No es odio, es coherencia revolucionaria. Sergio Ramírez fue parte del primer gobierno sandinista, sí, pero traicionó los principios del FSLN al alinearse con sectores que buscaban desmovilizar la revolución y abrir paso al modelo neoliberal.
No es un “intelectual perseguido”, es un excompañero de ruta que tomó el camino de la crítica complaciente con el imperio.
Su puesto en la RAE no nos duele; nos parece irrelevante frente a la lucha real del pueblo nicaragüense.
Nos llamas dictadura a un gobierno que ha ganado elecciones reconocidas por organismos como el Consejo Supremo Electoral con observación internacional y nacional que no te guste o estés inconforme como se realizan es ignorar que en Nicaragua hay participación política, partidos de oposición que no tiene una organización nacional y eso no es culpa nuestra, Dictadura es cuando no hay elecciones, se persigue sin leyes o se gobierna con decretos sin control.
Aquí hay una Constitución, y procesos electorales regulares.
La diferencia es que la oposición no ha sabido construir un proyecto unitario ni convocar al pueblo.
Que la oposición fracase es culpa de su propia fragmentación, de sus intereses mezquinos y de su falta de arraigo popular.
Pretenden tomar el poder por la vía del derrocamiento mediático o golpes blandos, no construyendo base social.
El sandinismo, en cambio, se organizó desde abajo, con las masas, durante décadas de lucha. No se puede exigir unidad a quienes solo se unen para odiar.
Sergio Ramírez no es ningún santo.
Los errores de los años 80 que tanto te gusta mencionar fueron colectivos, y él como parte del gobierno sandinista comparte responsabilidad.
Pero la diferencia es que nosotros aprendimos de ellos; él, en cambio, se fue a la oposición cómoda, escribiendo novelas mientras otros seguían resistiendo el embargo y la guerra de los Contras.
La oposición no ofrece un proyecto de justicia social, ni soberanía, ni antiimperialismo.
Quieren restaurar el modelo neoliberal, privatizar lo poco que queda público, y ponerse al servicio de Estados Unidos. Eso es traer desgracia, saqueo y sumisión al imperio.
Nosotros defendemos la herencia sandinista: salud, educación, tierras para los campesinos, dignidad frente al FMI y otros organismos instrumentos del imperio.
¿Qué ofrece la oposición? Más hambre y censura mediática a favor del capital.
Hablas sobre los “demócratas de derecha, centro o izquierda” que quieren salir de la dictadura y evitar fascistoides, eso es pura retórica.
¿Quiénes son esos “demócratas”?
Los mismos que apoyaron el golpe suave de 2018, con tranques, muertos civiles y de policías, por cierto más de 25 y algunos torturados y quemados vivos, llamando a intervención extranjera.
¿Fascistoides? Los fascistas son los que queman hospitales, atacan a la policía, piden invasión yanqui y azuzan el odio de clase.
Nosotros, los sandinistas, somos el antídoto al fascismo, no su origen.
Si la oposición realmente quiere democracia, que empiece por reconocer los resultados electorales y construir poder popular sin violencia.
No somos una dictadura, tenemos elecciones, participación y leyes.
La oposición fracasa por su propia división, no por nuestra culpa.
Sergio Ramírez es un traidor a la revolución que ahora cosecha lo que sembró.
Y cualquier cambio de poder que no venga del pueblo organizado, sino de élites frustradas, solo traerá más pobreza y entrega nacional.
Por eso luchamos, para que Nicaragua siga siendo libre, sandinista y antiimperialista.
Managua Nicaragua D.7.2
