El ejemplo de Cuba, modelo de solidaridad internacional; de justicia social y de resistencia ante los desmanes del imperio, son razones más que suficientes para el odio de Trump.
Un rápido repaso a la historia de Cuba muestra que, desde la década de 1930, fue explotada por Estados Unidos.
John Foster Dulles, secretario de Estado y su hermano Allen Dulles (director de la CIA) eran propietarios de una empresa que monopolizaba el azúcar (United Fruit Company), y la isla caribeña se convirtió en centro vacacional, cabaret y club nocturno para los ricos de sus vecinos del norte.
La Revolución triunfó en 1959.
El 6 de agosto de 1960 se nacionalizaron todas las empresas estadounidenses, y Cuba, sobre la base de su sistema socialista, pasó a situarse entre los países más avanzados en materia de salud, educación y otros aspectos del desarrollo humano, además de convertirse en un modelo mundial de solidaridad internacional entre los pueblos. (En uno de los años de la década de 1980, según recuerdo, el número de estudiantes que recibían educación gratuita en Cuba alcanzó los 27 mil, procedentes de decenas de países del Tercer Mundo, entre ellos Palestina).
A ello se sumó el sacrificio ofrecido en apoyo a las revoluciones orientadas a liberarse del colonialismo y del racismo, destacando el respaldo a Angola y Namibia y la contribución decisiva a la derrota del apartheid en Sudáfrica.
Estados Unidos responsabilizaba a Cuba de incitar a los pueblos, especialmente en América Latina, contra la política estadounidense basada en la explotación, el saqueo de las riquezas, la producción de dictaduras militares, la generación de deudas externas impagables y el empobrecimiento de las sociedades, hasta el punto de acuñar la expresión "repúblicas bananeras".
Esta incitación ocurría mediante la fuerza del ejemplo: libertad, independencia, solidaridad y justicia, así como el intento, en la medida de lo posible, de impedir la explotación y reducir al máximo las brechas sociales.
No justificamos que el presidente estadounidense Donald Trump con el objetivo de apoderarse de las enormes reservas de petróleo, oro y otros minerales de Venezuela cometiera el acto salvaje y bárbaro al secuestrar al presidente venezolano Nicolás Maduro y a su esposa, Cilia Flores.
Pero Cuba es un país pobre en recursos naturales; ¿Qué impulsa entonces a Trump a imponer un bloqueo contra la isla, especialmente petrolero?
La Cuba socialista y la Venezuela socialista, desde el mandato del líder Hugo Chávez, y gracias a la fuerza de su ejemplo, contribuyeron en gran medida a que la mayoría de los países de América Latina giraran hacia la izquierda y la democracia, y se alejaran de la órbita de la política estadounidense.
Ambas naciones trabajaron en la aplicación de políticas de integración económica, científica y social. Cuba obtenía el 60 por ciento de sus necesidades de petróleo de Venezuela, mientras que suministraba a esta última decenas de miles de médicos, docentes y expertos en diversas especialidades.
El presidente Trump, obsesionado con el dinero y las riquezas, es uno de los mayores enemigos del socialismo, y utiliza todo el excedente de poder imperial para crear climas de caos y tensión que le faciliten el saqueo de las riquezas de los pueblos.
Esto revela, en el fondo, la existencia de una crisis que empuja a Trump a comportarse como alguien que siente que está perdiendo la capacidad hegemónica que se consolidó en el mundo tras el colapso de la Unión Soviética.
A partir de esta crisis y sus consecuencias, Trump coloca al mundo ante la disyuntiva de con Estados Unidos y el sionismo, que controla en gran medida la política estadounidense, mientras trabaja para apoderarse del petróleo de Venezuela, anexarse la isla de Groenlandia, amenazar a Irán y asediar a Cuba.
La imposición del bloqueo contra Cuba, especialmente en el sector petrolero, constituye un ataque directo al sistema socialista y se ejecuta mediante el hambre del pueblo y la creación de decenas de crisis internas.
¿Con qué derecho, justificación legal, legitimidad o fundamento moral puede hacerse eso? Es la injusticia en su forma más pura.
Cuba es un modelo de solidaridad internacional; es un país pacífico y un pueblo amante de la vida, que merece lealtad y solidaridad para levantar el bloqueo más largo y más duro de la historia, impuesto sin ningún derecho.
Los países amigos de Cuba, los pueblos que la aman y todas las personas libres del mundo tienen el deber de alzar la voz, actuar con rapidez y eficacia, y brindarle todo lo que necesite, empezando por el levantamiento del bloqueo, en particular el petrolero, y todas sus manifestaciones.
El pueblo cubano, profundamente impregnado de su cultura nacional, desde su héroe José Martí, su líder histórico Fidel Castro, el revolucionario internacionalista Che Guevara y su actual presidente, leal, valiente e internacionalista, Miguel Díaz-Canel, procede de una tierra que proclama: "Aquí nadie se rinde... Patria o muerte... ¡Venceremos!".
Que el mundo recuerde que Trump, con su bloqueo a Cuba, no derriba un sistema socialista que detesta, sino que mata a un pueblo que merece la vida, el respeto, y que ama y preserva la paz.
https://espanol.almayadeen.net/articles/2122016/-trump-asedia-a-cuba---cuales-son-las-razones
