Independientemente del fiasco en el que está resultando la guerra en Irán, América Latina seguirá siendo una región prioritaria para la Administración Trump y Cuba es su más preciada presa por el momento, amenazando con una guerra que nadie quiere, excepto Marco "Narco" Rubio y sus amigos en el sur de la Florida.
Sin embargo, en el fondo, no es solo una cuestión de caprichos imperiales, sino una de la geopolítica de una potencia de vocación transatlántica y transpacífica.
Recordemos que la doctrina Monroe (la que reza "América para los Estados Unidos") es anterior a la del Destino Manifiesto (la que reza "Dios le dijo a Estados Unidos que debería ser el policía e interventor del mundo").
Recordemos también que la esencia del interés actual de Trump por nuestra región ya fue formulada con excepcional claridad por la jefa del Comando Sur de Biden, cuando hace más de 3 años, a la pregunta de por qué es importante América Latina para ellos, sin dudar, destacó el litio, el petróleo y los yacimientos minerales de Venezuela, la Amazonía y el 31 % del agua dulce del mundo.
El Corolario Trump no ha venido sino a explicitar aún más esta doctrina.
Ya no hacen falta los eufemismos como el de venir a intervenirnos "por nuestro propio bien", "para defendernos de extraños", tal y como lo hacía la doctrina Monroe original, sino que ahora lo hacen para apoderarse de nuestros recursos lisa y llanamente.
Hojas de parra retóricas como la de la "lucha contra el narcotráfico" o el combate a China y Rusia son solo eso, figuras del lenguaje en las que ya nadie cree.
El verdadero lenguaje de Trump hacia América Latina es, sencillamente: "No voy a aprender su maldito idioma".
Además, la Doctrina Monroe en su versión Trump define un área cercana al territorio continental de Estados Unidos que no considera perteneciente al "Sur Global" sino más bien como una especie de protectorado a administrar por sus propias fuerzas armadas.
Al resto del continente le ofrece la dudosa "oportunidad" de "ayudarle" a financiar el saqueo de sus respectivos países - algo que encubre con el nada original eufemismo de "seguridad nacional", o sea, lo mismo a lo que los gángsteres denominan "protección".
En todo este andamiaje el Caribe juega un papel central porque para los Estados Unidos es una especie de Mar Interior, o como dirían los romanos del Mediterráneo, un Mare Nostrum o "Mar Nuestro", que al mismo tiempo permite tanto el tránsito marítimo entre las costas este y oeste del imperio como el control de una de las principales arterias del comercio mundial: el istmo centroamericano.
Quien tenga alguna duda al respecto, que consulte las noticias sobre las actuales presiones de Estados Unidos sobre el Canal de Panamá con ayuda de regímenes clientes como los de Costa Rica, Bolivia, Guyana, Paraguay y Trinidad y Tobago, defendiendo "nuestra" "soberanía" de la "injerencia" china en la región.
Es de locos: Un atajo de gobiernos arrastrados clamando "soberanía" bajo el alero de Donald Trump, el mismo que orgulloso los insulta a placer en cada cita internacional donde hay micrófonos y cámaras apuntando.
La primera ronda de esta contraofensiva imperial en nuestra región se saldó con las derrotas electorales de la izquierda en Honduras (producto de la injerencia descarada de Estados Unidos) en Bolivia (esta última, en buena medida autoinflingida) y en San Vicente y las Granadinas, y luego continuó con el secuestro del presidente venezolano Nicolás Maduro y su compañera Cilia Flores que resultó en el chantaje y la sumisión petrolera y fiscal de Venezuela, convirtiéndola en lo que muchos no dudan en calificar de protectorado estadounidense en los hechos.
Una vez mediatizada políticamente la Revolución Bolivariana, los obvios blancos de la artillería trumpiana en el Caribe son Cuba y Nicaragua. Cuba aparece a simple vista como el objeto más expuesto y próximo a causa del bloqueo y en particular de la política de "máxima presión" de Trump.
Decía Marx que la historia se repite, primero como tragedia y luego como farsa.
En nuestra América, vivimos ya nuestra Tragedia Americana en el siglo XX, con sus intervenciones, sus dictaduras, sus operaciones Cóndor y sus guerras de baja intensidad, y en este siglo XXI, de la mano de Donald Trump, estamos viviendo ya nuestra farsa muy trágica. Ojalá fuera una de las de Dario Fo, pero no lo es.
Los vientos vienen de saqueo de la mano de nuestros Mileis, Noboas, Bukeles, Katz o como se les quiera llamar a los cipayos de turno.
No hay que hacer una distinción entre derechistas "malos" y derechistas "sensatos" en América Latina: en lo que respecta a las cosas esenciales, todos ellos actúan como una sola jauría dispuesta a vender nuestros países al precio que dicten los Estados Unidos.
Por el momento, la prioridad imperial está en el Caribe, y todos esos gobiernos espúreos ya han escogido bando tras las enaguas de Trump.
Afortunadamente, Cuba no está sola y ha contado con la solidaridad de importantes gobiernos progresistas de la región como México, Colombia y Brasil, así como de China y Rusia.
Toda esta solidaridad tiene como trasfondo un amplio movimiento popular mundial en apoyo a la Revolución Cubana basada en la autoridad y el respeto que con su accionar a lo largo de la historia se ha ganado la causa de Cuba, así como por la creciente conciencia acerca del peligro que representa la política trumpista para la región y el mundo.
Sin embargo, este apoyo todavía no es suficiente para encender la llama de una campaña global de desobediencia contra un bloqueo estadounidense condenado por la gran mayoría de los países.
Este primero de mayo el pueblo cubano dio una contundente muestra de unidad y de voluntad para resistir y vencer las presiones y las amenazas de un Donald Trump cada vez más preocupado por su fiasco en el Estrecho de Ormuz y por las nada halagüeñas cifras de apoyo dentro de Estados Unidos.
Presionado por la necesidad de dar golpes de mano propagandísticos y por su inefable representante de la mafia de Miami, el Secretario de Estado Marco "Narco" Rubio, Trump podría cometer la locura mayúscula de atacar militarmente a Cuba y encender un fuego que no va a poder apagar.
En medio de las serias limitaciones impuestas por la política de Trump, apenas suavizadas por la solidaridad de Rusia, China y México, la población cubana se ha movilizado en defensa de su sistema de Gobierno.
No son solo las multitudinarias manifestaciones que tuvieron lugar en la isla este primero de mayo, son los más de 6.2 millones, la aplastante mayoría de los mayores de edad de la isla, que refrendaron con su firma su voluntad de defender la Revolución en la campaña "Mi firma por la Patria", en un acto que aunque será minimizado por los órganos de propaganda de la mafia de Miami, será tomado muy en serio por los planificadores de la agresión militar contra Cuba.
¿Cómo evitar que mueran marines y cómo evitar que la aventura cubana se convierta para Estados Unidos en una historia larga, mucho más larga, que cualquier campaña electoral que la mente afiebrada de Trump pueda concebir?
Los seis millones largos de cubanos y cubanas que firmaron en defensa de su país lo hicieron en defensa de un gobierno que no ha cedido en nada fundamental, que no ha cambiado ninguna de sus leyes ni transado ninguno de sus principios frente a Trump. Cuba, Trump lo debería saber a estas alturas, no es Venezuela.
https://telegra.ph/Millones-defienden-a-Cuba-05-01
