22 de abril de 2017

El mundo debe estar alerta contra el amenazante resurgir del fascismo en Japón

Tokio decidió recientemente incorporar el Mein Kampf (Mi Lucha), infame autobiografía de Adolf Hitler y el manifiesto nazi, a los libros de texto de los estudiantes.

Dada la naturaleza del libro, sobre el cual el mundo tiene consenso indiscutible desde hace mucho tiempo, la decisión ha molestado profundamente a los vecinos de Japón que sufrieron tremendamente por su militarismo durante la Segunda Guerra Mundial. También sirve como advertencia para estar vigilantes ante un amenazante resurgimiento del fascismo en el Asia Oriental.

La altamente polémica decisión se plasmó en una respuesta escrita a las preguntas planteadas por un legislador del opositor Partido Democrático y fue aprobada por el Gabinete.

Esta tolerancia hacia el nazismo no es, de ninguna manera, un caso aislado.

 El primer ministro japonés, Shinzo Abe, envió este mismo viernes una ofrenda al santuario Yasukuni que honra a 14 criminales de guerra condenados de su país.

Antes, también este mes, el Gobierno nipón dio luz verde al uso del polémico Decreto Imperial sobre Educación, arma ideológica de Japón en la preguerra que aboga por la lealtad al emperador japonés y que ha jugado un papel importante en la promoción del militarismo en el país.

El fascismo y el militarismo son las causas de base de la Segunda Guerra Mundial y deben ser erradicados completamente. 

No hay que tener tolerancia ni ambigüedad respecto a los asuntos históricos de importancia cardinal.

Sin embargo, grupos derechistas de Japón, tanto dentro del Gobierno como entre el público general, no muestran remordimiento alguno por los crímenes de guerra de su país. Incluso han reivindicado, de manera desvergonzada, que el militarismo japonés no tiene nada que ver con el fascismo.

El ascenso del revisionismo histórico y la negación de hechos históricos han ampliado las oportunidades de una vuelta peligrosa del fascismo en Japón, y los pacifistas tanto de este país como del mundo deben mantener toda la vigilancia ante esta tendencia peligrosa.

De hecho, el año pasado un número bastante elevado de informaciones de los medios de comunicación pusieron de manifiesto los vínculos entre los miembros del Gabinete de Abe y los partidarios japoneses del nazismo.

Según se informó en 2014, dos mujeres del Gabinete de Abe, la ministra de Asuntos Interiores, Sanae Takaichi, y la de Defensa, Tomomi Inada, aparecieron en una foto conjunta con Yamada Kazunari, líder del Partido Nacional Socialista de los Trabajadores Japoneses, partidario nazi.

Los grupos de extrema derecha también están atizando continuamente los sentimientos nacionalistas entre el público. 

Uno de los grupos conservadores una vez gritó consignas extremistas pidiendo, por ejemplo, que se enviase a los coreanos a las cámaras de gas, en una manifestación en 2013, y llevó artículos con símbolos nazis en una protesta de 2014.

Debido a la actual situación política en Japón, la Constitución pacífica del país se está convirtiendo en cada vez más ineficaz para retener el intento de Abe de romper las restricciones militares al país, o según las propias palabras del premier, hacer de Japón “un país normal”. 

El resultado es que conducirá a la nación a la senda peligrosa de militarismo.

Las agresiones de los militaristas japoneses provocaron inmensas catástrofes tanto en China como en todo el mundo, y finalmente han llevado a Japón a donde está hoy.

Tokio debería reflexionar profundamente sobre las lecciones históricas, educar a la generación más joven con valores humanos correctos y erradicar completamente el fascismo y el militarismo.

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