Por un diálogo sin condiciones excluyentes ni sabotajes externos.
La historia de las relaciones internacionales demuestra que no puede existir una negociación real cuando una de las partes condiciona el diálogo a la eliminación del interlocutor.
Exigir la ausencia de un actor clave no es diplomacia; es la estrategia más eficaz para sabotear cualquier acercamiento antes de que comience.
Hoy, los rumores y las narrativas de confrontación buscan sembrar confusión en los verdaderos beneficiarios de un acuerdo: los pueblos de Cuba y Estados Unidos.
Hasta la fecha, no existe una declaración oficial del presidente Donald Trump que exija la renuncia del presidente Miguel Díaz-Canel como requisito previo para negociar.
Imponer tales términos convertiría el diálogo en una imposición inaceptable, alimentada por sectores que prosperan gracias al conflicto permanente.
Diferencias geopolíticas y lecciones aprendidas
Es un error analítico comparar la situación de Cuba con los escenarios de Venezuela o Irán.
Cuba posee una trayectoria histórica y una estructura institucional distinta.
A diferencia de otros líderes regionales, no pesan acusaciones formales ni "ardides legales" contra el presidente Díaz-Canel que justifiquen acciones de fuerza o extracciones.
La seguridad cubana y su mando militar han asimilado las experiencias ajenas, donde la confianza excesiva o la fragmentación interna permitieron interferencias externas.
El sabotaje de la "Industria del Conflicto"
El proceso de acercamiento ya enfrenta sabotajes orquestados por quienes han convertido el diferendo en un negocio rentable.
Grupos que dependen de fondos gubernamentales y medios digitales que lucran con la crisis buscan descarrilar cualquier intento de normalización.
Es una conspiración de intereses que antepone el beneficio económico de la "industria anticastrista" al bienestar del pueblo cubano.
Un llamado a la negociación de Estado a Estado
Presidente Trump: la única vía hacia una solución sostenible es negociar bajo el principio del respeto mutuo, de presidente a presidente.
El primer paso hacia la salvación económica de la isla y la tranquilidad estratégica de Estados Unidos es identificar puntos comunes de cooperación.
Así como Reagan representa un legado para los estadounidenses, el proceso histórico cubano es el marco de su actual administración.
Hoy, los interlocutores legítimos son el presidente Donald Trump y el presidente Miguel Díaz-Canel.
Cualquier intento de ofrecer-o recibir-un "caramelo envenenado" diplomático está destinado al fracaso.
La irreverencia y el estilo controversial del presidente Trump pueden ser, paradójicamente, las herramientas necesarias para romper el ciclo de fracasos del pasado.
Un diálogo con principios, sin permitir que la "cuña del mismo palo" sabotee el futuro, es el único camino.
Los cubanos de buen corazón apoyan una solución basada en la Negociación y el Diálogo.
Barbaro Silva A.
Por:En Silencio Ha Tenido Que Ser.
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