Los adversarios y enemigos del gobierno sandinista de Nicaragua, hoy han sufrido una durísima derrota en la sesión extraordinaria del Consejo permanente de la OEA.
Luego de larguísimas y viscerales intervenciones de los embajadores de aquellos países que tradicionalmente en estos eventos le sacan brillo a su servilismo para con sus amos imperialistas, los patrocinadores no lograron el consenso alrededor de sus principales objetivos (alcanzar una "contundente condena" panamericana al gobierno nicaragüense y lograr, mediante voto calificado, convocar a una Reunión de ministros de relaciones exteriores de la organización para… seguir reuniéndose) y para no quedar en evidencia ante la distante “comunidad internacional”, decidieron apagar los micrófonos y la luz del recinto y salir calladamente hacia algún restaurante cercano.
¿Qué sucedió?
A pesar de la “urgencia” y la necesidad firmar una resolución ya elaborada que, por supuesto no favorecía a Nicaragua, la mayoría de los embajadores latinoamericanos y caribeños (residentes en Washington) asistieron a la reunión porque ese es precisamente su trabajo, pero no estaban convencidos de hacerle el juego a los patrocinadores de la convocatoria (principalmente los gringos), resultando que casi la totalidad de los representantes de los Estados del Caribe, como algunos sudamericanos (principalmente Brasil) y México, no mostraron interés a ser manipulados.
Un gran golpe para los organizadores resultó el mutis de países centroamericanos tales como El Salvador, Honduras y Belice. La derrota gringa y de la OEA estaba asegurada.
Es de todos conocidos que Nicaragua no es miembro de la OEA y por tanto las resoluciones y acciones de esta organización no son vinculantes para nuestro país y también es del dominio público que la otrora poderosa organización política panamericana, creada y tutelada por el Departamento de Estado de EE. UU., hoy se precipita hacia su extinción por no servir a los verdaderos intereses de los pueblos de Latinoamérica y el Caribe.
Eventualmente, tampoco sirve (junto con las otras organizaciones políticas y económicas multilaterales) a la nueva arquitectura de las relaciones internacionales que el decadente imperialismo yanqui necesita para sobrevivir.
La política exterior de la administración de Donald Trump (como lo demuestra su fatal protagonismo en los grandes conflictos globales), se manifiesta de forma brutalmente directa y prescindiendo de la diplomacia y el Derecho internacional que formalmente dio origen a la necesidad de crear el multilateralismo tutelado que incubó a la ONU, OEA y otras organizaciones.
No basta la consabida sumisión para sobrevivir en estos tiempos. La OEA, sin el aporte de los EE. UU. (que ronda el cuarenta porciento de todo el presupuesto anual de la organización) no sobrevivirá y por eso debe de parecer todavía útil.
¿Por qué entonces los gringos le dieron la “urgente” misión de convocar reuniones y reactivar su “preocupación” por el “estado de la democracia en Nicaragua?
Se me ocurren varias respuestas.
-Los gringos, después de sus descaradas intervenciones (al margen del Derecho internacional y al mejor estilo de su antigua “política de las cañoneras”) necesitan suavizar su imagen frente a los pueblos latinoamericanos y caribeños que han mostrado su inconformidad con el secuestro del Presidente Nicolás Maduro, la enorme presión ejercida a través del chantaje económico, el cerco mediático y las amenazas militares a Cuba, además de su abierta intervención en la mayoría de los procesos electorales que se realizan en nuestro continente, en un contexto global donde la multipolaridad toma un sesgo que parece pendular hacia un reparto geopolítico entre grandes competidores.
-Desprestigiar definitivamente (con sus fracasos, falta de poder de convocatoria y construcción de consensos) como organización multilateral proactiva a la OEA y hacerla parecer inútil en el cumplimiento de su Carta fundacional y de esta manera, hacer más comprensible el recorte o cancelación definitiva del aporte yanqui al presupuesto de la misma ya anunciado por la administración republicana.
-Presionar a los países latinoamericanos y caribeños a actuar “de manera bilateral al margen de los mecanismos poco o nada efectivos de la OEA”.
Es decir que nuestros vecinos corten relaciones diplomáticas y económicas en diferentes escalas con nuestro país, con el obvio propósito de dañar nuestra economía (estatal y familiar) y aislarnos del continente.
-Convencer a los Estados del continente y a la “comunidad internacional” (principalmente a la venida a menos, Unión Europea) que la diplomacia “se ha agotado” en el caso de Nicaragua (país al que los yanquis siempre han querido controlar mediante intervenciones militares y agresiones económicas y financieras irrespetando su soberanía y derecho a la autodeterminación), por tanto, según sus propios voceros, “es necesaria una salida rápida y contundente”, donde caben: una escalada en la importancia de sanciones que dañen gravemente la economía y finanzas del Estado de Nicaragua o/y una agresión militar directa.
De cualquier manera, tanto los yanquis como la OEA, juntos o separados, son enemigos de nuestro país.
No lo olvidemos.
