El conflicto entre Estados Unidos e Irán no es un simple enfrentamiento personal entre el presidente Trump y el ayatola Khamenei.
Los disturbios en Irán muestran que el problema interno de ese país no se resolverá con más violencia sino sólo con adopción de reformas en la sociedad iraní.
Los últimos sucesos registrados en Irán y la amenaza de un bombardeo estadounidense imponen en ese país un clima de inquietud y cólera.
Pero las muertes que marcaron las recientes manifestaciones no se produjeron cómo lo afirman los medios de prensa occidentales y un bombardeo contra Irán sólo agregaría más dolor al dolor.
Desde el 28 de diciembre de 2025, la prensa occidental repite sin descanso los llamados a bombardear Irán para acabar con el «régimen de los mollahs».
En 5 semanas, esa prensa ha convencido a la opinión pública occidental de que las autoridades iraníes mataron deliberadamente 40 000 de sus conciudadanos y de que esa masacre justifica otra.
¿Con qué derecho se dan el lujo esos medios y sus periodistas de creer que pueden decidir sobre la vida o la muerte de miles de iraníes? ¿Qué intereses oscuros se esconden detrás de la difusión intensiva de tales “opiniones”? ¿Quién o quiénes están interesados en desatar nuevas masacres contra los iraníes?
Desde que tuvo lugar la revolución antimperialista del imam Khomeiny, en 1979, las potencias occidentales –sobre todo Estados Unidos, Reino Unido e Israel–, que inicialmente organizaron la huida del shah Mohamed Reza Pahlevi y el regreso de su principal opositor –el mismo Khomeiny– han desarrollado un odio mortal hacia Irán, no hacia el «régimen».
Una concepción clerical de la religión
Digo que las potencias occidentales no odian al «régimen» iraní porque este ha cambiado varias veces en los últimos 47 años. Durante todo ese tiempo, lo único que se ha mantenido siempre es el poder que ejerce la clase clerical, independientemente de su capacidad política.
Paradójicamente, Khomeiny, a quien sus pares de la clase clerical consideraban un hereje antes de su regreso a Irán, es presentado hoy como un dios por la misma clase clerical que antes lo rechazaba.
Irán, país donde nunca hubo guerras de religión, donde nunca ha existido una separación entre las iglesias y el Estado, ha vivido desde siempre bajo el poder de la clase clerical.
Los iraníes, pueblo ejemplar en cuanto a la fe religiosa, veneran a los eruditos religiosos. Sin importar que estos últimos den o no muestras de su propia fe, los iraníes los consideran representantes de Dios en la tierra.
Los hombres alrededor de Khomeiny no eran fanáticos del Corán. Más bien trataban de determinar por sí mismos cuáles prácticas musulmanas eran útiles para la sociedad y cuáles no.
A la cabeza de aquellos hombres estaba el sociólogo Alí Shariati, asesinado por la SAVAK (la policía política del shah) justo antes de la revolución.
Alí Shariati era un amigo personal de los intelectuales franceses Franz Fanon y Jean-Paul Sartre.
Gracias a Shariati, otros intelectuales franceses de renombre, como Michel Foucault apoyaron con entusiasmo la naciente revolución iraní.
Una concepción platónica del poder, que no funciona
Alí Shariati y el ayatola Khomeiny tenían plena conciencia de que el pueblo iraní estaba sumido en una ideología de opresión que le inculcaba el deber de sacrificarse como el profeta Alí.
Juntos trataron de explicar a los iraníes que el profeta Alí se había levantado para defender la justicia, que los verdaderos musulmanes no eran los sumisos y que el sacrificio sólo tiene sentido cuando se dedica a la justicia.
Inspirados en los escritos de Platón, principalmente en su conocida obra República, Shariati y Khomeiny concibieron la idea de poner el Estado en manos de un “sabio”.
Así surgió la función del “Guía Supremo”, basada en el principio denominado Velayat-e faqih [que podría traducirse como “gobierno del jurista”. Nota del Traductor.].
Shariati y Khomeiny lograron despertar al pueblo iraní pero hoy puede verse que las concepciones de “Guía Supremo” y Velayat-e faqih han resultado tan catastróficas como la “dictadura del proletariado” de Auguste Blanqui y Karl Marx.
En la práctica, los iraníes conservaron el culto a la clase clerical proveniente de su ideología opresiva original, lo cual implica que cualquiera que sea capaz de memorizar el Corán y de recitarlo de memoria antes los demás es admirado por todos y considerado apto para ejercer el poder.
La revolución islámica inicial de Shariati y Khomeiny ha sufrido cambios constantes.
Sólo los presidentes Mohammad Alí Rayai (1981) y Mahmud Ahmadineyad (2005-2013) estuvieron a la altura de su inspiración antimperialista.
Todos los demás –con la excepción de Abolhassan Banisadr (1980-1981), que fue un caso particular– no hicieron otra cosa que poner el poder al servicio de la clase clerical.
Ebrahim Raissi (2021-2024) era un fanático que vivió obsesionado por el deseo de eliminar la oposición.
El actual presidente de la República, Massoud Pezechkian, electo en 2024, es mucho más abierto.
Las figuras más importantes del entorno del ex presidente Ahmadineyad han sido encarcelados.
Ellos trataron de liberar a las mujeres del uso obligatorio del velo islámico y a los hombres de la obligación de portar barba.
El primer vicepresidente de la administración Ahmadineyad, Hamid Baghaie, todavía está preso e incomunicado, después de haber sido juzgado y condenado en un proceso que se desarrolló a puertas cerradas y bajo acusaciones que aún se mantienen en secreto. Al parecer, fue condenado a 15 años de cárcel por haber mantenido una relación extraconyugal [1].
Una quiebra bancaria que arruinó familias enteras
En octubre de 2025, la autoridad judicial islámica cuestionó la gestión del banco Ayandeh, constructor del Iran Mall, un lujoso centro comercial y de entretenimiento, que ilustraba la opulencia de la clase dirigente y su superioridad sobre el pueblo, mientras este último se debatía en medio de la grave crisis económica.
La quiebra del banco se pronunció el 23 de octubre, dejando pérdidas equivalentes a 5 000 millones de euros, desastre imputable a un sistema de corrupción y de fraude generalizados.
Aunque el Estado trató de disimular la gravedad de la caída del banco, sus clientes se vieron súbitamente en la ruina, se echaron a la calle e incendiaron la sede del banco en Teherán. Así comenzaron las protestas.
Las protestas se extendieron rápidamente al resto del país. Nadie hablaba de «cambio de régimen» sino de recuperar los ahorros perdidos. La clase acaudalada, sintiéndose amenazada, reaccionó como siempre: recurriendo a la violencia.
El 21 de enero de 2026, en el Foro Económico Mundial de Davos, Scott Bessent, el secretario del Tesoro de Estados Unidos, se refirió a lo que estaba sucediendo en Irán: «Eso funcionó porque en diciembre su economía se derrumbó. Vimos la quiebra de un gran banco. El Banco Central comenzó a imprimir dinero. Hubo una escasez de dólares. Ellos no pueden importar y es por eso que la gente salió a la calle.»
Un aspirante al trono, agente de la CIA y de Israel
Fue en ese contexto que los agentes israelíes se infiltraron entre los manifestantes, introduciendo como reclamo supuestamente popular, a partir del 6 de enero, el regreso de Reza Pahlevi, el hijo mayor del shah derrocado, hoy residente en Estados Unidos.
En 1985, este hijo del derrocado shah de Irán, compró, en 3 millones de dólares, una enorme mansión en Langley, cerca de la sede de la CIA.
Desde entonces, este “heredero” del shah derrocado cobra una pensión pagada por el gobierno de Estados Unidos y su retrato está expuesto de manera bien visible en la sección iraní de la CIA con la inscripción “Hope of Democracy in Iran”, o sea “Esperanza de la Democracia en Irán”.
En 1986, en pleno escándalo por el caso Irán-Contras, la CIA interrumpió las transmisiones de la televisión nacional iraní con la transmisión de una alocución del “príncipe heredero” Reza Pahlevi.
En 2019, en medio de las manifestaciones contra los altos precios que se registraron aquel año en Irán, Reza Pahlevi presentó una denuncia contra el ayatola Khamenei ante la Corte Internacional de Justicia –denuncia que fue desestimada porque Irán no es firmante del Tratado de Roma.
En 2023, Reza Pahlevi publicó una “Carta de la Solidaridad y de la Alianza por la Libertad” (Mahsa) [2] a la que se unieron personajes como la abogada iraní Shirin Ebadi, laureada con el premio Nobel de la paz.
También en 2023, Reza Pahlevi fue proclamado “emperador de Persia”, en una ceremonia organizada en Egipto y financiada por la monarquía de Arabia Saudita.
En sus intervenciones públicas, Reza Pahlevi se pronuncia siempre por un régimen laico y democrático.
Pero los personajes que componen su entorno no dejan lugar a dudas sobre lo que realmente significaría su hipotético ascenso al poder en Irán. Entre esos personajes figura nada menos que Parviz Sabeti, conocido como torturador comprobado y como número 2 de la tristemente célebre SAVAK.
En 2023, el “emperador” Reza Pahlevi participó, como invitado de la entonces ministro de Inteligencia de Israel, Gila Gamliel, en la conmemoración anual del Holocausto.
En esa ocasión, Reza Pahlevi se reunió con el presidente israelí Isaac Herzog y con el primer ministro Benyamin Netanyahu, y les confirmó su voluntad de restaurar las relaciones entre Irán e Israel –sin mencionar que su padre llegó a firmar con Siria, a pedido de la administración Eisenhower y de su secretario de Estado John Foster Dulles, un acuerdo para contener el expansionismo israelí.
Los seguidores del “emperador” Reza Pahlevi crearon entonces en Los Angeles, donde ahora reside este personaje, la National Union for Democracy in Iran (NUFDI) para aglutinar en ella a toda la oposición iraní e iniciar la publicación del diario Iran Watch.
En 2025, luego de haber sido invitado dos veces a la Conferencia de Seguridad de Munich –invitaciones que el gobierno de Alemania anuló las dos veces–, Reza Pahlevi organizó una “Cumbre de la Convergencia”, con la participación de una serie de grupúsculos (“Nuevo Irán”, “La revelación de Irán”, “Partido Constitucional/Demócratas Liberales”, “Sociedad Republicana de Apoyo al Príncipe Reza Pahlevi”, “Partido Pan-iraní”, “Irán-iraní Paternalista”, “Institución Popular”, “Organización Constitucional” e “Instituto Omid”).
En aquel encuentro, Reza Pahlevi fue proclamado «jefe de la revolución nacional y del periodo de transición hasta la formación del primer parlamento nacional y el inicio del gobierno democrático mediante elecciones libres».
En febrero de 2025, el American Jewish Committee y una veintena de organizaciones proestadounidenses y proisraelíes invitaron a Reza Pahlevi a la 17ª “Cumbre por los Derechos Humanos y la Democracia”, donde el emperador se codeó con los principales “ahijados” de la CIA estadounidense y del Mossad israelí, como los rusos Evgenia Kara-Murza y Garry Gasparov, los venezolanos María Corina Machado y Edmundo González, las chinas Rahima Mahmut (uigur) y Namkyi (tibetana).
En junio de 2025, cuando Israel bombardeó Irán durante 12 días, el “emperador” Reza Pahlevi no manifestó ninguna empatía hacia “su” pueblo. Al contrarió, expresó su regocijo y declaró a la BBC que se trataba de una «oportunidad sin precedente de derrocar el régimen» [3].
La agresión yihadista
Los enemigos raramente vienen solos.
A los golpes económicos organizados por Estados Unidos y a los monárquicos proisraelíes se unió el Emirato Islámico (Daesh, conocido en Occidente como Estado Islámico, EI o ISIS.), la organización terrorista creada por los anglosajones en el contexto de la doctrina Rumsfeld-Cebrowski, tendiente esta última a «rediseñar el Medio Oriente» dividiendo la población de esa región en grupos étnicos o confesionales. Después de haber creado Al-Qaeda, que predicaba la unidad del islam, los anglosajones crearon, a raíz de la invasión de Irak, el Emirato Islámico o Estado Islámico (Daesh), que predica la liquidación de los musulmanes no sunnitas, entre los que figuran los chiitas iraníes.
Al principio, Daesh arremetió, prioritariamente, contra las minorías confesionales, como los yazidís, y contra las minorías étnicas, como los kurdos.
El apoyo que Daesh recibía de Estados Unidos cesó, al menos al nivel de la Casa Blanca, con el discurso que Donald Trump pronunció en Riad, durante su primer mandato presidencial, el 21 de mayo de 2017 [4].
De hecho, Estados Unidos e Irán se vieron entonces en el mismo bando, en la lucha contra el yihadismo terrorista y Daesh comenzó entonces a atacar tanto a Estados Unidos como a Irán.
El 7 de junio de 2017 fue el doble ataque terrorista contra el parlamento iraní y contra el mausoleo consagrado al imam Khomeini (17 muertos y 52 heridos).
El 22 de septiembre de 2018, atentado en Ahvaz, durante un desfile de los Guardianes de la Revolución (29 muertos).
El 26 de octubre de 2022, atentado contra el mausoleo de Chah-Tcheragh (15 muertos y 40 heridos).
El 3 de enero de 2024, atentado en Kerman, durante la conmemoración del asesinato del general Qassem Soleimani (94 muertos y 284 heridos).
Esta vez, en 2026, aprovechando la confusión de las manifestaciones, Daesh incendió edificios en pleno centro de Teherán, creando así un ambiente apocalíptico.
Participación de fuerzas especiales extranjeras
En medio de la confusión, tiradores apostados en los techos, comienzan a abatir personas indiscriminadamente, tanto entre los manifestantes como entre los miembros de las fuerzas de seguridad.
Otra vez aparece la práctica denominada «pelea de perros», utilizada en los años 1990 y aplicada repetidamente, y con éxito, en diferentes países, desde Libia hasta Ucrania.
Aunque no lo sabemos a ciencia cierta, en el caso de Irán, los tiradores fueron probablemente israelíes de origen iraní –en Israel son una comunidad de al menos 250 000 personas.
El objetivo de ese tipo de acción es agravar la violencia. Cada bando cree que el otro lo está agrediendo y es evidente que, creyéndose atacadas con fuerza letal, las fuerzas del orden responden con más violencia.
En pocos días, los medios de prensa pasaron de 1 200 muertos a más de 40 000.
Lo que Trump quiere y lo que pudiera hacer
Ante las informaciones sobre la ola de violencia, el presidente estadounidense Donald Trump intima el gobierno de Irán a dejar de matar a su propio pueblo.
Los medios de prensa occidentales se hacen eco, de ese mensaje, que puede parecer lleno de buena voluntad a quienes ignoran la responsabilidad de Estados Unidos y sus aliados en los hechos.
A partir de ese momento, la opinión publica de Occidente se acoge nuevamente a la imagen de Estados Unidos como “gendarme del mundo”, en lo que constituye una excelente operación de “relaciones públicas” para la Casa Blanca.
Pero el presidente Trump sabe que no puede cambiar el curso de las acontecimientos.
Los problemas de Irán son de orden sociológico (culto ciego de la clase clerical por parte de la población) y, en el plano político, el hecho que el concepto de “república de los sabios” ha dado lugar a la multiplicación de centros de poder, que se traduce en definitiva en una parálisis del Poder en general.
El hecho es que una intervención militar no resolvería ninguno de esos problemas, y menos aún un bombardeo aéreo.
Trump aprovecha entonces la situación para poner sobre la mesa lo que realmente le interesa: la cuestión nuclear y la cuestión de los misiles.
Él sabe –su directora de la Inteligencia Nacional se lo ha confirmado– que desde 1988 Irán no tiene un programa nuclear –sólo existe una facción de la clase política deseosa de que Teherán se dote del arma nuclear, como hizo Corea del Norte.
Trump sabe también que Irán tiene derecho –aunque Israel lo niegue– a fabricar misiles balísticos para garantizar su propia defensa y que Irán ya dispone de misiles hipersónicos.
Durante la guerra de los 12 días, Teherán utilizó contra Israel 7 misiles hipersónicos. Todos alcanzaron los blancos designados, sin que nadie pudiera pararlos.
Son esos los dos temas que Trump quiere discutir con Irán, dos cosas que no tienen relación alguna con lo sucedido en las protestas.
[1] «Condenan al vicepresidente de Ahmadineyad a 15 años de cárcel en juicio secreto», Red Voltaire, 28 de marzo de 2018.
[2] The Charter of Solidarity and Alliance for Freedom (The Mahsa Charter, 9 de marzo de 2023.
[3] اختصاصی بیبیسی؛ رضا پهلوی: این فرصتی طلایی برای سرنگونی رژیم است, BBC, 15 de junio de 2025.
[4] “Donald Trump’s Speech to the Arab Islamic American Summit”, Donald Trump, Voltaire Network, 1º de mayo de 2017.
https://www.voltairenet.org/article223668.html
