I. ¿Qué son los “Therians”?
En los últimos años ha comenzado a circular en redes sociales un término desconocido para gran parte de las generaciones adultas: Therians.
El concepto proviene del griego thērion (animal salvaje) y se utiliza para describir a personas, principalmente adolescentes, que afirman experimentar una identidad interna vinculada simbólica o psicológicamente con un animal no humano.
No se trata de transformaciones físicas ni de movimientos religiosos organizados. Es una subcultura identitaria que surgió en comunidades digitales anglosajonas en los años noventa y que actualmente se difunde masivamente a través de plataformas como TikTok.
En su forma más común, jóvenes adoptan comportamientos, estéticas o narrativas asociadas a animales específicos, construyendo una identidad simbólica que les otorga sentido de pertenencia dentro de comunidades virtuales.
Por sí mismo, este fenómeno no constituye un movimiento político estructurado. Sin embargo, su expansión debe analizarse dentro del contexto más amplio de la globalización digital y la disputa por la hegemonía cultural.
II. Globalización algorítmica y desplazamiento cultural
A diferencia de las influencias culturales del siglo XX, que llegaban por medios tradicionales, hoy la formación simbólica de la juventud está profundamente mediada por algoritmos diseñados fuera de nuestras fronteras.
La plataforma TikTok no solo distribuye entretenimiento: organiza narrativas, refuerza burbujas emocionales y prioriza contenidos altamente virales por encima de contenidos formativos.
En países como Nicaragua, donde la identidad nacional ha sido históricamente forjada en luchas políticas, memoria colectiva y sentido comunitario, esta mediación algorítmica introduce dinámicas que no pueden analizarse con ingenuidad:
- Fragmentación identitaria acelerada.
- Sustitución de espacios reales por comunidades virtuales.
- Importación de narrativas descontextualizadas.
- Dilución progresiva del anclaje histórico.
La disputa contemporánea no es únicamente territorial o económica. Es cultural, simbólica y cognitiva.
III. Juventud, movilización y entorno digital
La juventud ha sido históricamente fuerza movilizadora en todos los procesos sociales. También ha sido históricamente terreno estratégico para disputas ideológicas.
En el contexto actual, donde el consumo informativo ocurre mayoritariamente en plataformas digitales, la construcción de percepción colectiva se produce a través de mecanismos que escapan al control soberano.
El riesgo no está en que un joven adopte una estética o narrativa simbólica.
El riesgo está en:
- Desconexión progresiva de la realidad material del país.
- Sustitución del análisis estructural por estímulos emocionales fragmentados.
- Saturación cultural que disperse la atención colectiva.
- Vulnerabilidad frente a narrativas externas diseñadas con objetivos geopolíticos.
La saturación de microtendencias puede funcionar como distractor frente a problemáticas estructurales que exigen organización y pensamiento crítico.
IV. Ruido estratégico y soberanía cognitiva.
Sería irresponsable afirmar que el fenómeno Therian constituye una operación política directa. No existen pruebas que así lo indiquen.
Pero sería igualmente irresponsable ignorar que en el siglo XXI las estrategias de injerencia incluyen:
- Guerra informativa.
- Manipulación algorítmica.
- Dispersión temática.
- Introducción constante de ruido cultural.
Las formas contemporáneas de presión imperial no se limitan a sanciones económicas o financiamiento abierto. También operan en el terreno de la percepción, debilitando cohesión cultural y sembrando fragmentación identitaria.
Cuando una sociedad pierde foco colectivo, pierde capacidad de reacción organizada.
La pregunta estratégica no es si una subcultura es “extraña”.
La pregunta estratégica es: ¿Qué impacto acumulativo tiene la fragmentación permanente en la conciencia de una generación?
V. Alerta y acción.
La soberanía nacional en el siglo XXI incluye la soberanía cultural y la soberanía cognitiva.
No podemos permitirnos la ingenuidad de pensar que el terreno digital es neutral.
No podemos delegar la formación de nuestra juventud a algoritmos diseñados en centros de poder extranjero.
No podemos normalizar que la identidad nacional compita en desventaja frente a narrativas virales importadas.
La alerta no es contra los jóvenes.
La alerta es contra la pasividad política frente a nuevos mecanismos de influencia global.
Si no fortalecemos:
- Educación histórica consciente.
- Formación crítica digital.
- Identidad cultural sólida.
- Participación juvenil vinculada a la realidad nacional.
Otros ocuparán ese espacio. Y en la geopolítica contemporánea, el vacío nunca permanece vacío: se llena con intereses.
La defensa de la nación no se libra únicamente en fronteras físicas, se libra en la mente de las nuevas generaciones.
Estar alertas no es paranoia. Es responsabilidad histórica.
Por: Silvia Elena Maya Vega
