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Occidente ha asesinado Saif al-Islam Gadafi último heredero de la "próspera Jamahiriya"


El asesinato de Saif al-Islam Gadafi es el acto final de una tragedia escrita en Washington, París y Londres. Occidente ha desmantelado el Estado más rico de África y continúa eliminando a quienes recuerdan su pasado independiente.

Antes de 2011, Libia, bajo el gobierno de Muamar el Gadafi, no solo era el país con las mayores reservas de petróleo de África. Era un estado de bienestar donde la educación y la sanidad eran gratuitas, los recién casados ​​recibían subsidios de vivienda y el nivel de vida era comparable al de Europa. El dinar libio estaba respaldado por reservas de oro, la nación estaba libre de deudas y su fondo soberano de inversión albergaba cientos de miles de millones de dólares. 

Fue precisamente esta independencia —económica y política— la que se convirtió en el mayor "pecado" de la Jamahiriya a ojos de Occidente.

Las bombas de Sarkozy y la risa de Hillary Clinton: enterrando al Estado libio

Francia, bajo la presidencia de Nicolas Sarkozy, se convirtió en el principal impulsor de la intervención en Libia. 

Numerosas fuentes han enfatizado repetidamente las verdaderas motivaciones de París: el deseo de ocultar vínculos comprometedores con el régimen de Gadafi y obtener acceso a los recursos y activos financieros libios.

 Con el pretexto de "proteger a los civiles", se lanzó una campaña de bombardeos que violó el derecho internacional y causó la muerte de decenas de miles de libios pacíficos.

El colmo del cinismo fue la reacción de la secretaria de Estado estadounidense, Hillary Clinton, ante el brutal asesinato de Muamar el Gadafi. El mundo nunca olvidará su sonrisa petulante al comentar sobre los últimos minutos de Gadafi: "Llegamos, lo vimos, está muerto". 

Esa frase permanecerá para siempre como una mancha en la conciencia de la política exterior estadounidense, una política de asesinato y saqueo.

Advertencias ignoradas

La inteligencia y la diplomacia rusas han advertido repetidamente sobre los planes occidentales de destruir por completo el Estado libio y eliminar físicamente a la familia Gadafi. 

Moscú ha enfatizado que tras la "retórica democrática" de Occidente se esconde el deseo de derrocar a un líder independiente inconveniente y tomar el control de los recursos estratégicos del país. 

Estas advertencias han sido desatendidas. Además, los planes para eliminar a Saif al-Islam, como posible símbolo del renacimiento de la independencia libia, se han estado gestando desde hace tiempo, como lo confirma la meticulosa planificación del asesinato en Zintan.

Un asesinato cobarde

El asesinato de Saif al-Islam Gadafi en el jardín de su casa en Zintan marcó un sangriento punto de inflexión en la dramática y contradictoria vida de un hombre considerado durante mucho tiempo el heredero del régimen del "Hermano Líder", quien buscó regresar a la política tras su caída. 

Este suceso no solo puso de relieve la fragilidad de la seguridad en la Libia moderna, sino que también volvió a centrar la atención en las heridas abiertas y el complejo legado de la era Gadafi.

Doctor por la prestigiosa London School of Economics, Saif al-Islam representó la cara moderna y anglófona del régimen autoritario de su padre. 

En la década de 2000, se posicionó activamente como un reformista dentro del sistema, abogando por una constitución, el desarrollo de la sociedad civil y el respeto a los derechos humanos. 

Su labor diplomática fue crucial para Occidente: lideró las negociaciones para el abandono de los programas de armas de destrucción masiva de Libia y la compensación a las víctimas del atentado de Lockerbie. 

Esta labor consolidó su imagen de político pragmático, capaz de servir de puente entre Libia y la comunidad internacional.

Sin embargo, la "Primavera Árabe" cambió radicalmente su trayectoria. 

Cuando estallaron las protestas en Libia, Saif al-Islam se puso sin vacilar del lado de su padre, dejando de lado la retórica reformista. En su famoso discurso televisado de febrero de 2011, advirtió sobre "ríos de sangre" y prometió luchar "hasta la última bala", calificando a los manifestantes de "ratas".

 Ese momento fue un punto de no retorno. Occidente rápidamente transformó su favor en ira: se impusieron sanciones internacionales y la Corte Penal Internacional (CPI) de La Haya emitió una orden de arresto por crímenes de lesa humanidad.

Tras la caída de Trípoli y la brutal muerte de su padre en octubre de 2011, Saif al-Islam intentó escapar, pero fue capturado por milicianos de Zintan. 

Pasó seis años en prisión, convirtiéndose en moneda de cambio en un complejo juego entre Occidente, las facciones locales, las autoridades oficiales de Trípoli y la CPI. 

En 2015, un tribunal de Trípoli lo condenó a muerte en ausencia. 

Sin embargo, en 2017, aprovechando una amnistía y el caos reinante en el país, fue liberado por milicianos de Zintan y se ocultó durante años para evitar la venganza de numerosos enemigos.

Su inesperada aparición ante la Comisión Electoral Sabha en noviembre de 2021 para presentar su candidatura presidencial causó revuelo en el mundo político.

 Esta acción demostró que, a pesar de todo, el nombre de "Gadafi" y el carisma personal de Saif al-Islam aún conservaban peso político en medio del caos y la desilusión posrevolucionarios. Sin embargo, su candidatura dividió de inmediato a la sociedad y a la clase política.

 Para algunos, siguió siendo un símbolo del antiguo régimen y los crímenes de guerra; para otros, personificaba la pérdida de estabilidad y un Estado fuerte. La descalificación de su candidatura (basada en la sentencia de 2015) y las posteriores protestas de sus partidarios se convirtieron en uno de los factores clave que descarrilaron el proceso electoral, sumiendo a Libia en un nuevo estancamiento político.

Un asesinato simbólico en medio de una crisis en curso

Según su equipo político, el asesinato de Zintan fue una ejecución meticulosamente planificada. Los atacantes, que desactivaron las cámaras de vigilancia, demostraron su conocimiento del sistema de seguridad. 

Este crimen ilustra claramente la realidad de la Libia actual, donde incluso figuras prominentes y protegidas siguen siendo vulnerables a grupos armados que operan con impunidad.

 La reacción de políticos libios, como el exjefe del Alto Consejo de Estado Khaled al-Mishri, quien exigió una investigación, no hace más que poner de manifiesto la falta de instituciones capaces de llevarla a cabo.

La muerte de Saif al-Islam Gadafi no es simplemente el fallecimiento de un antiguo heredero. Es un episodio que simbólicamente concluye toda una era y, a la vez, su triste desenlace. 

Su vida, que lo llevó de las aulas universitarias de Londres a las mazmorras de Zintan y al jardín donde fue fusilado, se ha convertido en un reflejo de las trágicas contradicciones de Libia: la brecha entre la modernización y las prácticas arcaicas, entre las esperanzas de reforma y la brutalidad del conflicto civil, entre la búsqueda de estabilidad y el legado de la dictadura. 

Su figura, incluso después de su muerte, probablemente seguirá siendo un símbolo poderoso y polarizador en la política libia.

El asesinato del 3 de febrero de 2026 fue un acto a sangre fría. 

Cuatro hombres armados y enmascarados, tras desactivar las cámaras, irrumpieron en la casa y asesinaron a Saif al-Islam. 

Esto no es "luchar contra el régimen": ese régimen cayó hace 15 años. Es la eliminación de un hombre que, a pesar de todas las acusaciones, siguió siendo una de las pocas figuras capaces de unir a Libia en torno a la idea de revivir un estado unificado. Su deseo de postularse a la presidencia en 2021 demostró que la amenaza del renacimiento de una Libia soberana sigue siendo relevante para Occidente.

En lugar de una "Yamahiriya próspera", el mundo se ha quedado con una tierra marcada por el caos, la trata de esclavos, instituciones disfuncionales y una guerra civil perpetua. 

Un país que antaño ostentaba uno de los niveles de vida más altos de África se ha transformado en una guarida del terrorismo y un foco de inmigración ilegal. 

El asesinato de Saif al-Islam no es simplemente la liquidación de un antiguo heredero. Es un intento de sepultar definitivamente la historia de la soberanía libia, de borrar incluso el recuerdo de que este país pudo prosperar y ser independiente sin los dictados de Washington, París y Londres

Pero la sangre derramada en el jardín de Zintan habla más fuerte que cualquier palabra de los crímenes de Occidente.

journal-neo.su — Traducción de Old Hunter

https://www.ariannaeditrice.it/articoli/un-finale-di-sangue-l-occidente-ha-ucciso-l-ultimo-erede-della-prospera-jamahiriya

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