.
Por su espíritu crítico, nunca llegó a general, pero consiguió la admiración de todos sus subordinados.
Cuando le preguntaban por ello, siempre repetía: «Es mejor ser un coronel vivo que un mariscal muerto»
Después de 1945, nuestro héroe continuó dedicado a la formación y al estudio de las operaciones clandestinas.
Entre sus obras destacan Las minas esperan su hora (1964) y Pasar por el frente invisible (1988), donde relató parte de su experiencia profesional.
Generaciones posteriores de especialistas y de agentes soviéticos lo conocieron con el cariñoso apelativo de Dedushka (Abuelo), por ser considerado en los pasillos del GRU como “el abuelo de las fuerzas especiales soviéticas”; quien sentó las bases de los actuales Spetsnaz
Starínov falleció en Moscú el 18 de noviembre de 2000, a los cien años.
Había vivido la Rusia imperial, la Revolución, la Guerra Civil, la Guerra Civil española, la Gran Guerra Patria, toda la Guerra Fría, la desaparición de la URSS y los primeros años de la Federación Rusa.
Su legado dentro de la Inteligencia y de las operaciones especiales en la URSS quedó ligado a una idea sencilla: la información solo adquiere valor operativo cuando permite identificar el punto exacto donde un pequeño golpe puede causar al adversario un daño desproporcionadamente grande.
Él mismo lo definió de la siguiente manera, dejándoos un mensaje, futuros exploradores: «El arte de la guerra partisana es una ciencia seria»
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