Palestina: Un grito en la oscuridad: Hind Rajab, “Por favor, ven, ven y llévame”

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Rubio, el poder tras el trono del absolutismo trumpiano

El individuo que plantea la más seria amenaza para la paz mundial en estos momentos se llama Marco Antonio Rubio, Secretario de Estado de Estados Unidos e hijo de emigrados cubanos de la época de Batista con un pasado de trabajo para el mafioso Meyer Lansky en Las Vegas.

Si la política exterior del presidente Donald Trump es de por sí errática y al servicio de los caprichos de poderosos lobbys estadounidenses, desde Sillicon Valley hasta el sector energético, Rubio agrega a esta mezcla dos elementos aún más explosivos: La agenda delincuencial de la mafia anticubana del sur de la Florida y el proyecto genocida del sionismo intentando aggiornarse al naciente orden mundial multipolar.

Al poner en manos de Rubio la política exterior del imperio, Trump ha desencadenado una serie de procesos que agudizan todas las contradicciones a nivel global y amenazan con escapar a su control, tanto a lo interno como a lo externo de los Estados Unidos.

Se podrá alegar que el agudizar las contradicciones no es sino el sello de marca de la política internacional de Donald Trump, cuyo proyecto en sintonía con los ideólogos de la denominada "ilustración oscura" de Sillicon Valley y del mundo de las criptomonedas consiste en la destrucción de los estados-nación actuales y su reemplazo por ciudades-estado corporativas fuera de todo control democrático. Sin embargo, este proyecto no es lo mismo con la adición del ingrediente Marco Rubio.

Ni la agenda de Miami ni la de Tel Aviv son compatibles con los intereses de Estados Unidos, ni como imperio, ni como entidad política, ya sea esta corporativa o con aspiraciones de representar alguna voluntad popular. 

Tanto la mafia de Miami como el sionismo persiguen fines propios, ambos dependiendo de los recursos de los contribuyentes estadounidenses sin reportarles nada a cambio que no sean mayores gastos, mayor inestabilidad y apertura de nuevos frentes de guerra a cada paso.

Una política del Oriente Medio en manos de Israel es, como lo estamos viendo, la receta para una desestabilización crónica de la región, y una política latinoamericana y caribeña en manos de Rubio no es sino la receta para la desestabilización crónica del Mar Caribe con sus más que probables repercusiones a lo interno de Estados Unidos.

Marco Rubio no es un estadista sino un operador político al servicio de los intereses anticubanos y sionistas, una especie de "candidato manchuriano" colocado al lado de Trump para que éste no se desvíe de esas agendas, un candidato que tal vez llegado el momento incluso pueda ser promovido al rango de presidente. (Por evidencias al respecto, leer el artículo en el siguiente enlace)

El lenguaje político de Marco Rubio se limita a regurgitar incesantemente los clichés anticomunistas y prosionistas que en su momento aprendió de personajes como Ileana Ros-Lehtinen y Jorge Mas Canosa en Miami. 

Rubio aliena a todo el mundo. 

No puede sentarse a hablar de política con los dirigentes de China, Rusia, los BRICS o ningún otro país o constelación internacional que no sea su entrañable "Bibi".

En un contexto en el que la opinión global se decanta a favor de China frente a Estados Unidos (ver el más reciente estudio del Pew Research Center al respecto) y en el que la mayoría de los Estados, independientemente de su orientación política, tiene intereses objetivos de comerciar fuera de la égida estadounidense, la retórica de Rubio solo sirve para debilitar la autoridad de su país escalando al mismo tiempo los conflictos en todos los teatros.

En las últimas semanas, el accionar de Rubio en torno a una serie de temas no ha hecho más que evidenciar los juicios emitidos arriba:

- A inicios de julio, se hizo público un memorándum en el que Rubio ordena expresamente a todas las embajadas de Estados Unidos a que presionen a los estados miembros de la ONU para votar en contra de una moción cubana para promover un debate sobre el bloqueo. 

Este tipo de presiones no es nada nuevo, lo novedoso son las amenazas abiertas a esos países de que «EEUU escuchará con mucha atención sus intervenciones en el debate y desaconsejará el uso de argumentos que puedan crear fricciones en nuestras relaciones bilaterales». 

La votación resultó en otro fracaso más para Estados Unidos, tal y como ha venido sucediendo desde hace décadas. Eso sí: algunos países se abstuvieron de votar, mientras que otros se ausentaron misteriosamente de la votación.

- Días más tarde, Rubio anunció la convocatoria de una cumbre contra el terrorismo centrada en el “resurgimiento del extremismo político trasnacional y las redes violentas de extrema izquierda” con representantes de más de 60 países, aunque sin difundir el listado de los participantes.

En la inauguración Rubio arremetió contra todo y todos: los demócratas estadounidenses, cualquier gobierno que ose tan siquiera soñar con políticas fuera del neoliberalismo proyanqui más abyecto, el infaltable meme trumpista del movimiento Antifa y, faltaba más, contra imaginarias guerrillas tupamaras revividas por la febril inventiva del Secretario de Estado. Tampoco faltaron promesas de fondos federales para promover la causa antiizquierdista en el mundo. 

Aparte de romper con la promesa de Trump de no financiar movimientos políticos fuera de las fronteras de Estados Unidos, el izado del estandarte anticomunista es una reedición de la guerra contra el mundo de George W. Bush. 

Ya no se trata del islam, a partir de ahora el enemigo -cualquier enemigo- será asimilado al espantapájaros ideológico "izquierdista" en la versión miamera del delegado de Donald Trump.

- Al mismo tiempo que alistaba los últimos preparativos para su aquelarre anticomunista en Washington, Rubio tuvo tiempo para lanzar una campaña diplomática contra la Corte Penal Internacional (CPI) de la ONU prometiendo "demolerla ladrillo a ladrillo". 

Aunque sea uno de sus promotores, Estados Unidos ni siquiera es miembro de la CPI (no son tan tontos como para someterse a la autoridad de un tribunal internacional), y si bien es cierto que el Tribunal ha investigado los crímenes de Estados Unidos en Afganistán, su mayor pecado a los ojos de Estados Unidos es haber actuado contra 'Bibi' por el genocidio de Gaza.

Esas acciones constituyen una ofensiva en toda la línea contra cualquier concepto de multilateralismo en las relaciones internacionales: Coacción directa hasta contra sus propios aliados; persecuciones contra espantapájaros ideológicos que terminan convirtiéndose en armas arrojadizas que se puedan utilizar contra cualquier actor, adversario o no y por último, rebeldía abierta contra la legalidad internacional.

El absolutismo trumpiano se quita la careta y dice: "El Estado soy yo". 

El problema es que Trump no puede ocultar que por detrás de su oreja derecha, la que se salvó del atentado en Butler, Pensilvania hace un par de años, asoma sonriente la cabecita de Marco Rubio, también de prominentes (pero sanas) orejas, garantizando que ese absolutismo beneficiará siempre y en última instancia a sus patrones en Miami y Tel Aviv. 

La política de Trump es dañina y peligrosa para los pueblos del mundo. Con Rubio de Secretario de Estado lo es aún más.

https://telegra.ph/Rubio-el-poder-tras-el-trono-del-absolutismo-trumpiano-07-18

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