11/4/17

Venezuela ante la traición histórica uruguaya

Las noticias que nos llegan de Venezuela no son precisamente tranquilizadoras. 


La derecha está utilizando los mismos métodos que utilizó en Chile para caldear el ambiente político previo al golpe militar de 1973. 

Escasez de alimentos, paro de camioneros, desabastecimiento, disturbios, falsas denuncias de actuaciones dictatoriales; y finalmente el pinochetismo. 

Salvo esto último, la metodología parece calcada.



Pero sin embargo hay una diferencia, y no menor. Se trata de la actuación del ejército. Para entender esa diferencia hay que entrar en las entrañas de ambas instituciones militares; la chilena y la venezolana.

El ejército chileno (Ejército, marina y fuerza aérea) está integrado en cuanto a sus cuadros de oficiales, por miembros de la aristocracia, y generalmente hijos de ingleses y alemanes, que forman los estados mayores. 

El ejército chileno tiene una matriz prusiana, que implicaba un desprecio absoluto por la política. Esa es la razón por la cual ese ejército nunca golpeó a los gobiernos civiles surgidos de elecciones.

Pero esa “tradición democrática” se rompe cuando el gobierno de la Unidad Popular presidido por Salvador Allende es percibido como un peligro para la gran propiedad, y sobre todo por los planes socialistas del gobierno de Allende. Decía Salvador Allende, que él quería un socialismo con empanadas y vino, que es una combinación propia de la cocina criolla, es decir, que quería un socialismo a la chilena, lo que se llamó la vía chilena al socialismo, que cometió el fatal error de creer que las fuerzas armadas se iban a mantener fieles a su tradición falsamente democrática que acabamos de describir.

Las fuerzas armadas venezolanas en cambio, están integradas en su inmensa mayoría por individuos de origen humilde, incluso en sus estados mayores, y sus oficiales salidos de las academias militares provienen de las clases menos favorecidas, y esta diferencia sustancial es en realidad el reaseguro de la revolución bolivariana.

Pero hay algo que es el talón de Aquiles de toda la estructura bolivariana, y es que no existe experiencia histórica en el mundo donde no se haya aplicado la violencia. 

Los cambios sociales para que sean tales deben llevar como distintivo la expropiación violenta de las clases acomodadas por las clases desposeidas, y ello solo se puede llevar a efecto aplicando la violencia revolucionaria, y ello generará resistencias que habrá que reprimir por la fuerza. La permanencia en la OEA, de Venezuela es algo inexplicable. La OEA es, como la calificara el canciller cubano Raúl Roa, el Ministerio de Colonias de los EEUU, y permanecer en esa organización es un grave error del gobierno bolivariano.

Es curioso cómo algunas veces se da una constante histórica que parece que no puede romperse, y es como los sucesivos gobiernos uruguayos han sido siempre servidores lacayunos y genuflexos de los diversos imperios.

 El nacimiento de Uruguay como nación fue una maniobra del imperio inglés para evitar que Argentina controlara ambas orillas del Río de la Plata, que era la llave para penetrar por el Paraná a los ricos territorios bolivianos y paraguayos, y la creación de un estado tapón como Uruguay garantizaba que el imperio inglés utilizara a esa desgraciada nación para sus fines de conquista y agresión.

Esa circunstancia preanunciaba con varias décadas de anticipación las guerras de la Triple Alianza (Argentina, Brasil y Uruguay) contra Paraguay y su posterior saqueo y hundimiento en beneficio de Inglaterra, y mucho después la guerra del Chaco entre Paraguay y Bolivia donde los intereses petroleros de Inglaterra y Alemania despedazaron a ambos pueblos.

Cuando se produce la revolución cubana, la OEA, cumpliendo las órdenes del imperio USA, expulsa a Cuba en la famosa reunión de Punta del Este en Uruguay, gracias al voto que faltaba y que solícitamente le proporciona el canciller uruguayo Carlos Clulow. Otra vez el Uruguay.

Ahora la OEA intenta intervenir en Venezuela y genera una cantidad enorme de declaraciones todas ellas amenazantes contra la revolución bolivariana; y ¿quién preside la OEA esta vez? El antiguo canciller uruguayo Luis Almagro, que fuera miembro del gobierno del traidor venerado José (Pepe) Mugica.

Por si todo esto fuera poco, hay que tener muy presente que Tabaré Vasquez, actual presidente de Uruguay, pertenece a una linea política que finge ser revolucionaria y de origen Tupamaro, pero en realidad es un traidor que aplica políticas muy similares a las PSOE en España.

Uruguay parece tener una suerte de sino trágico, que solo se romperá cuando haya una revolución de verdad y se cumpla el sueño que encarnaron San Martín, Bolivar, Sucre, Manuel Ugarte, Fidel, Chaves, Raúl Sendic, fundador de Tupamaros. (Su hijo, del mismo nombre, ha traicionado a su padre y es el vicepresidente de Tabaré Vasquez) y tantos otros, “La patria grande”, que será desde el Río Bravo a Tierra del Fuego.

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