Tony Blair y Paul Kagame
El efecto de la propaganda es siempre arrollador, en cualquier contexto, pero cuanto más dinero se invierte en ella, más eficaz resulta. Uno de los pilares fundamentales del extraordinario poder y la influencia desproporcionada del régimen ruandés —el FPR (Front Patriotique Rwandais) liderado por Paul Kagame— reside en su inversión millonaria y sostenida desde hace más de dos décadas en las empresas de relaciones públicas y lobbying más punteras del planeta.
Se ha fraguado así una percepción internacional del «milagro ruandés» rotundamente falsa, pero muy bien apuntalada por empresas y figuras de prestigio, como los Clinton o los Blair.
De hecho, sobre Tony Blair se afirma que no es un simple asesor del gobierno de Kagame —como figura oficialmente—, sino más bien su arquitecto.
Esa imagen impecablemente fabricada blanquea y legitima a una figura siniestra como Paul Kagame y su círculo más estrecho, dejando en la sombra los gravísimos crímenes pasados y presentes del régimen: la agresión continuada contra la vecina República Democrática del Congo, el exterminio de su pueblo originario, la ocupación de su territorio y el expolio de su inmensa riqueza mineral.
El gobierno de Kagame y la red de empresas y think tanks que trabajan para él proyectan esta brillante imagen prefabricada al mundo entero, pero muestran una preferencia especial por España y Francia, los dos países donde la justicia ha llegado más lejos al acusarles de crímenes de guerra y de lesa humanidad, además del asesinato —mediante atentados terroristas— de varios de sus ciudadanos.
Mucho dinero y no pocas ilegalidades les ha costado anular la causa judicial francesa y humillar a aquel gobierno, pero finalmente lo han conseguido.
En el caso de España, el coste —también en dinero e ilegalidades— sigue siendo enorme y aún no se ha cerrado del todo: la causa, aunque mutilada, permanece abierta. En lo que se refiere al lavado de imagen, sin embargo, su trabajo raya en la perfección.
El deporte, como el amor, es ciego
La presencia ruandesa en el deporte europeo no es un fenómeno cultural, natural ni popular: es un proyecto del FPR cuidadosamente diseñado, financiado y dirigido para hacerse visible en los deportes que despiertan pasión en los países del sur de Europa.
Entre otras estrategias, el régimen promociona la marca «Visit Rwanda» en las camisetas de algunos de los equipos de fútbol y baloncesto más queridos del continente; en los últimos años ha apostado además por el ciclismo y, paralelamente, por deportes elitistas como el golf o la Fórmula 1, hasta lograr hacerse visible y respetable.
Solo en España, uno de nuestros equipos de fútbol más queridos, el Atlético de Madrid, exhibe en sus equipaciones el reclamo «Visit Rwanda» en virtud de un acuerdo de patrocinio firmado en abril de 2025 y vigente, en principio, hasta 2028.
Es muy probable que el club desconozca que está promocionando a un régimen acusado de los peores crímenes de guerra y de lesa humanidad que existen; un régimen que, a plena luz del día y desde hace casi tres décadas, perpetra un genocidio en la República Democrática del Congo y que se considera hermano del sionismo, hasta el punto de autodefinirse como «el Israel de África».
¿Se atrevería hoy un solo equipo europeo a llevar en su camiseta la promoción del Estado sionista? Lo dudo mucho.
El verano pasado, el pueblo español tumbó la Vuelta Ciclista a España al impedir, en su última etapa madrileña del 14 de septiembre de 2025, que continuara la prueba mientras participara un equipo del Estado genocida de Israel —el Israel-Premier Tech—. Fue un gesto admirado en todo el mundo, donde la mayoría de la población se posiciona del lado de Palestina y contra el ente sionista.
Apenas una semana después de aquel hito de movilización popular por una causa justa, Ruanda acogió en Kigali, entre el 21 y el 28 de septiembre de 2025, los Campeonatos del Mundo de Ciclismo en Ruta —los primeros disputados en suelo africano—. España y los españoles enviaron a su selección a Kigali con entusiasmo y sin reparos.
Ese viaje no se vio empañado en ningún momento por el hecho —seguramente desconocido para casi todos— de que la Audiencia Nacional mantiene abierta una causa contra varios miembros del régimen de Kigali por el asesinato de nueve ciudadanos españoles.
¿Por qué la misma España que detuvo la Vuelta por la presencia del equipo sionista, la misma España que se moviliza masivamente contra el genocidio palestino, envió alegremente a su selección a competir a Kigali, capital de un régimen igualmente acusado de genocidio en la Audiencia Nacional, y que humilla a nuestro Estado a la mínima ocasión?
¿Por qué los españoles, tan concienciados contra el genocidio, no tumbamos también aquello?
La respuesta es que África es la gran olvidada de las noticias, la gran desconocida.
Pero ¿es esa invisibilidad algo natural o casual? No lo es. Está minuciosamente planificada y financiada por los grandes beneficiarios de un sistema que necesita ocultar su rostro más horrendo: el saqueo y el sufrimiento de los 1.500 millones de habitantes del continente, por no hablar de la muerte —cruel y silenciada— de muchos millones de personas inocentes.
Quienes estamos dispuestos a salir a la calle contra el genocidio palestino desconocemos que Ruanda está gobernada por un régimen genocida; desconocemos que en nuestro país se gestó la oportunidad jurídica que más lejos llegó para hacer justicia a millones de víctimas africanas; y desconocemos que el PP y el PSOE boicotearon esa oportunidad por obediencia a Estados Unidos.
Lo desconocemos porque se nos oculta sistemáticamente, tanto en los medios de comunicación como en buena parte de los espacios académicos.
Los medios de comunicación no están al servicio de los malos: son una pieza fundamental del entramado de los malos.
La asimetría de la atención mediática hacia uno y otro genocidio es, sencillamente, descomunal. Y demuestra que los medios marcan la agenda incluso de nuestras movilizaciones por la justicia.
¿Por qué no logramos saltar esa barrera y llegar más allá de lo que los grandes medios deciden mostrarnos a su conveniencia? Porque, sencillamente, no sabemos que tal barrera existe.
Fuente: https://www.resumenlatinoamericano.org/2026/05/07/africa-visit-rwanda-o-como-blanquear-un-genocidio/
