Cubadebate hizo un amplio análisis del informe que presenta a Cuba como “capital mundial del terrorismo de izquierda radical” y que sigue el manual macartista: primero se instala el mensaje, después se produce el expediente que criminaliza.
El Departamento de Estado de Estados Unidos publicó este 20 de julio el informe Cuba: The Capital of 21st Century Communism, un documento de alrededor de cien páginas que parece elaborado con Inteligencia Artificial sesgada a la derecha y pretende reconstruir la “historia completa” del espionaje y la subversión cubanos en territorio estadounidense.
Su ambición va mucho más allá de registrar operaciones de inteligencia comprobadas o el apoyo histórico de La Habana a organizaciones armadas.
El texto intenta presentar a Cuba como el centro originario de una red que conectaría, a lo largo de 67 años, a guerrillas latinoamericanas, movimientos sociales en Estados Unidos (legales), organizaciones solidarias, universidades, grupos contra las deportaciones, Antifa, Black Lives Matter y el activismo propalestino.
La acusación no es menor. El informe sostiene que una parte considerable del conflicto político al interior de Estados Unidos puede vincularse, de una forma u otra, con la influencia cubana.
Así, problemas nacidos de la segregación racial, la violencia policial, la desigualdad, las guerras, la ocupación de Palestina o la política migratoria estadounidense son reorganizados como capítulos de una ofensiva exterior.
Cuba aparece como explicación total; la sociedad estadounidense, como un escenario pasivo donde una potencia extranjera sembró el descontento.
El texto intenta presentar a Cuba como el centro originario de una red que conectaría, a lo largo de 67 años, a guerrillas latinoamericanas, movimientos sociales en Estados Unidos (legales), organizaciones solidarias, universidades, grupos contra las deportaciones, Antifa, Black Lives Matter y el activismo propalestino.
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Este análisis parte de dos principios. Primero, una crítica rigurosa no necesita negar los hechos demostrados.
Segundo, esos hechos no prueban por sí mismos la conclusión que Washington construye sobre ellos: una operación única, homogénea, dirigida por el Estado cubano y vigente sin cambios desde 1959 hasta 2026.
La pregunta central, por tanto, no es si cada nombre, viaje o acontecimiento mencionado existió. La pregunta es otra: ¿la evidencia presentada permite pasar de hechos particulares a la acusación de una conspiración de alcance histórico y continental?
La respuesta que deja el examen del documento es negativa.
Gráfica 1. La cadena argumentativa recurrente. Los hechos y los contactos pueden probar los dos primeros pasos, pero no demuestran automáticamente una red centralizada, una política estatal común ni la necesidad de sanciones.La conclusión está escrita antes de la demostración
El informe comienza con una tesis imposible de probar: Cuba habría desarrollado desde el triunfo revolucionario una guerra integral contra Estados Unidos mediante espionaje, sabotaje, propaganda, organizaciones aliadas, infiltración ideológica y “terrorismo de izquierda”.
A partir de ahí, cada capítulo selecciona hechos que intentan encajar en esa conclusión previa.
El procedimiento se repite: se parte de un caso que ha narrado la prensa en cualquier lugar del mundo —un agente condenado, una organización armada, un fugitivo, una visita a La Habana—; después se añaden contactos, afinidades o referencias culturales; esas relaciones se integran en una sola red; la red se atribuye al Estado cubano; y el conjunto se presenta como una amenaza actual para la seguridad nacional estadounidense.
Al final, la amenaza sirve para justificar sanciones, vigilancia, restricciones migratorias, investigaciones bajo la Ley de Registro de Agentes Extranjeros y presión diplomática.
El problema está en los puentes que unen cada escalón.
La existencia de un caso de infiltración en grupos terroristas de Miami no demuestra que una universidad sea una plataforma de inteligencia. Una visita de un político estadounidense a Cuba no convierte a quien viaja en agente. Citar a una figura cualquiera en La Habana no prueba que un movimiento social reciba órdenes del Gobierno cubano. Defender en Estados Unidos el levantamiento del bloqueo tampoco equivale a participar en una operación clandestina.
Para sostener las afirmaciones más amplias serían necesarios documentos de mando, instrucciones, transferencias, comunicaciones secretas, confesiones o patrones operativos que vincularan de manera verificable a las organizaciones contemporáneas con una dirección estatal cubana. El informe no aporta ese tipo de evidencia para los actores que coloca bajo sospecha.
El concepto decisivo nunca se define
La expresión “terrorismo de izquierda” da sentido al documento, pero no recibe una definición operativa. No se establece qué diferencia un acto terrorista de una protesta, un sabotaje, una acción de desobediencia civil, un delito común, una campaña política o una actividad de solidaridad internacional.
Esta ambigüedad no es un detalle técnico. Permite desplazar la acusación desde actos criminales hacia conductas legítimas: viajar, reunirse, ofrecer defensa jurídica, participar en una asociación o criticar la política exterior de Estados Unidos.
Una visita de un político estadounidense a Cuba no convierte a quien viaja en agente. Citar a una figura cualquiera en La Habana no prueba que un movimiento social reciba órdenes del Gobierno cubano. Defender en Estados Unidos el levantamiento del bloqueo tampoco equivale a participar en una operación clandestina
El informe mezcla, además, términos que tienen significados jurídicos y políticos distintos: simpatizante, activista, contacto, fuente, agente, espía, frente, aliado, organización pantalla, grupo armado y terrorista. Cuando todas esas categorías se colocan en la misma cadena, la sospecha sustituye a la prueba.
Abundancia de enlaces no significa pluralidad de pruebas
El documento contiene 497 hipervínculos, 339 direcciones únicas y 192 dominios. Esa densidad produce una apariencia de investigación exhaustiva. Sin embargo, el volumen de referencias no equivale a la existencia de 497 fuentes independientes ni garantiza que todas tengan la misma calidad.
Una sentencia judicial, un documento desclasificado, la declaración de un traidor, una nota de prensa, una publicación en redes sociales y la página de una organización política aparecen con frecuencia en un mismo nivel.
El informe no ofrece una metodología que explique cómo jerarquiza esos contenidos, qué grado de confianza asigna a cada una o cómo distingue una fuente original de una repetición.
La composición del aparato documental es reveladora. La prensa, las páginas de las propias organizaciones citadas y los centros conservadores o conspiranoicos ocupan una parte mucho mayor que la investigación académica.
Varias afirmaciones circulan en cadena: un registro fiscal es interpretado por una organización partidista, esa interpretación pasa a un medio, el medio es citado en redes y la misma secuencia reaparece después en el informe oficial. Lo que parece un consenso de cinco fuentes tiene un solo origen.
Gráfica 2. El informe acumula referencias, pero no establece una jerarquía de evidencia. Las fuentes académicas son minoritarias frente a prensa, páginas de organizaciones y espacios de activismo político.Los propios archivos de Washington contradicen la campaña continua
La tesis de una guerra cubana homogénea e ininterrumpida desde 1959 entra en conflicto con documentos oficiales estadounidenses. No se trata de fuentes cubanas ni de interpretaciones de izquierda: son papeles de la diplomacia y la inteligencia de Estados Unidos publicados por la Oficina del Historiador del propio Departamento de Estado.
En febrero de 1959, la Embajada estadounidense en La Habana describió al líder cubano Fidel Castro como crítico en asuntos concretos, pero “no generalmente hostil”, y recomendó paciencia, buena voluntad y cooperación. Esa evaluación no encaja con la idea de que el enfrentamiento total con Estados Unidos ya constituía, desde el primer momento, el objetivo esencial e inmutable de la Revolución.
Fuente:
, 18 de febrero de 1959.
Los documentos de la Operación Mangosta muestran, por otra parte, que Washington desplegó una política expresa para aislar, debilitar y derrocar al Gobierno cubano, combinando presión económica, operaciones encubiertas, propaganda, sabotaje y preparación militar. El informe publicado ahora invierte la relación: presenta a Estados Unidos como receptor casi pasivo de una agresión cubana y elimina del relato las acciones estadounidenses, muchas de ellas terroristas, que influyeron decisivamente en la dinámica de confrontación.
Fuente:
Más importante aún, una evaluación conjunta de inteligencia de septiembre de 1971 afirmó que la evidencia de participación cubana en la guerrilla latinoamericana se encontraba en su nivel más bajo desde 1959. Otro memorando interagencias, de noviembre de 1974, concluyó que el apoyo tangible a revolucionarios armados era “insignificante”.
Fuente:
Estos documentos refutan la idea de una política idéntica, de intensidad constante y sostenida con el mismo método durante 67 años, con el gobierno de Estados Unidos como una virgen vestal (un informe de Naciones Unidas certificaba 691 actos terroristas contra Cuba, gestados desde Estados Unidos, pero el informe del Departamento de Estado no lo cita).
La historia verificable muestra etapas, acciones terroristas de Estados Unidos, cambios de prioridad, retrocesos, negociaciones y adaptaciones. El informe borra esa evolución, porque necesita presentar todas las décadas como capítulos de un único plan.
Gráfica 3. Cuatro documentos oficiales del gobierno de Estados Unidos bastan para quebrar la imagen de una ofensiva homogénea: la relación bilateral y la política cubana variaron, mientras Estados Unidos también ejecutó acciones de cambio de gobierno.Una historia de la confrontación sin Estados Unidos
El mayor vacío del informe no es un dato aislado, sino la ausencia sistemática de la política estadounidense. No aparece el apoyo a la dictadura de Fulgencio Batista, la invasión de Playa Girón, la Operación Mangosta, los planes de asesinato contra dirigentes cubanos, las acciones de sabotaje, el asesinato de civiles, la guerra bacteriológica y económica ,y más de seis décadas de coerción.
La omisión produce un relato moralmente simple: Cuba actúa; Estados Unidos reacciona. De ese modo, cualquier política cubana de defensa, inteligencia para evitar ataques terroristas y solidaridad se presenta como expresión de una hostilidad original, mientras las operaciones de Washington para cambiar el sistema político cubano quedan fuera del campo de análisis.
La tesis de una guerra cubana homogénea e ininterrumpida desde 1959 entra en conflicto con documentos oficiales estadounidenses.
El doble rasero también se extiende a otros escenarios. En África austral, la intervención cubana se reduce a expansión revolucionaria sin mencionar al colonialismo portugués, el Apartheid, las invasiones sudafricanas, la independencia de Namibia ni la capacidad de decisión de los movimientos africanos.
En Estados Unidos, el Black Power y la autodefensa negra se explican mediante la influencia de La Habana, minimizando sus raíces en la segregación, el Ku Klux Klan, los asesinatos racistas (Martin Luther King y Malcolm X, por solo citar dos) y la represión policial.
En América Latina, conflictos nacionales muy distintos se agrupan como una sola exportación cubana. En Puerto Rico, las acciones de organizaciones armadas se extienden al independentismo en general, y se culpa a Cuba invisibilizando la historia de ese país.
En Palestina, la solidaridad política, las relaciones diplomáticas, los movimientos civiles y la lucha contra el terrorismo de Israel son aproximados entre sí hasta formar un bloque indiferenciado.
Mapa 1. El encuadre coloca a Cuba en el centro de historias con causas nacionales, coloniales, raciales y geopolíticas propias. Las flechas representan la lógica del informe; no equivalen a vínculos de mando demostrados.El documento intenta criminalizar movimientos políticos, universidades y hasta generaciones completas de activistas políticos sin relación con Cuba en muchos casos. El documento llega a afirmar que “la izquierda estadounidense constituye una infraestructura cubana”.
El mismo procedimiento aparece con la cifra de aproximadamente 2.500 explosiones registradas por el FBI durante 18 meses de 1971 y 1972.
El informe coloca el dato cerca de la afirmación de que Cuba facilitó una ola de terrorismo. Sin embargo, no desglosa autores, tipos de incidente, organizaciones, víctimas ni proporción de casos vinculable a La Habana. Una cifra verdadera se convierte así en soporte visual de una causalidad no demostrada, sin la más mínima evidencia.
Otro ejemplo es la relación con los Democratic Socialists of America.
El documento reconoce que la organización no fue fundada como frente cubano, no está controlada por agentes de Cuba y adoptó sus posiciones por decisión propia. Acto seguido, interpreta esa autonomía como una prueba de que la influencia cubana fue aún más profunda. La hipótesis se vuelve imposible de refutar: si existe contacto, hay control; si no existe, la coincidencia ideológica demostraría una penetración ya interiorizada.
En África austral, la intervención cubana se reduce a expansión revolucionaria sin mencionar al colonialismo portugués, el Apartheid, las invasiones sudafricanas, la independencia de Namibia ni la capacidad de decisión de los movimientos africanos.
En Estados Unidos, el Black Power y la autodefensa negra se explican mediante la influencia de La Habana, minimizando sus raíces en la segregación, el Ku Klux Klan, los asesinatos racistas y la represión policial.
El lenguaje cumple una función decisiva. Un plan para organizar protestas ante una eventual agresión militar contra Cuba es descrito con expresiones propias de operaciones de seguridad: “objetivos”, “quinta columna”, “activadores” y “cronograma operativo”. Los lugares de concentración pasan a parecer blancos militares, aunque los materiales citados hablen de manifestaciones.
La asistencia jurídica a personas detenidas durante protestas también es presentada como parte de una infraestructura subversiva.
Ese razonamiento elimina una distinción elemental: defender legalmente a una persona no equivale a compartir ni ejecutar la conducta que se le imputa.
La militarización del vocabulario hace el trabajo que la evidencia no puede hacer. Una beca se vuelve reclutamiento; una delegación, entrenamiento; una afinidad, cadena de mando; una organización solidaria, frente de inteligencia; una protesta, operación enemiga. El resultado no es solamente una lectura sesgada del pasado.
Es una categoría suficientemente elástica para criminalizar en el presente actividades políticas y sociales legítimas.
Rubio activó primero el discurso
Hemos analizado una muestra de 47.921 menciones a Marco Rubio en la plataforma X, antes Twitter, en el período que va desde el 20 de enero de 2025 al 19 de julio de 2026 (cuando ha ocupado el cargo de Secretario de Estado). , que permiten observar cómo la tesis oficial fue preparada y amplificada antes de la aparición del documento del Departamento de Estado.
La frase que presenta a Cuba como “capital mundial del terrorismo de izquierda radical” circuló el 4 de junio y fue, con 1.217 retuits registrados, el mensaje de Rubio más repetido entre los analizados.
La militarización del vocabulario hace el trabajo que la evidencia no puede hacer. Una beca se vuelve reclutamiento; una delegación, entrenamiento; una afinidad, cadena de mando; una organización solidaria, frente de inteligencia; una protesta, operación enemiga.
En las semanas siguientes aparecieron formulaciones que luego ocuparon un lugar central en el informe: el ICAP como frente de inteligencia; Cuba como plataforma de operaciones militares, terroristas y subversivas; y la Isla como principal patrocinadora del radicalismo y el concepto de tercermundismo en Estados Unidos.
La secuencia temporal indica que el informe no inaugura el encuadre anticubano: lo organiza, le otorga apariencia documental y lo convierte en base para decisiones estatales. Capítulos históricos de decenas de páginas son comprimidos en consignas de amenaza inmediata.
Después, esas consignas circulan por medios, cuentas oficiales y actores políticos, y regresan al debate público como si fueran conclusiones independientes.
Gráfica 4. La acusación más abarcadora fue también la más repetida. Fuente: Observatorio de Medios de Cubadebate.La evolución mensual muestra una amplificación episódica, ligada a hitos políticos. El discurso crece durante 2026, registra un salto tras el secuestro de Nicolás Maduro en enero y vuelve a activarse alrededor de la publicación del informe en julio.
Gráfica 5. La conversación se intensifica alrededor de acontecimientos políticos. El aumento de menciones no demuestra aceptación uniforme de la tesis, pero da una idea de cuánto ha circulado.. Fuente: Observatorio de Medios de Cubadebate.Varios medios y plataformas aparecen a la vez como fuentes citadas por el informe y como espacios que cubren o reproducen las declaraciones de Rubio: CiberCuba, Fox News, CubaNet, CNN, CBS News, The Wall Street Journal y Reuters, entre otros.
El solapamiento muestra un circuito discursivo compartido. Un conjunto relativamente limitado de emisores aporta materiales, interpretaciones y titulares que circulan entre activismo, prensa, redes y documentación oficial. Esto ayuda a explicar por qué una misma idea puede adquirir apariencia de consenso.
Sin embargo, sería incorrecto aplicar al ecosistema mediático el mismo razonamiento conspirativo que criticamos en el informe.
Que un medio cite, cubra o reproduzca una declaración no prueba coordinación clandestina ni respaldo editorial. Puede tratarse de cobertura crítica, información factual o simple presencia en la agenda. El hallazgo relevante es la dependencia y repetición de fuentes, no la existencia de un mando común.
Grafo 1. El documento oficial y la circulación pública comparten emisores. El solapamiento ayuda a reproducir un encuadre, que sugiere coordinación operativa al menos entre los actores de la Florida.
La discusión no está entre aceptar o negar esos hechos. Está en impedir que se utilicen como atajo para imputar a organizaciones, causas sociales y movimientos enteros una dependencia que no ha sido probada. Un caso judicial no autoriza una acusación colectiva.
Un vínculo político no equivale a una relación operativa. Una influencia cultural no es una orden estatal.
Conclusiones
El informe del Departamento de Estado no es una colección uniforme de invenciones. Su eficacia depende precisamente de combinar hechos con asociaciones débiles, omisiones decisivas y conclusiones que exceden la evidencia.
Su principal operación es convertir la historia en destino. Una carta de 1958 se usa como clave para interpretar todo lo ocurrido después; los cambios de política desaparecen; la acción y el apoyo al terrorismo estadounidense contra Cuba queda fuera; las causas internas de los conflictos se subordinan a una influencia exterior; y la ausencia de control directo puede ser presentada como prueba de un control todavía más profundo.
Ese razonamiento tiene consecuencias políticas. Cuando “terrorismo de izquierda”, “frente”, “agente”, “influencia” y “subversión” carecen de límites verificables, las categorías pueden extenderse desde la violencia hacia el periodismo, la academia, la defensa legal, la solidaridad, la protesta y la crítica de la política exterior.
La sospecha por asociación se convierte entonces en instrumento administrativo.
La frase que presenta a Cuba como “capital mundial del terrorismo de izquierda radical” circuló el 4 de junio y fue, con 1.217 retuits registrados, el mensaje de Rubio más repetido entre los analizados
La publicación tampoco puede separarse de la ofensiva discursiva de Rubio. La acusación central circuló antes que el informe; el documento la sistematiza, la reviste de autoridad estatal y la devuelve al espacio público como si fuera el resultado neutral de una investigación.
Es una operación de violencia macartista: primero se instala el mensaje, después se produce el expediente que parece confirmarlo y luego, se criminaliza, en primer lugar, a ciudadanos estadounidenses.
La conclusión más preocupante no está en el pasado. Está en el uso presente de una historia selectiva para presentar como amenaza extranjera la oposición política, las luchas antirracistas, la solidaridad internacional y el descontento social dentro de Estados Unidos. El informe no solo interpreta la historia: prepara el terreno para vigilar, sancionar y criminalizar a quienes cuestionen la política de Washington.
El análisis original de Cubadebate con todos los enlaces de los documentos consultados se puede consultar en este link: http://www.cubadebate.cu/especiales/2026/07/20/informe-de-marco-rubio-contra-cuba-o-como-fabricar-la-amenaza-macartista/
https://www.diario-red.com/articulo/america-latina/informe-marco-rubio-cuba-como-fabricar-amenaza-macartista/20260721100000073264.html