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En el mundo abundan las personas superficiales y las encontramos generalmente en círculos reducidos porque menos mal el pragmatismo, por muchas razones, tiene ahora más afinidad con la realidad. Es decir, hemos aprendido a separar lo útil de lo que no sirve para nada.
Las personas superficiales son de esas que te barren solo por donde pasa de suegra y toda la cochinada que barre la escoba la tiran bajo la alfombra y de esta forma se engañan solas pretendiendo estafar a los demás creándose de sí misma una imagen que cuando se descubre hiede.
Este tipo de personas, las superficiales, son poco serias, en lo que dicen y en lo que hacen, y solo les interesa las apariencias porque son incapaces de comprender la esencia de las cosas o personas porque sólo ven el exterior, porque todo para ellos es maquillaje.
Los superficiales son insustanciales, triviales, caprichosos, inconstantes, irresponsables, inestables emocionalmente, dependientes, impacientes, inmaduros, tiene poca personalidad, carecen de coherencia, equilibrio emocional, criterios éticos, valores o principios sólidos.
El superficial no admite sus fallos y limitaciones. Cambia frecuentemente en su estado de ánimo. No le interesa ahondar en las causas, no ve los contenidos, no capta las emociones o los sentimientos. El superficial escapa siempre de la realidad hacia el mundo de la fantasía.
No sabe afrontar las dificultades ni controlar sus frustraciones y cuando logra tener una relación efectiva esta es frágil porque al final prioriza a sí misma y le cuesta compartir. Jamás cumple lo que promete y prima la apariencia física sobre cualquier otra cualidad.
Todo lo anterior solo describe al oposicionismo que tenemos en Nicaragua, que gente más ligera y más enemiga de sí misma porque si alguno de estos, sobre todo los suspirantes presidenciales tuvieran algo, aunque fuese algo de respeto por ellos mismos, después de lo hecho y lo actuado, lo mejor que les podría convenir es quedarse en casa, someterse a una cuarentena prolongada y dejarse de exhibir como lo anda haciendo Cristiana Chamorro y otros de los que ya hablaremos en la medida que vaya avanzando el proceso electoral porque la brutalidad es tóxica y no hay que dejarla correr mucho porque nos puede envenenar.
En nuestro país hay quienes tienen enredado el concepto de la misoginia, que es la aversión y odio hacia las mujeres y generalmente se expresa en discriminación, denigración o violencia contra las mujeres y en ese sentido creo que aquellos o aquellas que incurren en eso deben ser sometidos a las penas más altas contra ese delito, pero cuando una mujer se mete a política y su discurso político es amenazante, vestido de pie a cabeza de oportunismo, antecedido de conductas públicas y morales totalmente reprobables, a mí que no me vengan a decir que políticamente trate con guantes de seda a Cristiana Chamorro solo por su condición de mujer.
Cristiana Chamorro gravitó en la política desde que nació. Esa condición le debió merecer desde la universidad que representó la convivencia con su padre, al margen de cómo pensaba este, -eso es otra cosa- una formación que ya quisieran muchos haber tenido; después como directora, editora y socia del partido de papel de la carretera norte, La Prensa, S.A y para coronar la experiencia acumulada fue la esposa del hombre fuerte, del poderoso super ministro Antonio Lacayo Oyanguren, que era quien dictaba en el gobierno presidido por su madre Violeta Barrios, del que resultó ser la Primera Dama y así conocer y ser parte de las decisiones que nos afectaron a todos los nicaragüenses porque ahora ella misma confiesa que fue parte de aquel equipo con el que nos amenaza con volver, pero esta vez con la banda presidencial encima.
Cristiana Chamorro decidió, después de muchos años desempolvarse y salir del baúl en el que se metió, me imagino para enfrentar el impacto emocional y sentimental que le representó la trágicamente muerte de su esposo, Antonio Lacayo Oyanguren en un accidente aéreo al sur del país, pero la ahora suspirante presidencial, con credenciales reprobadas por su pasado, se manifiesta ante el oposicionismo que aspira a representar y hasta aglutinar, como la diosa descendida del cielo que tocó tierra diciendo a los otros soñadores del poder apártense que aquí vengo a salvar la patria con una sola misión sacar Daniel Ortega del poder y después sacar a Daniel Ortega del poder y después sacar a Daniel Ortega del poder, que es lo único capas de decir sin un guion frente porque si de leer se trata lo cancaneado la vuelve incomprensible, lo que me parece es un mal de familia.
Cristiana Chamorro, como parte del equipo de quienes tomaron decisiones en el gobierno de su madre, -ella misma lo confiesa- como le dijo el sobre dimensionado de Jorge Ramos, no es candidata de nada, pero se le ocurrió que lo es, porque inventó que el pueblo se lo ha pedido, que arrogancia por favor, y lo peor no es que tanga algún partido en el que se monte, sino que le dice al resto que se mata entre sí para suspirar también por el poder que le lleguen a pedir que ella sea.
Cristiana Chamorro decepciona grandemente, el linaje familiar del que hace gala y la experiencia dinásticamente política de su apellido, que es lo que quiere vender, indudablemente que cuando se topó con ella decidió cambiar el curso e irse por otro lado porque lo que muchos vemos es que ella es solo un producto mal comerciado por el diario La Prensa porque solo basta medio escucharla para determinar que ni como politiquera genera lástima.
Yo comprendo el papel de La Prensa, actúa en función de lo que históricamente ha sido; un partido de papel que a lo largo de su historia se la ha pasado promoviendo el poder para los dueños o los intereses del periódico que ya se ve con Cristiana en el poder chupando el presupuesto publicitario del estado, quitando y poniendo ministros y decidiendo la agenda nacional y de ahí que su actual línea editorial insista en evocar aquella circunstancia, por cierto muy particular e irrepetible de aquella UNO que llevó al poder a Doña Violeta, pero no para que gobernara su yerno no para que le pegaran la enorme puñalada a los 14 partidos que pusieron en 1990 a la Chamorrada en el poder y que hicieron las chanchadas que quisieron.
En el ocaso del gobierno de Doña Violeta Barrios, Antonio Lacayo Oyanguren, ya era un adicto del poder y entonces formó el partido PRONAL, Proyecto Nacional, donde los directivos eran todo su gabinete de gobierno y decidió lanzarse con el apoyo obviamente de su amada esposa y como todo apuntaba a que sería inhibido, por el tema de la consanguinidad y afinidad con su suegra, lo que efectivamente pasó, entonces Doña Cristiana Chamorro, por el “amor” a su esposo, llegó a decir públicamente que estaría dispuesta a divorciarse, a sacrificarse, si eso era un obstáculo para que su marido continuara al frente de un país que desde el 25 de abril de 1990 al 10 de enero de 1997 fue una fotografía que se mantuvo imperturbable de comienzo a fin, porque no pasó absolutamente nada más que un descontento social por aquella sed depredadora de un neoliberalismo que llegó a arrancar los harapos de un pueblo que venía de una guerra que nos impusieron las potencias y en las que nos involucramos todos.
Esta Cristiana Chamorro que es un disco rayado, esto pasa cuando no tienes capacidad para decir nada y por eso repite y repite que su propuesta es sacar a Daniel Ortega y después sacar a Daniel Ortega y después lo mismo, es clásica en pintarse como suspirante por el poder o por estar en él porque en las elecciones del 4 de noviembre 2001 cuando su marido Antonio Lacayo Oyanguren dijo que aceptaría la propuesta de ser canciller de un gobierno sandinista encabezado por ¡DANIEL OPRTEGA! y que esta decisión contaba con el apoyo de su suegra y de sus cuñados, ella Doña Cristiana Chamorro brincaba en un pie porque ya se miraba otra vez recorriendo el mundo al lado de su canciller y de ahí la fuerza con que algunos le llamen oportunista y otros más jocosos en vez de su nombre le digan Viviana.
Mientras todo eso sucedía y sus sueños de poder se frustraban Cristiana Chamorro se puso al frente de la ONG que lleva el mismo nombre de su madre, Fundación Violeta Barrios Chamorro, que fue realmente concebida, así lo declaró públicamente la ex presidenta, para ayudar a combatir la pobreza de los niños abandonados, a convertirse en un factor de lucha contra la miseria, seguramente como mea culpa del estado lamentable en que dejó al país tras su salida del gobierno.
Ese espíritu filantrópico nunca existió y lo que los estatutos de la fundación decían fue letra muerta desde su inicio, porque esa ONG se convirtió primero en el receptor de fondos para inyectar capitales al partido de papel, luego para premiar a los ilustradísimos Pulitzer del mismo partido de papel donde sus escribanos siguen actuando como voceros de sus patrones y finalmente para ser uno de los tentáculos de un pulpo monstruoso de muchos ramales a través del cual los Chamorro financiaron una industria de mentiras que convirtió en mercenarios a dueños de medios de comunicación y a periodistas que dicen ser opositores a una “dictadura” que les permite decir de todo, hasta lo indecible, y que creen que por recibir a manos llenas ese dinero maldito los hace opositores.
Me inspiró este editorial escuchar a Cristiana Chamorro decir que ahora es ella quien nos defiende de las graves presunciones que el Ministerio de Gobernación encontró y que trasladó a la Fiscalía para su debida investigación de lo que la Fundación Violeta Barrios Chamorro manejó desde el 2015 al 2019.
Literalmente sentí una pedrada cuando escuché esto.
Yo soy parte de la inmensa mayoría de los nicaragüenses que por los efectos terroristas desprendidos de la fundación Violeta Barrios, de la cual Cristiana Chamorro fue su presidenta, sufrimos y yo como nicaragüense no le he pedido a Cristiana Chamorro que me defienda de los delitos que le imputan a ella y sobre los cuales como cualquier mortal tiene que responder y eso va también para su primo o para lo que sea, Juancho Chamorro, que dicen es de los del montón y que por jactarse del apellido que carga, jura que no debe pagar impuestos, y peor ahora que por ser también suspirante presidencial, se le quiere ir arriba a la Alcaldía de Managua con 9 millones de córdobas por una venta de lotes en el Intermeso del Bosque donde solo los multimillonarios compran.
Las pruebas de lo que la Fundación Violeta Barrios Chamorro hizo han sido expuestas como hojas sueltas por todas las redes sociales con la más pulcra claridad con nombres y apellidos, medios de comunicación y espacios radiales, televisados y digitales favorecidos, firma de autorización, sellos, cantidades y beneficiarios.
¿Lo anterior es solo lo que conocemos por lo público y repúblico de lo ampliamente difundido, pero qué otras cosas están ocultas, qué otras cosas son secretas, que chanchadas más hay bajo la alfombra?
Me imagino la preocupación de una frágil Cristiana Chamorro que despierta a la realidad y realiza que, a pesar de su apellido, de la cuna de oro en la que nació, de su origen políticamente dinástico, que no es intocable, que no puede hacer lo que quiera, que es un ser como tan común como cualquiera que pueda ser alcanzado por la ley.
Cristiana Chamorro si no las debe no las teme, hay una investigación en curso, todavía ella no ha sido acusada, la presunción grave que existe sobre lavado de dinero está ahí, pero ella debe obligarse, si es efectivamente inocente, a demostrar que lo es, pero de esto, considerando los agravantes, no puede venir a decir que esto es político porque ella representa una amenaza para la continuidad del sandinismo.
Defenderse de esta manera es hundirse más de lo que está porque la verdad, la verdad, la mejor campaña que el Frente Sandinista le puede hacer a Daniel Ortega es dejar que el oposicionismo sigua haciendo las brutalidades que ya le conocemos.
Lo que sí es visible es la inmensa soledad que ahora ve a su alrededor la que aseguraba haber bajado de los cielos para ser candidata porque los nicaragüenses así se lo pedimos.
Hasta hoy hemos escuchado aparentes voces de solidaridad con Cristiana Chamorro de gentes que públicamente le ha tirado a matar, pero que hoy aparecen diciendo que pobrecita, que esto es un abuso contra ella y otras cosas más, pero saben de que se trata, de que hay otros desde otras ONG y fundaciones que también están pegados y que saben que tarde o temprano les llegará su turno para responder por las millonadas que recibieron del imperio para fraguar un golpe de estado que fue fallido y que deben entender que solo Dios los puede perdonar porque aquí ni el pueblo ni la ley lo hará.
Por: Moisés Absalón Pastora.