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Los tratos sucios de Infantino; de la roja al 9 de EEUU al meganegocio con las entradas a El Mundial

El Mundial 2026 apunta a ser uno de los más caros del mundo con ingresos de 13 mil millones de dólares, en su mayoría por el aumento de ingresos en los precios de las entradas, la venta de los derechos televisivos y las publicidades. 

Los cooling breaks, que generarán solo para la FOX 250 millones de dólares, son una cara de la moneda; en la imposición de los famosos "precios dinámicos" de las entradas, la FIFA rechazó el consejo de sus delegados en Estados Unidos para que el Mundial mantuviese los mismos costos que los anteriores eventos, según el medio The Guardian.

El argumento de Infantino, y su comité ejecutivo, fue que los valores actuales se adaptan al mercado estadounidense, cuyos consumidores pagan desorbitantes montos para ver a las estrellas de la NBA, el fútbol americano y el béisbol. 

Infantino, por supuesto, puede hacer casi lo que quiere; desde su arribo a la FIFA, se ha sacado de encima a Miguel Maduro, presidente del Comité de Gobernanza, y figuras como Cornel Borbély y Hans-Joachim Eckert, los presidentes de las cámaras de investigación y juicio del Comité de Ética. 

Este control sobre los organismos internos de la FIFA quedó mucho más claro cuando el Comité Disciplinario quitó la suspensión de Folarin Balogun, el delantero de Estados Unidos, después de un pedido de Donald Trump a Infantino.

Infantino asistió al mitin pre-inauguración de Trump con una corbata roja MAGA. Estuvo en su toma de posesión

También cuando, a principios de este año, alguien denunció a Alejandro Domínguez, presidente de la Confederación Sudamericana de Fútbol, por depositar, en una de sus cuentas, parte de los millones devueltos por el FIFA Gate

The New York Times reveló que Domínguez habría recibido más de 5 millones de dólares, y una auditoría previa de Ernst & Young en 2017 ya lo había señalado por recibir al menos 374.000 dólares sin documentación de respaldo La investigación interna nunca se abrió porque es uno de los aliados de Infantino. 

Lo mismo sucedió con la denuncia en contra del presidente de la FIFA por haber aparecido, por ejemplo, envuelto en la venta de los derechos televisivos al grupo ecuatoriano Cross Trading (propiedad de Hugo y Mariano Jinkis), investigado en el FIFA Gate. 

O cuando, como miembro ejecutivo de la Unión de Asociaciones Europeas de Fútbol, bajo el mandato de Michel Platini en 2014, asesoró a los directivos del Paris Saint-Germain y el Manchester City para que los ingresos de sus clubes, originados en empresas propiedad de las monarquías de Qatar y Emiratos Árabes Unidos, no violaran el Fair Play financiero. 

La impunidad es la moneda corriente de un Infantino que en cada Mundial se convierte casi en el guardaespaldas personal, o bufón, del presidente anfitrión; sucedió con Vladimir Putin en 2018, con la familia Al Thani de Qatar en 2022 y ahora con Donald Trump en 2026.

Infantino asistió al mitin pre-inauguración de Trump con una corbata roja MAGA. Estuvo en su toma de posesión. 

Trasladó el sorteo del Mundial de Las Vegas al Kennedy Center de Washington — porque los aliados de Trump se habían apropiado del centro y lo sugirieron como sede. 

Contrató a Andrea Bocelli, el cantante favorito de Trump, para que hiciera un show en el sorteo y fuese la voz de uno de los jingles oficiales del Mundial. 

Puso a los Village People a cantar YMCA — el himno MAGA — en la ceremonia del sorteo del Mundial. 

Asistió al Board of Peace de Trump, una entidad creada por Trump para rivalizar con la ONU. 

También inventó un Premio de la Paz de la FIFA para entregárselo a Trump semanas después de que el Nobel lo ignorara.

Y para coronar todo esto, abrió una oficina de la FIFA en Trump Tower, Manhattan, para estar cerca de su principal socio mundialista. 

El presidente de la máxima entidad del fútbol se mudó a Miami, como antes lo hizo a Doha en la previa de 2022; de aquella experiencia, además, le queda el jet con el que vuela a los partidos, el Gulfstream G650ER, otorgado a la FIFA por un patrocinio de Qatar Airways, aerolínea controlada, a través de terceros, por la familia Al Thani. 

Con ese jet ha recorrido más de 35 mil kilómetros para estar en los primeros partidos del Mundial y 600 mil, de 2021 a 2024, para visitar jefes de Estado y participar de reuniones de la FIFA. 

Tampoco hay límites para él; desde su arribo a la FIFA, su salario pasó de 1,5 millones a más de seis millones entre 2016 y 2024.

El presidente de la máxima entidad del fútbol se mudó a Miami, como antes lo hizo a Doha en la previa de 2022; de aquella experiencia, además, le queda el jet con el que vuela a los partidos, el Gulfstream G650ER, otorgado a la FIFA por un patrocinio de Qatar Airways

Y para el Mundial de 2034, otorgado a Arabia Saudí, parece haber repetido su mismo modus operandi. 

Para que eso fuera posible, la FIFA cambió sus propios estatutos — que prohibían otorgar dos Mundiales en el mismo congreso — y diseñó la elección de 2030 en tres continentes para que, por rotación, solo Asia y Oceanía pudieran postularse para 2034

Argentina, Paraguay y Uruguay aceptaron albergar tres partidos del Mundial de 2030, cuyos anfitriones serán España, Portugal y Marruecos, para concretar esta jugada que fue avalada en diciembre de 2024 cuando Australia desistió de postularse


Y los favores no pararon de llegar: en junio de 2025, el Fondo de Inversión Saudí (PIF) se convirtió en patrocinador oficial del Mundial de Clubes, y varios meses después, de la actual competición mundialista.

Quizás la ayuda más descarada haya sido cuando las dudas rodeaban al Mundial de Clubes, el evento que la FIFA pretende promover entre los torneos de selecciones para tener un segundo ingreso. 

Cuando escaseaban las ofertas para quedarse con los derechos de televisión, la cadena DAZN los compró por mil millones de dólares

Tiempo después, el PIF adquirió el 5% de la cadena por el mismo monto, una casualidad de esas obradas por el espíritu santo. 

Esto le permitió a la FIFA que la competición se transmitiera de manera gratuita para promoverla, y financiar los premios a los equipos y jugadores ganadores del torneo para que las estrellas participasen. 

La monarquía de los Saud, liderada por Mohammed bin Salman, salvó a Infantino del fracaso.

Para Michel Platini, su antiguo jefe en la UEFA caído en desgracia con el FIFA Gate, está más que claro que a Infantino le "gustan los ricos y poderosos, los que tienen dinero".

https://www.diario-red.com/articulo/internacional/tratos-sucios-infantino-roja-9-eeuu-meganegocio-entradas-mundial/20260710100000072663.html

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