viernes, 19 de mayo de 2017

Siria 1956-1957. Comprando un nuevo gobierno. Antecedentes del intervencionismo de EEUU en Siria.

"Se cree que los británicos favorecerían la estimulación activa de un cambio en el actual régimen en Siria, en un esfuerzo por asegurar una orientación pro occidental por parte de futuros gobiernos sirios" (Allem Dulles,Director de la CIA de 1953 a 1961, refiriéndose a la organización y preparación de un golpe de estado en Siria)

Chikri al-Quwatli (o Shukri al-Kuwatli) fue el primer Presidente de Siria tras su independencia en 1946. 

Derrocado por un golpe de estado en 1949, promovido por la CIA, regresó al poder tiempo después, tras ganar las elecciones libres en 1955. EE.UU. intentó derrocarlo de nuevo en 1956 y 1957, mediante dos golpes de estado fallidos. William Blum nos habla en este capítulo de estas dos últimas intentonas golpistas organizadas por la CIA.

Comentario previo del blog

Resulta muy oportuno reproducir el capítulo que Blum dedica en su libro Asesinando la esperanza, al doble intento de promover un golpe de estado en Siria por parte de la CIA, en 1956 y 1957. 

Oportuno porque se trata de un antecedente del actual intervencionismo de EE.UU. y sus socios político-militares en Siria. 

Para entender lo que está sucediendo hoy en día en Siria, debemos comenzar por el principio, y el capítulo que sigue del libro de Blum nos ayuda a comprender esos antecedentes lejanos.

En realidad, este doble intento referido por Blum no fue el primero ocurrido en Siria. Tras deshacerse del dominio otomano en 1918, Siria quedó bajo tutela colonial francesa, hasta que en 1946 la ONU reconoció su independencia. 

A partir de entonces y durante más de una década, el país estuvo privado de estabilidad política y a merced de las "fontanerías" de los intereses extranjeros. Ya en 1949, la CIA promovió un golpe militar exitoso -no mencionado por Blum en este capítulo- que derrocó al presidente electo Chikri al-Quwatli (o Shukri al-Kuwatli).

 Posteriormente, y en muy poco tiempo, se sucedieron diferentes golpes de estado que sumieron en el caos al país, hasta que el derrocado Chikri al-Quwatli regresó al poder tras ganar unas elecciones libres en 1955. 

Electo democráticamente y derrocado por la CIA en 1949, la CIA tampoco aceptó esta vez el resultado democrático que condujo de nuevo a Al-Quwatli a la Presidencia del país. 

En este contexto, EE.UU. tomó la decisión de intervenir patrocinando un golpe de estado que volviese a derrocar a Al-Quwatli y facilitase un gobierno sumiso a los intereses de Washington en la región. 

La CIA había tenido éxito cuatro años antes derribando al gobierno iraní de Mossadegh, mediante un golpe de estado (ver "IRÁN 1953. Dándole seguridad al rey de reyes"), lo cual -en opinión de Blum- animó sin duda a los halcones de Washington a reeditar en Siria lo que se había hecho en Irán. Sin embargo, esta vez el operativo de la CIA fracasó.

De este corto capítulo del libro de Blum, me ha llamado especialmente la atención el eufemismo utilizado por el Director de la CIA en ese momento, Allen Dulles, para referirse a la organización, preparación e impulso de un golpe de estado: "estimulación activa de un cambio en el actual régimen en Siria". 

¡Para enmarcar!, ¿verdad?


Referencia documental

Blum, William: "Siria 1956-1957. Comprando un nuevo gobierno", capitulo 12 del libro Asesinando la Esperanza. Intervenciones de la CIA y del Ejército de los Estados Unidos desde la Segunda Guerra Mundial, págs. 102-107. Editorial Oriente, Santiago de Cuba (Cuba), 2005. Original en inglés: Killing Hope: U.S. Military and CIA Interventions Since World War II, Common Courage Press, 2004.
Fuente de digitalización y correcciones (cítese si se reproduce, junto con la fuente original en inglés y de la edición cubana): blog del viejo topo.
Negrita, imágenes y pies de foto: blog del viejo topo.

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Siria 1956-1951. Comprando un nuevo gobierno 
William Blum

En 1956 John Foster Dulles declaró: "La neutralidad se vuelve cada vez más un concepto obsoleto y, excepto bajo circunstancias muy excepcionales, resulta inmoral y torpe" (1). La torpeza de un gobierno neutral radicaba tal vez en su incapacidad para percibir que su neutralidad llevaría a Dulles a intentar derrocarlo.

Siria no se estaba comportando como Washington entendía que debía hacer un país del Tercer Mundo. Para comenzar, era el único Estado de la región que había rechazado toda ayuda económica o militar norteamericana.

 Damasco no sentía inclinación por las ataduras que la misma conllevaba: la aceptación de ayuda militar de EE.UU. implicaba por lo general la presencia de asesores y técnicos militares norteamericanos; además, el Acta de Seguridad Mutua de EE.UU. de 1955 especificaba que el país firmante se comprometía a contribuir a la "fuerza defensiva del mundo libre" y declaraba que era política estadounidense "alentar los esfuerzos de otras naciones libres [...] fomentar la iniciativa privada y la competencia [entiéndase capitalismo]" (2).

Otra dificultad de Siria era que, aunque sus gobiernos de los últimos años habían sido más o menos conservadores y no habían caído en desagradables prácticas izquierdistas como la nacionalización de compañías norteamericanas, los funcionarios de EE.UU. -víctimas de la que podría ser llamada paranoia anticomunista, o tal vez convencidos por su propia propaganda— esperaban siempre lo peor. 

Para entender esto uno tiene que leer algunos de los documentos secretos, ahora desclasificados, del Consejo de Seguridad Nacional (NSC), basados en parte en los informes recibidos de la Embajada norteamericana en Damasco durante 1956 y 1957:

"Si la tendencia popular de izquierda continúa durante un período considerable, hay peligro real de que Siria caiga por completo bajo control de la izquierda, ya sea por un golpe o por usurpación de autoridad"; 

"la orientación antinorteamericana y anti-occidental que en lo fundamental tienen los sirios es estimulada por el inevitable histrionismo político acerca del problema palestino"; 

"Cuatro efímeros gobiernos sucesivos en Siria han permitido una sostenida creciente actividad comunista"; 

"Los comunistas apoyan a los grupos de izquierda [en] el ejército"; 

"la apatía hacia el comunismo por parte de los políticos y oficiales militares" es una amenaza a la seguridad; 

"El Partido de Resurrección Árabe Socialista (PRAS)" y "el Partido Comunista de Siria son capaces de causar un mayor deterioro a la seguridad interna siria";

peligro un "golpe de Estado" del PRAS así como "creciente penetración comunista en el gobierno y el ejército"; 

"De todos los estados árabes, Siria es en este momento el más completamente dedicado a una política neutral con fuertes tintes anti-occidentales"; 

"Si la tendencia actual continúa hay grandes posibilidades de que se produzca una Siria dominada por los comunistas, lo cual amenazaría la paz y la estabilidad en el área y pondría en riesgo el éxito de nuestros objetivos en el Cercano Oriente"; 

"debemos considerar prioritariamente el desarrollo de cursos de acción en el Cercano Oriente diseñados para influir sobre la situación en Siria y recomendar medidas específicas para combatir la subversión comunista''. (3)

Parecería que la idea de militares de izquierda o apáticos ante los comunistas podía haber sido en verdad algo incongruente para la mentalidad de un funcionario norteamericano, pero los documentos no mencionan en parte alguna que los izquierdistas/comunistas/miembros del PRAS hayan hecho algo realmente ilegal o malévolo, aunque el lenguaje empleado es el mismo que vimos en el capítulo sobre Guatemala: los individuos en cuestión no se unen a nada, se "infiltran", "penetran", "controlan", son "oportunistas".

 En realidad el comportamiento descrito es el de cualquier otro animal político: se busca influir en sectores esenciales de la sociedad y sumar aliados. 

Pero para los los hombres con cargos de responsabilidad en el NSC y el Departamento de Estado, las malvadas intenciones de tales individuos y el peligro que representaban eran tan evidentes que no requerían formulación.

Hay una sola excepción, expresada quizás para dar explicación a una observación incómoda: "De hecho, el Partido Comunista no parece tener como objetivo inmediato la toma del poder, sino más bien destruir la unidad nacional, fortalecer el apoyo a las políticas soviéticas y la oposición a las occidentales y exacerbar las tensiones en el mundo árabe.

 Ha hecho significativos avances hacia esos objetivos" (4). Pero no hay indicación de a qué llama el autor "unidad nacional".

El embajador norteamericano en Siria, James Moose Jr., razonaba que un gobierno sirio de izquierda, o dominado por los comunistas, amenazaría a las claras los intereses norteamericanos en la vecina Turquía y esto, a su vez, podría representar un punto débil para todos los países de la OTAN, y así sucesivamente (5).

 Estaba claro que como no se podía confiar en que el Gobierno sirio hiciera algo que provocara este calamitoso desastre de manera inminente, había que hacer algo con el Gobierno sirio.

A esto debemos añadir la acostumbrada intriga medio-oriental: en este caso se trataba de Iraq que conspiraba con los británicos para derribar tanto al Gobierno de Siria como al de Nasser en Egipto; la presión británica para que EE.UU. se sumara a la conspiración y el compromiso de la CIA: dejen tranquilo a Nasser, al menos por ahora, y haremos algo con Siria (7). 

Un escenario increíble, escandaloso, pero coherente con la larga tradición del Medio Oriente. Los británicos eran una presencia antigua. Dulles y los norteamericanos, todavía exaltados por su éxito en Irán, se proponían rehacer la región petrolera a su imagen y semejanza. 

Wilbur Crane Eveland pertenecía al personal del NSC, el grupo de alto nivel interagencias en Washington que, en teoría, debía supervisar y controlar las actividades clandestinas de la CIA. Debido a la trayectoria de Eveland y su experiencia en el Medio Oriente, la CIA pidió que fuese cedido a la Agencia para una serle de tareas. 

Por su parte, Archibald Roosevelt era, como su primo Kermit, un alto funcionario de la CIA; ambos eran nietos de Theodore. Kermit había sido el cerebro del derrocamiento del Gobierno iraní en 1953. Archie tenía esperanzas de hacer lo mismo en Siria. Finalmente, Michail Bey Ilyan había sido ministro de Relaciones Exteriores de Siria; en 1956 era el líder del conservador Partido Populista. 

Eveland describe en sus memorias que en un encuentro de los tres en Damasco, el 1 de julio de 1956, Roosevelt le preguntó a Ilyan qué haría falta para que los conservadores sirios adquiriesen suficiente control para purgar a los comunistas y sus simpatizantes de izquierda. 

Ilyan respondió señalando nombres y lugares: las estaciones de radio en Damasco y Alepo, unos pocos altos oficiales y suficiente dinero para comprar periódicos que estaban en manos egipcias y sauditas. Roosevelt siguió investigando. Le preguntó a Ilyan: ¿podrían estas cosas realizarse con la única participación de dinero y agentes de EE.UU., sin implicar a otro país occidental o del Cercano Oriente? Sin duda, le respondió Ilyan con graves asentimientos de cabeza.

El 26 de julio el presidente egipcio Gamal Abdel Nasser anunció que su gobierno se hacía cargo de la operación del Canal de Suez. La reacción de británicos y franceses fue inmediata y exaltada. Estados Unidos fue menos abiertamente hostil, aunque hizo críticas al Gobierno egipcio y congeló sus fondos en bancos norteamericanos. 

Este inesperado incidente pospuso los planes de la CIA porque —tal como explicó con desesperación Ilyan a Eveland— Nasser era ahora un héroe para el mundo árabe y la colaboración con cualquier potencia occidental para derrocar un gobierno árabe era políticamente indefendible. 

Finalmente el golpe fue programado para el 25 de octubre. La estrategia que se debía seguir, según la describió Ilyan, era convocar a altos mandos del Ejército sirio para

tomar control de Damasco, Alepo, Homs y Hamah. También serían capturados los puestos fronterizos con Jordania, Iraq y el Líbano a fin de sellar las fronteras sirias hasta que las estaciones de radio anunciaran que un nuevo gobierno había ocupado el poder encabezado por el coronel Kabbani, quien ubicaría unidades blindadas en puntos clave de todo Damasco.

 Una vez que se hubiera establecido el control, Ilyan informaría a los civiles que había seleccionado para conformar un nuevo gobierno, pero a fin de evitar delaciones, ninguno de ellos sabría nada hasta una semana antes del golpe. 

Para esta operación el dinero tendría qué cambiar de manos. Ilyan pidió, y recibió, medio millón de libras sirias (unos 167.000 dólares); luego estipuló que, para garantizar su participación, los complotados sirios necesitarían tener la confirmación del más alto nivel del Gobierno de que EE.UU. apoyaría el golpe y reconocería de inmediato al nuevo Gobierno. 

Esta confirmación podía realizarse de la manera siguiente, propuso Ilyan: en abril el presidente Eisenhower había dicho que EE.UU. se opondría a planes agresivos en el Medio Oriente, pero no sin la aprobación del Congreso.

 ¿Podría el presidente repetir esa declaración, en vista de la crisis de Suez, en una fecha específica que se diera a conocer a los integrantes del complot? Las palabras de Eisenhower podrían ser la confirmación que estos buscarían.

La respuesta afirmativa al plan de Ilyan llegó a Damasco desde Washington al día siguiente. Había que buscar una ocasión adecuada para la declaración solicitada y el secretario Dulles sería el encargado. 

La idea era que Dulles haría referencia a la declaración de Eisenhower entre el 16 y el 18 de octubre, dándole de este modo a Ilyan la semana que necesitaba para organizar su equipo de civiles. 

Poco después. J.F. Dulles sostuvo una conferencia de prensa. Como se habían producido en fecha reciente varios ataques israelíes a Jordania, uno de los periodistas preguntó si EE.UU. iría en apoyo de Jordania en seguimiento de "nuestra declaración del 9 de abril". 

Si, respondió el secretario de Estado y repitió la referencia a la declaración de abril. Esto ocurría el 16 de octubre. Pero casi de inmediato llegó un mensaje de Ilyan desde Damasco que posponía la fecha del golpe hasta el 30 de octubre porque el coronel Kabbani le había dicho a Ilyan que su gente no estaba lista. 

La posposición fue crucial. A primera hora de la mañana del 30 un muy atormentado Ilyan apareció en la puerta de Eveland: "¡Anoche los israelíes invadieron Egipto y justo ahora se dirigen al Canal de Suez! ¿Cómo pudo pedirnos que derrocáramos nuestro gobierno en el preciso momento en que Israel comienza una guerra con un Estado árabe?"(8)

La campana de la "tendencia de izquierda en Siria" siguió sonando en Washington. En enero de 1957, escribió luego el presidente Eisenhower, el director de la CIA, Allen Dulles, "presentó informes que indicaban, que el nuevo gabinete sirio se orientaba hacia la izquierda" (9).

 Dos meses más tarde, Dulles preparó un "Informe de situación en Siria", en el cual escribió acerca de "una tendencia creciente hacia un gobierno decididamente de izquierda, pro soviético". A Dulles le preocupaban "oficiales izquierdistas organizados pertenecientes al PRAS" (10). En ese mismo mes, un documento interno del Departamento de Estado señalaba:

"Se cree que los británicos favorecerían la estimulación activa de un cambio en el actual régimen en Siria, en un esfuerzo por asegurar una orientación pro occidental por parte de futuros gobiernos sirios [...] Estados Unidos comparte la preocupación del Gobierno británico sobre la situación en Siria" (11).
Luego, en junio, un memo interno del Departamento de Defensa hablaba de un posible "golpe de izquierda" que se realizaría, según el memo, contra el "Gobierno sirio de izquierda" (12).

De este modo, tanto en Beirut como en Damasco, los oficiales de la CIA estuvieron tratando nuevamente de orquestar un golpe en Siria. En esta ocasión, Kermit Roosevelt estaba tirando de los hilos, más que su primo Archibald. Arregló las cosas para que Howard (Rocky) Stone fuese transferido de Sudán a Damasco para segurarse de que los preparativos fuesen hechos por un "profesional". Stone era ya una leyenda en la CIA a los treinta y dos años como el hombre que había ayudado a Kim Roosevelt a derrocar al Gobierno iraní cuatro años atrás, aunque la contribución específica de Stone al hecho permaneciese en tinieblas. 

El nuevo beneficiario propuesto en ese complot particular fue Adib Shishakly, antiguo dictador sirio de derecha, quien residía clandestinamente en Líbano. El antiguo jefe de seguridad de Shishakly, el coronel Ibrahim Husseini, ahora agregado militar sirio en Roma, fue trasladado en secreto al Líbano con un pasaporte falsificado por la CIA. Husseini debía entonces entrar de contrabando en el maletero de un auto diplomático norteamericano a fin de encontrarse con los agentes sirios de la CIA y dar seguridad de que Shishakly regresaría a gobernar una vez que se efectuase el golpe.

Pero el golpe fue descubierto en sus mismos inicios. Militares sirios a los que se les había asignado papeles importantes en la operación, se presentaron ante el jefe de Inteligencia siria, coronel Sarraj, entregaron el dinero recibido y nombraron a los agentes de la CIA que les habían pagado. El teniente coronel Robert Molloy, agregado militar de la Embajada, Francis Jeton, un funcionario de carrera de la CIA, oficialmente vicecónsul y el legendario Howard Stone, que se desempeñaba supuestamente como segundo secretario para Asuntos Políticos, fueron todos declarados personae non gratae y expulsados del país en agosto.

Molloy estaba decidido a dejar Siria con estilo. Cuando su auto se acercó a la frontera con el Líbano, obligó al motociclista sirio que lo escoltaba a salir bruscamente de la carretera y le gritó al hombre que yacía en el suelo que le dijera al "coronel Sarraj y sus amigos comunistas” que Molloy “les sacudiría el polvo con una mano amarrada a la espalda si volvían a cruzarse en su camino”.

El anuncio del Gobierno sirio que acompañó la orden de expulsión declaraba que Stone había hecho contacto primero con el ¡legalizado Partido Social Nacionalista y luego con los militares. Cuando los oficiales informaron sobre el complot, se les dijo que continuaran sus contactos con los norteamericanos y luego se reunieran con Shishakly y Husseini en las casas de los diplomáticos estadounidenses. Se decía que Husseini había afirmado a los oficiales que Estados Unidos daría al nuevo Gobierno sirio entre trescientos y cuatrocientos millones de dólares en ayuda si se firmaba la paz con Israel.

Un detalle divertido ocurrió cuando el ministro de Defensa sirio y el embajador de ese país en Italia discutieron sobre la responsabilidad de Husseini en el complot. El embajador señaló que Husseini no había estado en Siria desde el 20 de julio y que su pasaporte no mostraba indicación alguna de que hubiese salido de Italia en todo ese tiempo.

El Departamento de Estado calificó las acusaciones sirias como "completamente fabricadas" y tomó represalias: expulsó al embajador sirio en EE.UU. y al segundo secretario, y retiró al embajador norteamericano de Siria. Fue la primera vez desde 1915 que EE.UU. expulsaba al jefe de una misión extranjera (13).

Inmediatamente después de la controversia, el New York Times reportaba que "hay numerosas teorías acerca de por qué los sirios actuaron contra EE.UU. Una es que fueron instigados por la URSS. Otra es que el Gobierno manufacturó una historia de espionaje antinorteamericana para distraer la atención de la significación de las negociaciones sirias con Moscú" (14).

En esta misma edición, un editorial especulaba acerca de otras explicaciones creíbles (15). Ni en su reporte noticioso, ni en el editorial, el Times parecía considerar siquiera la posibilidad de que la acusación siria pudiera ser cierta.

El presidente Eisenhower, al evocar este incidente en sus memorias, no niega las acusaciones. Su único comentario acerca de las expulsiones fue: "La acción en su totalidad estuvo sumida en el misterio pero había fuertes sospechas de que los comunistas habían tornado el control del Gobierno. Más aún, teníamos informes frescos de que el bloque soviético estaba enviando armas a Siria" (16).

La neutralidad y el "izquierdismo" de Siria continuaron obsesionando a EE.UU. Cinco años después, cuando John F. Kennedy ocupaba la Casa Blanca, se reunió con el primer ministro británico Macmillan y los dos líderes coincidieron, según un informe de la CIA, en la "penetración y cultivo de elementos desorganizadores en las fuerzas armadas sirias, en particular en el ejercito, de modo que Siria pueda ser guiada por Occidente" (17). Décadas mas tarde, Washington seguía preocupado, aunque Siria todavía no se había "vuelto comunista".

William Blum
Cap. 12 de Asesinando la esperanza

Notas
(1) Department of State Bulletin, Washington, 18 de junio de 1956, pp. 999-1.000.
(2) Ley de Seguridad Mutua de EE.UU. de 1955, secciones 142(a) (4) y 413.
(3) Declassified Documents Reference System. Vol. 1992, documento No. 2326, 10 de mayo de 1955; No. 2663, 21 de septiembre de 1955; No. 2973, 9 de enero de 1956; No. 2974, 16 de enero de 1956. Vol. 1993, documento No. 2953, 14 de diciembre de 1955; No. 2954, 26 de enero de 1956; No. 2955, 27 de enero de 1956. 
Con excepción del No. 2663, todos los documentos llevan el encabezamiento de la Junta de Coordinación de Operaciones, un subcomité del Consejo de Seguridad Nacional que coordinaba actividades encubiertas.
(4) Ibíd., Vol. 1993, documento No. 2953, 14 de diciembre de 1955, p. 4.
(5) Wilbur Crane Eveland: Ropes of Sand: America's Failure in the Middle East. W.W. Norton & Co., New York, 1980, p. 122.
(6) Patrick Seale: The Struggle for Syria: A Study of Post-War Arab Politics, 1945-1958. Londres, 1965, pp. 283-306; Eveland, pp. 135, 169-173.
(7) Eveland, p. 182.
(8) Acerca del plan de 1956 y su trasfondo ver Eveland, capítulos 11 al 20; New York Times, 10 de abril de 1956 y 17 de octubre de 1956.
(9) Dwight Eisenhower: The White House Years: Waging Peace, 1956-1961. New York, 1965, p. 196.
(10) Declassified Documents Reference System. Vol. 1981, documento No. 26E, 22 de marzo de 1957.
(11) Ibíd., Vol. 1985, doc. No. 283, marzo de 1957.
(12) Ibíd., Vol. 1981, doc. No. 471B, 17 de junio de 1957.
(13) Acerca del plan de 1957 ver Eveland, pp. 253-254; New York Times, 14 de agosto de 1957, p. 1 y 6; 15 de agosto, pp. 1 y 4.
(14) New york Times, 17 de agosto de 1957, p. 3.
(15) Ibíd., p. 14.
(16) Eisenhower, p. 196.
(17) Informe interno de la CIA, con nombre de autor borrado, del 18 de junio de 1962 sobre el resultado de las conversaciones con "diplomáticos occidentales" acerca de la reunión Kennedy-Macmillan, en Declassified Documents Reference System. Vol. 1975, doc. No. 240A.

Apéndice del blog: ficha didáctica resumen



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