La labor de zapa de la OTAN bajo los pies de Ucrania

En 2009, Yulia Timochenko, entonces primera ministra de Ucrania, recibe al secretario general de la OTAN Jaap de Hoop Scheffer.

Desde que desapareció la Unión Soviética y Ucrania proclamó su independencia, el objetivo de la OTAN ha sido convertir a esa república ex soviética en miembro de la alianza atlántica.

 Y poco a poco va tejiendo una red de relaciones personales, a la que agrega una serie de tratados oficiales. Manlio Dinucci observa que el golpe de Estado de febrero de 2014 es el punto culminante de 22 años de preparativos.

«¡Cavaste bien, viejo topo!» Así describía Karl Marx el trabajo de preparación de la revolución a mediados del siglo XIX. La misma imagen podría servir hoy, en sentido contrario, para describir la operación de la OTAN en Ucrania.

Esa operación comienza en 1991, cuando, después de la disolución del Pacto de Varsovia, se disuelve también la Unión Soviética. Donde había un solo Estado, aparecen 15. Ucrania es uno de ellos.

Estados Unidos y sus aliados europeos comienzan a maniobrar de inmediato para sacar la mayor ventaja posible partido de la nueva situación geopolítica.

 En 1999, la OTAN recurre a la guerra para demoler la República Federal de Yugoslavia, Estado que habría podido obstaculizar la nueva expansión hacia el este, y absorbe los primeros países del antiguo Pacto de Varsovia: Polonia, la República Checa y Hungría. 

Más tarde, en 2004 y 2009, la OTAN se extiende a Estonia, Letonia, Lituania (tres repúblicas ex soviéticas) así como a Bulgaria, Rumania, Eslovaquia, Eslovenia y Croacia (dos repúblicas ex yugoslavas) y Albania.

Ucrania, barrera de 600 000 kilómetros cuadrados entre la OTAN y Rusia, atravesada además por los corredores energéticos entre Rusia y la Unión Europea, se mantiene autónoma.

 Pero entra al «Consejo de Cooperación Noratlántico» y, en 1994, se incorpora a la «Asociación para la Paz» y participa incluso en las «operaciones de paz» en los Balcanes.

En 2002 se adopta el «Plan de Acción OTAN-Ucrania» y el presidente Kuchma anuncia su intención de pasar a formar parte de la OTAN. En 2005, al calor de la «revolución naranja», el presidente Yushchenko es invitado a la cumbre de la OTAN en Bruselas.

 Inmediatamente después se inicia un «intenso diálogo sobre la aspiración de Ucrania a convertirse en miembro de la OTAN» y, en 2008, la cumbre de Bucarest da luz verde a su incorporación.

En 2009, Kiev firma un acuerdo que permite el tránsito terrestre por Ucrania del abastecimiento destinado a las fuerzas de la OTAN en Afganistán. 

La incorporación de Ucrania a la OTAN ya parece segura pero, en 2010, el presidente recientemente electo Viktor Yanukovich anuncia que, aunque se mantiene la cooperación, la entrada a la Unión Europea no está en la agenda de su gobierno.

Sin embargo, para ese momento la OTAN ya había logrado crear una red de relaciones en el seno de las fuerzas armadas ucranianas.

 Hace años que varios oficiales de alto rango vienen recibiendo –en el Colegio de Defensa de la OTAN, en Roma y Oberammergau (Alemania)– cursos sobre la integración de las fuerzas armadas ucranianas a la alianza atlántica.

 En ese marco se inserta la creación, en la Academia militar ucraniana, de una nueva «facultad multinacional», con profesores de la OTAN.

También está notablemente desarrollada la cooperación técnico-científica en materia de armamento para facilitar la participación de las fuerzas armadas de Ucrania en «operaciones de paz conjuntas» bajo la égida de la OTAN.

Además, como «muchos ucranianos carecen de información sobre el papel de la OTAN y los objetivos de la alianza [atlántica] y lo que tienen en mente son los estereotipos obsoletos de la guerra fría», la OTAN creó en Kiev un Centro de Información que organiza reuniones y seminarios, e incluso visitas de «representantes de la sociedad civil» a su cuartel general en Bruselas.

Es evidente que lo que puede verse está lejos de ser lo único que existe, así que la OTAN tiene en los medios militares y civiles ucranianos una red de contactos mucho más extensa de lo que parece.

 Así lo confirma el tono de ordeno y mando que utilizó el secretario general de la OTAN, el 20 de febrero de 2014, cuando se dirigió a las fuerzas armadas ucranianas advirtiéndoles que debían «mantenerse neutrales» ya que otro tipo de actitud tendría «graves consecuencias negativas para nuestras relaciones».

La OTAN se siente ahora segura de que podrá dar un nuevo paso en su avance hacia el este, absorbiendo al menos la mitad de Ucrania, mientras prosigue su campaña contra «los estereotipos obsoletos de la guerra fría».


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